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Nuevas luchas, viejos enemigos

La oligarquía necesita acabar con cualquier opción de respuesta de las clases trabajadoras y, para ello, se articula para atacarlas en lo ideológico, en lo político y en lo estatal. Los ataques de las últimas semanas dan buena cuenta de ello.

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Desde que el día 23 de septiembre la policía de Sánchez desahució a Maricarmen, hemos vivido semanas intensas. Las movilizaciones han sido masivas. Hemos visto cómo las acampadas se han extendido por todo el Estado y cómo, con ellas, miles se han acercado a formar parte de este nuevo momento movilizatorio. Todo ello ha llevado a la huelga general y a la presentación de comités juveniles y de huelga en centenares de barrios, pueblos, universidades e institutos. Miles de personas han salido a las calles y, de ellas, muchas han comenzado a organizarse en sindicatos y organizaciones de clase. Las banderas rojas han llenado barrios y ciudades, para disgusto de unos y esperanza de otros. Jóvenes han gritado “socialismo o barbarie” en decenas de ciudades mientras se han seguido organizando con otros sindicatos y organizaciones para fortalecer este nuevo proceso de lucha.

Este escenario, el de nuestra clase organizada y plantando cara, lo conocemos bien. Pero, frente a él, tenemos otro no poco conocido: el de los diferentes tentáculos de la burguesía buscando atacar con ferocidad cualquier intento de organización independiente. Cada vez que el rojo vuelve a teñir las calles, aunque sea de manera todavía tímida, los enemigos reconocen el camino.

La oligarquía necesita acabar con cualquier opción de respuesta de las clases trabajadoras y, para ello, se articula para atacarlas en lo ideológico, en lo político y en lo estatal. Los ataques de las últimas semanas dan buena cuenta de ello. Mientras unos golpean en la calle, otros persiguen desde los tribunales y otros criminalizan desde las instituciones. No dejan ningún frente por cubrir.

Por un lado, hemos visto al nuevo movimiento fascista actuando de manera completamente sincrónica: mientras el fascismo callejero ataca a los acampados a hostias, Vito Quiles llamaba a movilizarse junto a Núcleo Nacional (eso sí, cuando se recuperó de la carrera que tuvo que echarse para salir por patas de Sol). A la par, los sindicatos policiales se lamentaban de no poder apalear a los acampados (lo que parecen haber pagado con los valientes estudiantes que les plantaron cara ayer en la UCM). Por otro lado, VOX, como gran plataforma electoral, ha denunciado a portavoces de CJS, Sindicato de Inquilinas y la acampada. Todo esto previo señalamiento de Ayuso a los acampados en la Asamblea de Madrid por “terrorismo”. Toda una orquesta perfectamente acompasada en la que la melodía que acaban tocando es clara: no dejar un resquicio a la organización de clase y atacarla en todos los frentes.

Junto a ellos, el Estado autoritario ha mostrado los inicios de lo que puede ser su peor cara. Las imágenes del desahucio de Maricarmen, como tantos otros, siguen haciendo que la rabia se nos haga un nudo en el pecho. También hemos temblado de indignación ante las imágenes de los estudiantes y profesores apaleados y detenidos ayer en Madrid, que se suman a las de los detenidos por defender la acampada. Mientras, conocemos audios de militares jactándose de torturar inmigrantes en Ceuta. Todo esto por ese Gobierno de Sánchez que nos ruega que le votemos para no dejar que «gane el fascismo», como si nada de esto fuera con su Gobierno, desentendiéndose de su incapacidad durante estos años anteriores, llegando a pedir explicaciones policiales ayer por las cargas, pareciendo que a Maricarmen la hubieran desahuciado los munipas de Ayuso y no su propia policía. Mientras premia a Margarita Robles con el número dos por Madrid, la ministra de defensa responsable de disparar el gasto en defensa y de  los militares orgullosos de torturar a críos en Ceuta o que gritaron ese “A por los rojos” con Vito Quiles.

Como vemos, nos quieren atacar por todos lados. Quieren debilitar a una clase que vuelve a organizarse y que aspira a restablecer su independencia. Frente a esto, evidentemente, no podemos confiar en el bochornoso espectáculo de los acostumbrados apuñalamientos entre Podemos, Sumar y compañía.

Los ataques que está recibiendo nuestra clase, aunque aún débiles, nos indican que debemos ser capaces de defender las posibilidades de una política independiente en todos los frentes. Defenderse de las agresiones fascistas, como hemos visto en Sol o en Sevilla; señalar cada intento de ofensiva judicial o de criminalización. No dejar sin responder un solo porrazo, una sola detención, actuando de manera unitaria ante cada uno de estos ataques. Porque es insuficiente con señalar solo las puñaladas que nos han lanzado; debemos señalar a la mano que tiene el cuchillo: al Estado autoritario y al fascismo.

Frente a ambos, es necesario construir un gran frente en defensa de los derechos políticos contra la reforma autoritaria del estado. Pero no solo eso. La mejor defensa a veces es un buen ataque. Debemos aprovechar cada coyuntura para reforzar nuestras organizaciones, extender las ideas comunistas y convertir cada movilización en un paso hacia la independencia política de nuestra clase. Cada paso debe aportar en el largo camino de edificar un partido y un programa revolucionario a escala europea. Frente a quienes quieren obligarnos a retroceder nuestra tarea no puede ser otra que ganar terreno. Este 11 de noviembre tenemos una oportunidad de hacer una huelga de clase independiente que no haga el juego a la pantomima de las burocracias sindicales y al gobierno de PSOE y Sumar. Aprovechémosla.