156º aniversario del nacimiento de Lenin
Las famosas tesis del gran dirigente bolchevique sobre el imperialismo, la exportación de capitales y el dominio de los monopolios resuenan con fuerza en la actualidad.
Este 22 de abril se recuerda el aniversario del nacimiento de Vladimir Ilich Ulianov, Lenin, figura central en la organización de la clase trabajadora, arquitecto de la Gran Revolución Socialista de Octubre y dirigente del primer Estado proletario de la historia. Más allá de su papel institucional en la génesis de la Unión Soviética, la fecha sirve para rescatar la vigencia teórico-política de sus postulados sobre el desarrollo mundial del capitalismo. Su obra Imperialismo, fase superior del capitalismo se mantiene como una herramienta metodológica fundamental para comprender cómo el capital financiero y los grandes monopolios industriales han eliminado toda pretensión de "libre competencia", como se manifiesta actualmente en EEUU, drenando recursos de las periferias hacia los centros de poder imperialistas.
Según los datos que Lenin sistematizó y que hoy se ven reflejados en la concentración financiera mundial, el imperialismo no es una opción política de los gobiernos, sino una necesidad material del capital. Tomando la tesis de Hilferdinng, recordó que el capital industrial y el capital bancario, fusionados en el "capital financiero", se ven obligados a exportar capitales a regiones donde los salarios son más bajos y las materias primas más baratas. Esta dinámica genera un expolio donde el valor producido por los trabajadores de las naciones oprimidas es transferido sistemáticamente a las cajas de las potencias dominantes, lo que les ha permitido, entre otras cuestiones, formar un colchón de la aristocracia obrera y estabilizar sus respectivos sistemas políticos y sociales.
En el contexto actual de 2026, las tensiones geopolíticas y los conflictos armados confirman las reflexiones de de Lenin sobre el "reparto del mundo" entre las grandes potencias y las asociaciones de capitalistas, un análisis que ha sido históricamente reconocido como certero incluso por algunos pensadores no marxistas. Según sus tesis, la guerra imperialista no es un "error diplomático", sino la continuación de la competencia económica capitalista por otros medios cuando el tablero global ya ha sido totalmente repartido. Lenin enfatizó que, a diferencia del capitalismo decimonónico –centrado en la exportación de mercancías–, el imperialismo exporta capital a periferias con baja tasa salarial y materias primas baratas porque la exportación de capital se vuelve necesaria para la burguesía por la "madurez" de los mercados internos y la lucha por fuentes de materias primas.
Esto conduce a la competencia ente potencias imperialistas, al incremento del gasto militar y la destrucción de valor por las guerras. Desde el marxismo se ha comprendido que estos mecanismos bélicos señalados por Lenin actúan como contratendencia a la crisis de un sistema que padece sobreacumulación crónica y una caída tendencial de la tasa de ganancia, por lo que necesita destruir fuerzas productivas para reiniciar sus ciclos de acumulación.
Lenin también destacó la función del "ejército industrial de reserva" y la gestión demográfica de la superpoblación relativa en el mantenimiento de la tasa de explotación. En sus escritos, subrayó que el capitalismo no puede sobrevivir sin una masa de proletarios desempleados o subempleados que presionen los salarios a la baja. Esta realidad se manifiesta hoy en la pobreza absoluta de la clase trabajadora, en el desmantelamiento del salario indirecto vía servicios públicos, y la explotación intensiva de la fuerza de trabajo migrante, lo que el dirigente ruso identificó como la contradicción insalvable entre el carácter social de la producción y la apropiación privada de la riqueza.
Finalmente, la efeméride resalta la necesidad de la organización y la conciencia independiente del proletariado frente a lo que Lenin describió como el oportunismo, el economicismo y el marxismo legal en la socialdemocracia revisionista de Kautsky y Bernstein, denunciando que estas tendencias buscan suavizar los efectos del sistema y negar la necesidad histórica de la revolución socialista sin cuestionar sus fundamentos.
Muchos estudios sobre su obra coinciden en que el legado de Lenin reside en haber demostrado que el Estado no es un ente neutral, sino un aparato jurídico y represivo al servicio de los intereses de las clases dominantes. Su visión sobre la explotación del entorno natural y agrícola también aportó algunas nociones sobre la inviabilidad biológica de un modo de producción basado en la acumulación infinita, reafirmando la vigencia de su teoría y su acción revolucionaria, valorada de forma positiva o "muy positiva" por el 67% de los rusos en la actualidad.