El tráfico de buques comerciales a través del estrecho de Ormuz se ha reanudado este sábado tras un periodo de estrangulamiento que había disparado la incertidumbre en los mercados energéticos mundialed. Datos de la plataforma de análisis marítimo MarineTraffic y la agencia Reuters confirman el tránsito de un convoy de petroleros, cargueros de gas licuado y buques químicos que han comenzado a abandonar la zona del Golfo. Según las fuentes de monitoreo, la apertura de esta vía estratégica, por la que circula una quinta parte del crudo mundial, se produce en un clima de extrema fragilidad operativa y bajo la estricta vigilancia directa de la Organización Portuaria y Marítima de Irán, que ha establecido "rutas coordinadas" para la navegación.

A pesar de la reactivación del tránsito, el presidente del parlamento de Irán y jefe de la delegación negociadora, Mohammad Bagher Ghalibaf, advirtió que la apertura es condicionada. Ghalibaf calificó como "falsas" las recientes declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, sobre la ausencia de obstáculos para un acuerdo, y aseguró que el estrecho "no permanecerá abierto" si el Gobierno de Estados Unidos persiste en el bloqueo militar y económico de los puertos iraníes. Esta postura del legislativo iraní, recogida por medios como Bloomberg y Yahoo Noticias, subraya que la libre circulación de mercancías por Ormuz está supeditada al cese de la asfixia contra la infraestructura soberana de Irán.

El contexto diplomático de esta reapertura está marcado por un complejo tablero de presiones donde Pakistán ha emergido como mediador clave. El jefe del ejército paquistaní, el mariscal de campo Asim Munir, concluyó una visita de tres días a Teherán tras reunirse con el presidente Masoud Pezeshkian y otros altos mandos. Según el estamento marcial paquistaní, estos encuentros buscan un "acuerdo negociado" que frene la expansión del conflicto iniciado a finales de febrero por EEUU e Israel. Paralelamente, analistas como Rami Khouri, de la Universidad Americana de Beirut, señalan que esta fase representa un giro en la dinámica de poder regional, donde Irán y Hezbollah habrían obligado a Washington y Tel Aviv a aceptar un cese de hostilidades que no deseaban, alterando la hegemonía militar que las potencias occidentales han mantenido durante décadas en Oriente Medio.

Desde el Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi ha manifestado que la reapertura es un gesto "en línea con el alto el fuego en Líbano", pero advierte que la medida es temporal, vinculada al periodo restante de la tregua que expira el 21 de abril. Irán exige un "paquete integral" que incluya la devolución de activos congelados y el reconocimiento de sus capacidades misilísticas, rechazando lo que consideran un "ciclo vicioso de guerra y paz". Mientras los barcos avanzan, provocando una caída del 10% en el precio del petróleo Brent, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) ha detenido a más de 120 personas bajo acusaciones de espionaje, reafirmando su "total preparación" para retomar el enfrentamiento armado si las conversaciones en Islamabad fracasan.

Por su parte, la administración Trump mantiene una retórica de coacción y triunfalismo, donde califica la jornada como un "brillante día para el mundo". A bordo del Air Force One, Trump declaró que el bloqueo naval estadounidense sobre los puertos iraníes se mantendrá "en pleno vigor" y que, de no alcanzarse un acuerdo satisfactorio para sus intereses, el ejército volverá a "lanzar bombas". Esta estrategia de Washington, que combina la amenaza de destrucción con la necesidad de estabilizar los suministros energéticos, ha obligado al Departamento del Tesoro a prorrogar exenciones a las sanciones sobre el petróleo ruso para evitar un colapso de la oferta global mientras intenta doblegar la soberanía iraní a través la guerra económica y la presión militar.