El 3 de enero los halcones yankis daban por inaugurada la agenda de saqueo imperialista para el 2026 con el criminal secuestro del presidente Maduro y su esposa, en una agresión militar a Venezuela preparada desde hacía meses, antecedida por asesinatos extrajudiciales en el caribe, secuestro de petroleros y todo tipo de acciones ilegales y terroristas por parte de la administración Trump. La agresión militar del 3 de enero se saldaba con casi un centenar de muertos por los ataques del ejército estadounidense. Tras un breve bombardeo de posiciones estratégicas, los helicópteros yankis sobrevolaron Caracas con escasa oposición, se adentraron aparentemente hasta Fuerte Tiuna, el cuartel estratégico de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, y secuestraron al presidente de la república venezolana con sospechosa facilidad.

El objetivo del criminal ataque de guerra ha sido ya expuesto a la vista de todos en medios y redes por los propios perpetradores, incluida reunión televisada de los magnates occidentales del saqueo colonial de hidrocarburos para repartirse el botín. El tan manido mantra de la democracia occidental, otrora ariete ideológico para los actos criminales y el terrorismo imperialista en todo el globo terráqueo, ha dado paso ya a la más burda verdad violenta televisada. El objetivo es el saqueo, y ante unas poblaciones occidentales ideológicamente embrutecidas no hay ya necesidad de disfrazarlo. Ante todo, las numerosas reservas de petróleo venezolanas, así como los cuantiosos recursos minerales, debían estar bajo control estadounidense. En segundo lugar, el estado bolivariano debía aceptar que la actual correlación de fuerzas tanto interna como externa le obliga al retorno al vasallaje con el imperialismo occidental. Está por ver si el aparato político estatal bolivariano va a transigir o no con esta orden de subordinación en los próximos meses, si cortará el grifo de suministro de hidrocarburos a Cuba y si se postrará permitiendo de nuevo el saqueo impune de su petróleo por parte de las empresas occidentales. Desde luego, la lamentable intervención del ejército bolivariano ante la agresión militar imperialista deja muchas dudas sobre el apoyo de las fuerzas armadas bolivarianas a una posible negativa del aparato chavista a todo lo que venga desde Washington.

En todo caso, e independientemente de las derivas estatales, los comunistas debemos estar en primera línea de denuncia y combate a toda agresión imperialista, y así lo ha hecho el Movimiento Socialista convocando concentraciones de protesta desde el mismo día del ataque. Sea cual sea la deriva de los acontecimientos, los comunistas seguiremos en el bando correcto, contra los halcones y su política imperialista criminal, en defensa del pueblo trabajador venezolano.

Ahora bien, esto no implica una aceptación del chavismo como proyecto afín al comunismo. Y desde una posición revolucionaria, la crítica es obligatoria para avanzar posiciones. De tal manera que, pasados ya unos días de la agresión, es importante profundizar en el análisis de los elementos que han llevado al desenlace actual. Esta situación ha puesto en evidencia las débiles costuras del soberanismo reformista en Venezuela y en toda Latinoamérica, del cual el chavismo es sólo la expresión venezolana con características propias. Veamos pues el caso de Venezuela y como el chavismo ha llegado al borde del knock out.

El primer problema ha consistido en el diseño del estado bolivariano como un proyecto de estado bonapartista basado en el rentismo. Dicho de otra manera: la pretensión de organizar un sistema de distribución social de rentas extraídas de la explotación del recurso petrolífero en un mercado totalmente controlado por las grandes potencias, con precios dependientes de la coyuntura. La nueva geometría del poder, los procesos de participación populares, las misiones, el reparto de viviendas, los economatos, el nuevo sistema sanitario, y un largo etcétera de proyectos de gran progreso político y social se han edificado sobre la base de las rentas petrolíferas completamente dependientes de los mercados internacionales y su formación de precios, y lo que es peor, de la infraestructura extractiva de las empresas extranjeras sobre el terreno. El chavismo ha edificado económicamente su proyecto político sobre la base del estado rentista dependiente, abandonando desde el principio la edificación de una economía socialista planificada que blindase en el mayor grado posible al proceso de bloqueos impuestos hacia los mercados externos, y sirviese de ejemplo a todos los países del ALBA para que una nueva plataforma de economía socialista se expandiese por toda Latinoamérica.

El chavismo ha confundido nacionalización con socialismo, y no ha querido ver que el mercado del petróleo marca las reglas, por mucho que expulses a las empresas extranjeras de tu territorio. Bastó un cambio en los mercados internacionales para fulminar toda una década de progresos y poner al estado bolivariano en un proceso de desintegración que no ha parado hasta hoy. De hecho, para cuando los yankis han venido a retomar el control del saqueo, el petróleo venezolano ya estaba siendo saqueado a precios irrisorios, de forma directa, suministrado a China durante la última década con grandes descuentos para apenas sostener en pie un estado en bancarrota con una población fuertemente empobrecida. El petróleo, que debería de estar al servicio del pueblo venezolano y de su desarrollo, estaba siendo comprado a precio de saldo por la República Popular China, produciendo las rentas justas para mantener al aparato de estado y la lealtad militar al proceso. Todo lo cual dicho sea de paso es buena muestra del internacionalismo proletario que podemos esperar de China, donde aprovechándose de la debilidad del Chavismo expoliaban sus recursos con grandes descuentos a costa de la depauperación absoluta del proletariado venezolano. El trumpismo viene ahora a sustituir al saqueador oriental, probablemente todavía con mayor cota de expolio y utilizando como arma, en lugar de la deuda, la aplastante superioridad militar.

