El 16 de abril de 1886 nació en Hamburgo (Alemania) Ernst Johannes Fritz Thälmann, en el seno de una humilde familia obrera. Su temprana inserción laboral como estibador, cochero y marinero mercante lo condujeron al sindicalismo. Antes de convertirse en cuadro político del Partido Comunista de Alemania (KPD), como muchos otros, Thälmann formó parte del dinámico proletariado urbano que protagonizó las grandes luchas sociales contra Imperio alemán, episodios ampliamente documentados en los archivos obreros de Hamburgo y en sus propias memorias políticas, publicadas parcialmente en Ernst Thälmann. Erinnerungen (Dietz Verlag).

En 1903 ingresó en el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), entonces el principal referente político de la clase trabajadora alemana. Rompió con el partido tras el apoyo de la dirección socialdemócrata a los créditos de guerra en 1914. En ese sentido, la Primera Guerra Mundial marcó un antes y un después en la vida personal y militante de Thälmann: fue movilizado en 1915 y enviado al frente occidental como artillero. Su experiencia como soldado aparece mencionada en diferentes testimonios posteriores y en estudios biográficos como los de Mario Keßler. Durante la Gran Guerra, Thälmann formó parte del sector que rechazaba la guerra imperialista y, en 1918, desertó del ejército para regresar a Hamburgo, donde participó en la insurreción de marineros y obreros que encendió la chispa de la Revolución Alemana de noviembre, un capítulo decisivo en la Gran Ofensiva Revolucionaria que desencadenó la Revolución de Octubre en Rusia.

Durante los años de la Revolución alemana y la posterior guerra civil latente, Thälmann se mantuvo siempre fiel al ala revolucionaria del movimiento obrero y socialista. Vivió de primera mano la derrota de los consejos obreros, la represión sanguinaria ejercida por los Freikorps y el papel del gobierno socialdemócrata en la restauración violenta del orden capitalista. En 1920 ingresó en el KPD, el partido fundado por Rosa Luxemburgo y Karl Liebkeneckt, los dirigentes socialistas asesinados durante la Revolución. Tras la escisión del movimiento socialista precipitada por los mencionados acontecimientos, Thälmann se convirtió rápidamente en uno de los organizadores más destacados y con más proyección del KPD en el norte del país.

Pedagógico, paciente y cercano con las masas obreras pero firme en sus principios ideológicos, destacaba por su carisma y su capacidad de liderazgo en la organización del movimiento comunista y obrero alemán. Se ganó el respeto y la admiración de amplios sectores a través del KPD y sus sindicatos, gracias a sus capacidades agitativas y su valentía política frente al fascismo y la represión, que fue puesta a prueba tanto en la actividad parlamentaria como en la lucha callejera. Sus camaradas lo describían como un comunista ejemplar: mostró disciplina, constancia y lealtad a la Internacional Comunista, ejecutando líneas tácticas ingeniosas para desarrollar las directrices estratégicas, aportando decisivamente a la elaboración de la estrategia, siempre con un enfoque práctico y tenaz en la formación de cuadros y en la organización independiente de la clase trabajadora.

Escindir a la socialdemocracia

Thälmann asistió a varios congresos de la Komintern en Moscú y mantuvo contacto directo con Vladimir Ilich Ulianov, Lenin. El líder revolucionario ruso se refirió a Thälmann con gran admiración como "uno de los representantes del ala proletaria del comunismo alemán". Esta relación política con Lenin reforzó la orientación del KPD hacia la ruptura sin vuelta atrás con el reformismo socialdemócrata. Sin embargo, esto no estaba reñido con la inteligencia táctica que desarrollarían Thälmann y sus camaradas. Desde mediados de la década de 1920, defendieron activamente la necesidad de separar a la clase trabajadora organizada de la influencia del SPD y de otras fuerzas reformistas. Esta línea política, plasmada en resoluciones del KPD y de la Komintern, se tradujo en una intensa actividad de agitación y organización en fábricas, barrios obreros y sindicatos. En 1925 fue elegido presidente del KPD: bajo su dirección, el partido alcanzó millones de votos y decenas de miles de militantes, convirtiéndose en una fuerza de masas decisiva del movimiento obrero alemán, como reflejan los resultados electorales oficiales, las listas de afiliados y los informes policiales de la época.

