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“Vente a por el jamón que te tengo preparado”: el jefe “antidroga” de la Guardia Civil en Segovia, en prisión por narcotráfico

El subteniente Miguel Ángel Barbero usaba coches oficiales camuflados, entregaba muestras de cocaína y dio de alta a las empresas de la trama en las bases de datos del cuerpo.

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Foto: El jefe antidroga de la Guardia Civil en Segovia. A la derecha, una imagen del informe contra él, donde aparece vestido de paisano entregando droga a un comprador. Foto: LA 8 TV / SUCES
Foto: El jefe antidroga de la Guardia Civil en Segovia. A la derecha, una imagen del informe contra él, donde aparece vestido de paisano entregando droga a un comprador. Foto: LA 8 TV / SUCESOS

El mes pasado, el 30 de septiembre, el sargento primero Miguel Ángel Barbero, responsable del Equipo contra la Delincuencia Organizada y Antidroga (EDOA) de la Guardia Civil de Segovia (Castilla y León), fue detenido junto a otras tres personas en una operación relacionada con el tráfico de estupefacientes. El subteniente Barbero, era el máximo responsable de “la lucha contra la droga” en la provincia se encuentra en prisión desde finales de septiembre acusado precisamente de tráfico de drogas, cohecho, descubrimiento y revelación de secretos y pertenencia a grupo criminal, según el atestado de su propio cuerpo, la Guardia Civil, al que ha accedido el El Periódico Mediterráneo.

La detención se produjo más de nueve años después de otra, también por narcotráfico, en la que fue investigado por tráfico de drogas, pertenencia a banda criminal organizada, cohecho, revelación de secretos y omisión del deber de perseguir la delincuencia. Al parecer, no fue motivo suficiente para suspenderlo de sus funciones. En julio de 2018, el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 5 de Segovia acordó el sobreseimiento definitivo de aquellas actuaciones.

El informe del segundo caso, de más de 600 folios, recoge fotos y grabaciones que vuelven a situar al subteniente con todo lujo de detalle como intermediario entre un narcotraficante civil segoviano y un comprador, con el que negociaba precios y cantidades de cocaína. Los investigadores sostienen que Barbero “intervino de forma directa en distintas fases de las operaciones de compraventa de sustancias estupefacientes” y que “habría aprovechado tanto la utilización de vehículos oficiales camuflados como el propio desempeño de sus funciones profesionales para justificar los encuentros mantenidos con los investigados”. Junto a él fueron enviados a prisión tres presuntos narcos civiles de la provincia.

El atestado recoge imágenes grabadas el 29 de mayo de 2026 en las que se ve al jefe “antidroga” salir de casa del narco y reunirse en el camino situado en la carretera A-601, cerca de Carbonero el Mayor (Segovia), con el comprador de la droga. Según relatan sus compañeros del cuerpo, el subteniente entrega la “supuesta muestra de sustancia estupefaciente” al comprador: sale del coche, se sitúa junto al cliente y “saca las muestras de sustancia estupefaciente de uno de los bolsillos de la parte izquierda de su pantalón”. El informe concluye que el comprador “examina” las muestras de cocaína y luego “se introduce dentro de su pantalón en la zona de los genitales las muestras recibidas” del oficial de la Guardia Civil. Las grabaciones en los coches y domicilios de los implicados muestran además al subteniente ofreciendo una “muestra” a otro comprador mientras le advierte de que “están cayendo (otros traficantes) como chinches en Madrid”, lo que hace subir el precio de la cocaína.

“Me dices: oye, vente a por el jamón… Vente a por un jamón que te tengo preparado”

Las conversaciones revelan el uso de palabras clave para no nombrar la droga. Uno de los implicados tiene un negocio de venta de jamones, y el subteniente le instruye sobre cómo debe hablarle cuando le llame para adquirir cocaína: “Me dices: oye, vente a por el jamón… Vente a por un jamón que te tengo preparado”. El uso del jamón se repite cuando el guardia civil habla con el narco que le entrega la droga y para el que hace de intermediario: “Me debes… dos pelotas de jamón. ¿Me has oído?”, le recuerda el subteniente, que responde: “Sí, sí te lo debo”. El oficial antidroga concluye: “A ver cuándo te sale de la polla pagármelo”.

La investigación reveló también que Barbero dio de alta en las bases de datos de la Guardia Civil a las empresas y coches de los narcos y compradores como posibles objetivos investigados en una operación “antidroga” que él mismo dirigía. Si otra unidad del cuerpo iniciaba una investigación sobre ellos, el subteniente lo sabría al instante: tendría “conocimiento de las investigaciones externas que pudiera haber en curso sobre estas entidades y conocer así si estas personas forman parte de operaciones o investigaciones de otras unidades del Cuerpo o externas”, según los investigadores de Asuntos Internos del instituto armado.

