La Comisión Europea ultima su propuesta para conceder a Ucrania un préstamo de 140.000 millones de euros financiado con los beneficios de los 210.000 millones en activos rusos confiscados en la UE, pese a las reservas de Bélgica, país que alberga la mayor parte de estos fondos. La portavoz jefe del Ejecutivo comunitario, Paula Pinho, confirmó que la presidenta Ursula Von der Leyen presentará la iniciativa en "los próximos días", según recoge la agencia EFE. El plan busca que Kiev reciba financiación para 2026 y 2027 bajo la premisa de que "Rusia asumiría eventualmente el coste como reparación de guerra".

El primer ministro belga, Bart de Wever, advirtió en una carta a Von der Leyen, recogida por el Financial Times, que "avanzar apresuradamente con el plan de préstamos de reparaciones propuesto tendría, como daño colateral, que nosotros, como Unión Europea, estemos impidiendo efectivamente alcanzar un eventual acuerdo de paz". En resumidas cuentas, Bélgica teme las represalias legales de Moscú, puesto que se trata de una medida de cuestionable legalidad, y exige "garantías de que toda la UE asumirá los costes de posibles litigios", en un contexto donde la firma Euroclear, la depositaria de los activos, ya alertó por carta que el plan sería percibido como una confiscación y generaría un aumento de las primas de riesgo en los bonos soberanos europeos. El Kremlin ya advirtió en septiembre que tomaría medidas de represalia contra todo aquel Estado europeo que robe sus activos congelados por la guerra de Ucrania.

A pesar de todo, la Comisión insiste en que su "esquema temporal no tocaría los derechos de Rusia sobre sus activos soberanos" y "finalizaría una vez Moscú pagase compensaciones", pero el canciller alemán Friedrich Merz reconoció la necesidad de "persuadir" a Bélgica. "Conozco sus reservas, las puedo entender. Tiene buenos argumentos. Pero creo que nosotros también tenemos buenos argumentos para ejercer la máxima presión sobre Rusia", declaró Merz, minimizando las amenazas de represalia rusa como un "ritual recurrente".

El conflicto financiero vinculado a la guerra de Ucrania expone las tensiones internas del bloque comunitario entre quienes priorizan la presión económica a Rusia y quienes alertan de las consecuencias geopolíticas y financieras. La medida coincide además con conversaciones sobre el plan estadounidense, que propondría destinar 100.000 millones de dólares de estos mismos activos a "reconstruir Ucrania", lo que según el análisis de EFE daría ventajas económicas a EE.UU. difíciles de aceptar para Europa, en un pulso que amenaza con elevar el coste de financiación para todos los Estados miembros.