Puño de hierro contra el fascismo

El ascenso del nazismo radicalizó el enfrentamiento en las calles. Durante estos años, el KPD impulsó organizaciones de autodefensa obrera que actuarían con puño de hierro contra la violencia de las tropas de asalto fascistas Sturmabteilung (SA). Thälmann estuvo implicado especialmente en el Roter Frontkämpferbund (Frente Rojo de Combate), una milicia de masas creada en 1924 que llegó a tener más de 100.000 combatientes, impulsada por el KPD e ilegalizada por las autoridades en 1929. El combate callejero, las manifestaciones y las huelgas formaron parte de una confrontación abierta en la que el movimiento obrero organizado trató de frenar el avance fascista mediante lucha ideológica y autodefensa.

Una de las anécdotas más documentadas que ilustra aquella época y la valentía de Thälmann ocurrió en la República de Weimar, durante la campaña electoral de 1932. La fuerza de los nazis crecía mientras sus hordas escuadristas sembraban el terror en las calles. En aquella ocasión, Thälmann se trasladó personalmente a Berlín-Neukölln, uno de los barrios más conflictivos, para participar en una manifestación del KPD frente a una concentración de las SA. Los informes de policía y los archivos del Bundesarchiv sobre enfrentamientos callejeros de esa época recogen que el mitin fue atacado por miembros de las camisas pardas hitlerianas, armados con palos y pistolas, mientras la policía, como de costumbre, miraba sin intervenir. Thälmann se negó a retirarse, se colocó justo frente a los militantes para protegerlos y continuó pronunciando su discurso, incluso mientras caían piedras y se producía la reyerta. Varios testigos de la época, recogidos en Ernst Thälmann. Reden und Schriften y en estudios de Mario Keßler sobre el KPD, destacaron que su presencia física impidió que la violencia escalara a una masacre inmediata de los comunistas, mostrando un enorme valor y un compromiso directo con la seguridad de sus camaradas y la defensa de la organización comunista.

Contra la segunda guerra imperialista alemana

En el terreno electoral y propagandístico, Thälmann insistió en denunciar el carácter belicista y contrarrevolucionario del nazismo. Durante la campaña de 1932, el lema Wer Hitler wählt, wählt den Krieg! fue difundido por el KPD en carteles y octavillas. Sus discursos de ese período alertaban del peligro que suponía la toma del poder por parte Adolf Hitler para toda la clase trabajadora y cualquier forma de organización obrera independiente.

Encarcelamiento y asesinato

Tras el nombramiento de Hitler como canciller el 30 de enero de 1933, la represión fue inmediata y se cebó primero con los comunistas. Thälmann, como cabeza visible, fue detenido por la Gestapo el 3 de marzo de 1933 en Berlín. Como preso político, pasó más de once años encarcelado sin juicio, pese a que en 1937 el Tribunal Popular nazi archivó formalmente su causa. En agosto de 1944 fue trasladado al campo de concentración de Buchenwald y ejecutado el 18 de agosto por orden directa de las autoridades del Reich. Su asesinato cerró una prolífica trayectoria militante comunista y obrera en Alemania, pero creó una leyenda que inspiraría a muchos a abrazar su causa. La unidad militar de voluntarios alemanes de las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil Española, el famoso Batallón Thälmann, llevaba su nombre.

Después del fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945, la memoria de Thälmann fue reivindicada oficalmente en la República Democrática Alemana (RDA) como héroe antifascista, mientras en la liberal República Federal Alemana occidental era sistemáticamente marginada y proscrita, al igual que su partido. Para honrar su memoria, la RDA produjo en 1954 una película biográfica sobre Thälmann, titulada Thälmann: hijo de la clase trabajadora. El final de la cinta reproduce una frase icónica del líder comunista alemán:

«Toda mi vida, todas mis fuerzas fueron entregadas a la mejor causa en todo el mundo: la lucha por la liberación de la humanidad».