Una de las obsesiones del subteniente era que los implicados pasaran desapercibidos y no “cantearan”, es decir, no llamaran la atención por su alto nivel de vida. Una grabación del sumario muestra su enfado cuando uno de los integrantes de la trama le anuncia que va a comprarse un Porsche Panamera valorado en casi 100.000 euros. “¿No puedes ir en un 600? ¿En un coche normal, en…? esto, te tienes que comprar un Panamera”, le reprocha el guardia civil. El narco responde: “A mí me gustan los coches, hostias, otros se lo gastan en una casa, yo en un coche”. El jefe antidroga insiste: “Es que tú te lo gastas en una casa, en un terreno, en una piscina, en un coche… y… Pasa un poco desapercibido, cabrón”. Poco después volvió a regañar al mismo comprador, David, también en prisión: “Te andas canteando. La gente no entiende… las zapatillas que llevabas el otro día valen una pasta, unas zapatillas de ochenta euros. Mira cómo voy yo”. El narco respondió: “Cague en Dios, si las lleva me cague en Dios aquí en este pueblo todo el mundo”, y el subteniente insistió: “Te estás canteando tío. No te cantees tanto. Hazme caso”. La investigación la iniciaron sus propios compañeros a partir del rastro de un narco que conseguía droga en Madrid para venderla en Segovia.

“Casos aislados”

La semana pasada se daba a conocer un caso similar de dos policías nacionales detenidos por narcotráfico en Asturies. Si se presentan todos estos casos de forma agregada, las cifras ponen en cuestión el relato oficial sobre “casos aislados”. El Ministerio del Interior tenía contabilizados al menos 106 policías detenidos o investigados por delitos relacionados con el narcotráfico entre 2021 y 2025, con un repunte en 2025 en el que se arrestó a 12 policías nacionales y 12 guardias civiles, igualando el máximo histórico de la serie y marcando una media de un agente procesado al mes en cada uno de los dos cuerpos. Por si esto fuera poco, al menos cuatro de las diez mayores incautaciones de cocaína de la historia del Estado español cuentan con agentes de la Policía Nacional y la Guardia Civil detenidos o implicados.

“Fabricación de informes falsos” y protección de chivatos y agentes corruptos “por sistema”

Los casos documentados dibujan un patrón muy claro que atraviesa cuerpos, rangos y territorios. En Valladolid, el jefe del grupo de Estupefacientes de la Policía Nacional, Luis Fernández, fingió destruir más de 50 kilos de cocaína incautados para después distribuirla entre su propio clan. En Balears, el jefe antidrogas Faustino Nogales boicoteaba sus propias operaciones desde dentro. En el Estrecho de Gibraltar, el teniente coronel David Oliva, exjefe antidroga de la zona, será juzgado por presuntos delitos de cohecho y revelación de secretos tras descubrirse que compartía fiestas y viajes con el clan de los Ariza mientras acumulaba propiedades de forma “inexplicable”. El inspector jefe Óscar Sánchez Gil, vinculado a la mayor trama de narcotráfico destapada en la historia del Estado español, se halla en prisión preventiva desde noviembre de 2025 acusado de pertenecer a una organización de narcotraficantes. Declaró ante la Audiencia Nacional que la UDYCO “fabrica informes falsos” de manera sistemática para ocultar a los jueces el verdadero origen de sus investigaciones y que garantiza impunidad a confidentes y agentes corruptos “por sistema”. Según un oficio de Asuntos Internos, Sánchez Gil habría ayudado a introducir en el Estado español al menos 37 contenedores marítimos con 58.499 kilos de cocaína, valorados en más de 2.000 millones de euros.

Como se puede apreciar en el caso de Barbero, la actualidad vuelve a demostrar una y otra vez que la implicación de agentes en las tramas de narcotráfico no es un fenómeno marginal ni un conjunto de “casos aislados”, como los califica el Ministerio del Interior. Afecta de forma estructual a las unidades especializadas en la “persecución” del narcotráfico, a los mandos intermedios y a los altos rangos, y se extiende por todo el territorio del Estado. La posición estratégica de los agentes detenidos, algunos de ellos reincidentes que se mantienen en el cuerpo, les permite acceder a información reservada, facilitar el tránsito de droga o desviar las investigaciones, formando auténticas mafias narcopoliciales, sobre cuyo alcance real solo cabe especular.