La administración de Donald Trump ha puesto en marcha un plan para castigar a los países miembros de la OTAN que no han prestado apoyo militar o logístico a Estados Unidos durante la reciente ofensiva bélica contra la República Islámica de Irán. Según informan funcionarios del Gobierno estadounidense a The Wall Street Journal, la propuesta consiste en sacar las tropas desde los países considerados "poco colaboradores" hacia aquellas que sí han secundado la campaña militar de forma firme, clara y unívoca, como Polonia, Rumanía, Lituania y Grecia. Esta reestratificación de fuerzas, que se encuentra en sus primeras fases de diseño, busca penalizar la falta de subordinación formal a los intereses estratégicos de Washington con la retirada de inversiones militares y la presencia de efectivos.

Tras una reunión de dos horas en el Despacho Oval, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, intentó rebajar la tensión declarando a CNN que el mundo es “más seguro gracias al liderazgo del presidente Trump”, a pesar de reconocer que el mandatario está “claramente decepcionado” con la Alianza. Rutte justificó los reproches estadounidenses afirmando que entiende “perfectamente su decepción” porque “no todas las naciones europeas cumplieron con sus compromisos”. Sin embargo, Trump arremetió de nuevo a través de su red Truth Social, sentenciando que “la OTAN no estuvo ahí cuando la necesitábamos, y no estará ahí si la volvemos a necesitar”. En su mensaje, el presidente también recordó sus intenciones de anexionarse Groenlandia, calificando la isla como un “enorme y mal administrado pedazo de hielo”.

El plan de EEUU sobre la OTAN contempla el cierre de al menos una base militar estadounidense en Europa, señalando directamente al Estado español y Alemania como los objetivos principales candidatos. La Casa Blanca ha manifestado su hostilidad hacia el Estado español, el único de la Alianza que no ha declarado claramente que vaya a cumplir con el 5% de su PIB para gasto militar, aunque ya ha cumplido con el mandato del 2%. Además, Pedro Sánchez afirmó que "bloqueó" el uso de su espacio aéreo a los aviones de guerra estadounidenses implicados en la agresión contra Irán, aunque se haya demostrado falso y las bases de Rota y Morón hayan servido para abastecer las embarcaciones y los aviones de guerra estadounidenses.

Por su parte, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, declaró este miércoles que la OTAN "ha dado la espalda al pueblo estadounidense" durante las últimas seis semanas, recordándoles que son los contribuyentes de EEUU quienes "financian su defensa". La represalia del Ejecutivo de Trump responde a las dudas de varios gobiernos europeos a participar de forma activa en una guerra iniciada de manera unilateral y con pocos visos de éxito por parte de Washington. Italia también afirmó haber "restringido" temporalmente el uso de la base de Sicilia, y Francia afirma que "solo" permitió el aterrizaje de aeronaves que no estuvieran involucradas en los bombardeos sobre territorio iraní. Ante esto, el Pentágono busca recompensar a los países de Europa del Este; mientras Sánchez y Meloni hacen una cosa mientras dicen lo contrario, Rumanía aprobó abiertamente el uso de sus bases por parte de la Fuerza Aérea de EEUU, consolidando su papel como plataforma para la exportación de capital militar y la proyección de fuerza imperialista hacia la periferia.

Estados Unidos nunca consultó a sus "aliados" antes de lanzar la guerra, lo que generó el colapso de las coordinaciones diplomáticas y dejó incluso a ministros de Estonia e Italia atrapados en Dubái tras el cierre del espacio aéreo comercial. La medida de Trump, que agrava la crisis transatlántica, deja al desnudo el carácter de la estructura de la OTAN: no como un "pacto de defensa mutua", sino como brazo armado de los intereses de EEUU en Europa. Actualmente, Estados Unidos mantiene cerca de 84.000 efectivos en territorio europeo, una presencia que funciona como un motor de transferencia de recursos públicos hacia el complejo militar-industrial, como un mecanismo de control geopolítico y como plataforma de lanzamiento de operaciones militares estadounidenses desde suelo europeo.

Trump, que ha calificado la reticencia de los aliados como "una mancha en la OTAN que nunca desaparecerá", ya intentó en 2020 retirar 12.000 soldados de Alemania, una orden que fue revertida por la administración anterior. Este eventual movimiento de tropas no solo buscaría castigar a quienes no se quieren subordinar de forma absoluta o en sus términos, sino que también desplaza el eje militar hacia el flanco Este europeo, donde la OTAN mantiene otro frente abierto con Rusia.