El Pentágono agota sus reservas de tungsteno tras seis semanas de bombardeos en Irán
El precio del mineral estratégico se dispara un 500% y deja al descubierto la absoluta dependencia de la industria armamentística estadounidense respecto a China, impidiendo reponer sus arsenales.
El despliegue ininterrumpido de municiones y misiles contra territorio iraní ha provocado una crisis de suministros sin precedentes en el complejo militar-industrial de Estados Unidos. Según informa la revista Foreign Policy, las reservas de tungsteno —un metal crítico por su densidad y resistencia térmica, esencial para fabricar proyectiles perforantes y cohetes— se están agotando a un ritmo que la industria no puede reponer. Pini Althaus, socio de la firma de inversión minera Cove Capital, advierte de que "simplemente no hay suficiente tungsteno en la cadena de suministro" y que "nadie sabe realmente cómo se compensará este déficit en el futuro cercano".
Esta escasez material ha provocado que el precio del tungsteno "se haya vuelto parabólico", en palabras textuales de Chris Berry, presidente de la consultora House Mountain Partners, con un incremento superior al 500% desde el inicio de la agresión de EEUU e Israel contra la República Islámica de Irán. La guerra ha dejado al descubierto la vulnerabilidad de la maquinaria de guerra de Washington, ya que Estados Unidos no extrae este mineral a escala comercial desde hace más de una década. Mientras tanto, China domina de forma absoluta la producción, importación y consumo a escala planetaria, lo que otorga a Pekín una capacidad de presión estratégica que, según Kyle Chan, experto del Instituto Brookings, "el mantenimiento de las acciones de EEUU en la guerra de Irán no hace sino reforzar".
Ante el riesgo de desabastecimiento en la cadena de suministro, el Departamento de Defensa de EEUU ha comenzado a transferir ingentes recursos públicos a empresas privadas para intentar forzar una producción nacional que, incluso si se lograra, tardaría años en materializarse. Entre estas medidas, el Pentágono ha otorgado 6,2 millones de dólares a la empresa Golden Metal Resources para un proyecto en Nevada. Sin embargo, analistas como Chris Berry subrayan que costará "años" establecer una cadena de suministro que no dependa de China, ya que no basta con abrir minas, sino que se requiere una capacidad de procesamiento y fabricación que Estados Unidos ha externalizado al país asiático durante décadas para reducir los costes empresariales; un revés de la deslocalización que los dirigentes de Washington no preveían.
La administración Trump ha respondido a esta crisis invirtiendo 12.000 millones de dólares en reservas de minerales críticos y comprando participaciones directas en compañías privadas, profundizando la fusión entre el Estado y los intereses de la industria minera. No obstante, estas políticas de urgencia no solucionan el problema inmediato de la "precaria situación" que denuncia Gracelin Baskaran, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS). Con las existencias actuales bajo mínimos debido a la intensidad del bombardeo en el Golfo, los expertos advierten de que la reposición de los arsenales podría demorarse entre tres y diez años, dejando la operatividad militar estadounidense supeditada a los tiempos de un mercado que ya no controla y debilitando las amenazas contra Irán.