La quinta jornada de la revuelta estudiantil francesa suma el apoyo de las escuelas de élite
La movilización del 13-O reúne entre 161.500 y 480.000 manifestantes, deja 214 institutos cerrados y extiende los bloqueos a CentraleSupélec, la ENS y Sciences Po; más de 6.800 personas han sido detenidas desde septiembre.
El movimiento estudiantil francés, que comenzó el 18 de septiembre en el instituto Saint-Exupéry de Créteil, en la periferia de París, tras una huelga de profesores contra la falta de medios, ha entrado en su quinta jornada estatal, denominada “acto V”, con una novedad significativa: el bloqueo de algunas de las instituciones más selectivas del país, las llamadas “grandes écoles” o escuelas de élite. El martes 13 de octubre, jornada de movilización a nivel estatal, estudiantes de CentraleSupélec, la Escuela Nacional de Estadística y Administración Económica (Ensae), el Institut Mines-Télécom y Telecom Paris bloquearon los accesos del campus de Saclay, en el departamento de Essonne, al sur de París. También se sumaron la Escuela Normal Superior (ENS) de la calle d’Ulm, Sciences Po, los Institutos Nacionales de Ciencias Aplicadas (INSA) de Lyon, Rennes, Strasbourg y Toulouse, Centrale Nantes y el Institut Agro Rennes-Angers, entre otros. Romain Poyet, coordinador del movimiento para las escuelas de ingenieros, lo resumía así: “Hace diez días que las grandes écoles empezaron a bloquear, pero desde el sábado explota en toda Francia. Queremos servir de catapulta al movimiento de los institutos”. La socióloga Annabelle Allouch, especialista en enseñanza superior, señala que “nunca se habían visto tantas grandes écoles en huelga, a veces incluso establecimientos que jamás habían conocido ningún movimiento social”.
Las cifras de la jornada del 13 de octubre indican una movilización que, sin alcanzar el pico del 6 de octubre, aún se mantiene en niveles altos. El Ministerio del Interior contabilizó 161.500 manifestantes en todo el Estado francés, 41.500 de ellos solo en París, mientras la intersindical juvenil elevó la cifra a 480.000. El Ministerio de Educación informó de 214 institutos de secundaria cerrados, frente a los 800 del día 6, y el Ministerio de Enseñanza Superior cifró en un 35% los establecimientos del sector perturbados, aunque la Union étudiante sostiene que el 90% de las universidades estaban “bloqueadas o cerradas”.
La huelga de profesores, por su parte, fue poco seguida, con alrededor de un 5% en secundaria según el ministerio. La activista climática Greta Thunberg se sumó a los manifestantes en el instituto Paul-Éluard de Saint-Denis, y abogados con toga negra acompañaron a los estudiantes en algunas concentraciones. Las organizaciones convocantes han llamado a una nueva jornada de convergencia el 17 de octubre, coincidiendo con las movilizaciones por el coste de la vida, y han pedido a los estudiantes que “tomen el relevo” durante las vacaciones de Todos los Santos, que comienzan ese mismo día.
Las reivindicaciones del movimiento se articulan en torno a diez medidas de urgencia y un plan de 10.000 millones de euros. Incluyen la supresión de Parcoursup y Mon Master (las plataformas estatales de acceso a la universidad y a los másteres), la creación de 250.000 plazas en la enseñanza superior, un plan de renovación del patrimonio escolar, contrataciones de docentes y personal de apoyo, la mejora de los horarios escolares, la revalorización de las becas en 200 euros mensuales y el fin de la represión. La plataforma común ha sido impulsada por la Unión Sindical de Estudiantes de Secundaria (USL) y la Union étudiante, con el apoyo de los principales sindicatos educativos.
El Gobierno del primer ministro Sébastien Lecornu desplegando más de 3.000 profesores sustitutos (de los que más de un tercio no estaban asignados al 14 de octubre), una plataforma de consulta llamada “Agora” y cinco líneas de trabajo que incluyen la transparencia de “Parcoursup” y la “democracia estudiantil”. Los convocantes rechazan estas medidas como “migajas” y mantienen la presión. En las escuelas de élite, las demandas añaden capas propias: estudiantes del INSA denuncian el coste de miles de euros impuesto a sus compañeros extranjeros, mientras otros cuestionan el patrocinio de firmas petroleras y armamentísticas.
Desde el inicio del movimiento se han registrado más de 6.800 detenciones, (con 6.500 desde principios de octubre), 36 “investigaciones” internas abiertas por la Inspección General de la Policía Nacional (IGPN) y un balance de más de 200 estudiantes y 147 miembros del personal educativo heridos. Entre los casos graves figuran un adolescente de 15 años que perdió una mano en Lens por una granada policial y otro de 14 años con fracturas mandibulares en Saint-Ouen-l’Aumône. La Liga de Derechos Humanos ha denunciado “una negación de las libertades fundamentales”, mientras el Gobierno niega la represión política y atribuye los incidentes a “violencias urbanas” y a una supuesta “instrumentalización por parte de La Francia Insumisa (LFI)” . En cambio, un sondeo de Ipsos-BVA de principios de octubre indica que el 54% de los franceses apoya el movimiento, con una adhesión especialmente alta a la reducción del número de alumnos por clase y la renovación de edificios.
La próxima cita, el 17 de octubre, medirá si la revuelta estudiantil logra converger con el descontento más amplio dentro de la clase trabajadora por el coste de la vida o si las vacaciones escolares marcan un paréntesis.