La Unión Europea (UE) está considerando un aumento significativo en el gasto militar, impulsado por las presiones de la OTAN y las tensiones geopolíticas con Rusia. Según un informe del Instituto de Kiel y la London School of Economics, “la UE necesitaría invertir 300.000 millones de euros adicionales al año en defensa”, lo que podría aumentar el PIB regional entre un 0,9% y un 1,5%. Sin embargo, Ethan Ilzetzki, coautor del estudio, advierte que este escenario es “ideal” y que factores como “la financiación mediante impuestos” o un “endeudamiento inadecuado” podrían reducir o incluso revertir este impacto.
Uno de los principales problemas es que el 80% del gasto en defensa de la UE se destina a proveedores externos, principalmente de Estados Unidos, lo que limita su impacto en la economía europea. Según S&P Global, la industria militar europea “está fragmentada y solo emplea al 0,3% de la fuerza laboral”, lo que dificulta que el gasto militar genere un impulso significativo en el PIB. Además, solo 19 de las 100 mayores empresas armamentísticas del mundo son europeas, frente a 45 estadounidenses, lo que representa otra muestra de la falta de competitividad en el sector.
La Comisión Europea está explorando opciones como la emisión de deuda conjunta y la suspensión temporal de las reglas fiscales para financiar este gasto, que podría alcanzar los 500.000 millones de euros en la próxima década. Sin embargo, países como Alemania y Países Bajos se oponen a la deuda comunitaria, mientras que el Estado español y Bélgica la apoyan. Desde el World Economic Forum y MunichRe se advierte que “el gasto militar no reduce claramente el desempleo y podría desviar recursos de otros sectores clave”, como el medio ambiente, lo que tendría un impacto negativo en el crecimiento económico a largo plazo.