En segundo lugar, el chavismo ha cometido el grave error de depositar en el ejército regular la soberanía del proceso, relegando a las milicias populares a un segundo plano. Depositar la garantía de la soberanía estatal y del proceso político en las fuerzas armadas como elemento separado de la clase trabajadora al más puro estilo de la democracia burguesa, y aún más en un estado totalmente dependiente de la renta petrolífera, viene a ser lo mismo que jugar a la ruleta rusa. Allí donde gran parte de los mandos militares están al servicio de un negocio, o más bien están al servicio del estado en la medida en que participan de una fuente de rentas, no estarán al servicio de unas ideas ni de un proyecto político, y se venderán en el futuro al mejor postor. Y así llegamos en parte a la situación actual, donde en Venezuela ni está claro el papel que ha jugado el ejército el 3 de enero con su pasividad ante el secuestro del presidente por una potencia extranjera, ni está claro qué va a hacer el ejército los próximos meses. En este contexto más valdría promover la cultura de la duda en las milicias armadas y los colectivos de base, verdadero pilar fundamental del chavismo y uno de sus principales puntos positivos, y no el absurdo slogan de que dudar es traición promovido por la dirección del PSUV, ya que no fiarse de la burocracia militar es la mayor garantía para que el gran tejido militante armado venezolano vigile y presione a sus propias fuerzas armadas en una situación de tanta incertidumbre.

Hay un tercer elemento que es indispensable para la ecuación que ha llevado a la Venezuela chavista al borde de sucumbir ante los halcones. Junto con la dependencia rentista y el papel central del ejército regular burgués como bastión defensivo relegando a segundo plano a la milicia popular, el soberanismo reformista hegemónico en toda Latinoamérica se ha convertido muy a su pesar en la base actualizadora del dominio imperialista de la región, ya que ha educado a pueblos y dirigentes en el nacionalismo, en priorizar la política estatal-gubernamental frente a la política de clase, que es donde encaja realmente el auténtico antiimperialismo. De tal manera que en lugar de una unidad política real del continente donde el sujeto político se construya desde la clase, se ha profundizado en la división estatal-nacional impuesta por los imperios con un ambiguo sujeto político basado en la patria. En lugar de un estado revolucionario de clase a escala latinoamericana, plurinacional y multiétnico, donde el proyecto cogiese la envergadura suficiente como para hablar de tú a tú a las grandes potencias imperialistas y especialmente a los halcones yankis, lo que tenemos ahora en todo el continente es un conjunto de gobiernos burocráticos, aislados entre sí, con débiles lazos económicos siempre dependientes del comercio con grandes potencias, con un muy volátil arraigo social, y con escasa unidad militante a escala continental. La base económica de la mayoría de países sigue siendo la misma, así como su posición en las cadenas internacionales de valor y división del trabajo internacional. Incapaces de una alternativa económica real al capitalismo, las burocracias de gobierno progresistas no pueden proponer alternativa real a la perpetuación del saqueo imperialista de los recursos, y se han visto abocadas a la disyuntiva entre vender a la baja sus recursos y poblaciones al imperialismo oriental o hacerlo ante los halcones yankis.

Pero, ante todo, desde el patriotismo promovido por la izquierda cada estado solo se tiene a sí mismo cuando es agredido. No hay más que ver la reacción de todos los estados de izquierda en Latinoamérica y el caribe ante el secuestro de Maduro, en lugar de cerrar filas a nivel diplomático y de unificar una respuesta militar con Venezuela ante los yankis, se están limitando a poner cada uno sus barbas a remojar.  Divididas entre ellas, dividido tras años de propaganda patriota el espíritu de unidad internacional y antimperialista de sus sociedades nacionales, y con débiles lazos de gobernanza con el gigantesco proletariado, son incapaces de actuar conjuntamente como bloque antimperialista. No sería de extrañar que ante tal situación de debilidad política, militar y social de la izquierda soberanista latinoamericana el trumpismo fascista continuase con la campaña militar para restituir su dominio en otras tantas partes del continente con intervenciones militares, tratos en la sombra y golpes de estado encubiertos.

En el diseño político del chavismo como parte del soberanismo izquierdista de finales del siglo XX hay una serie de inconsistencias que de alguna manera abocaban al proyecto al colapso económico, social y político, de entre las cuales he intentado aquí sintetizar las más evidentes. Actualmente el apoyo comunista incondicional al pueblo trabajador venezolano es ante todo apoyo al derecho a la resistencia contra el imperialismo, y es el propio aparato chavista el que tiene que resolver ahora si el estado bolivariano va a resistir o va a claudicar. De ello dependerá la posición de los comunistas con respecto al estado bolivariano y al devenir de los acontecimientos. Si deciden hacer frente, los apoyaremos sin fisuras desde la distancia ideológica mientras dure la amenaza de guerra. Si deciden claudicar, lo denunciaremos.

Para terminar, es el propio tejido militante comprometido del proletariado venezolano, son los colectivos de base, son quienes arriesgan sus vidas en la militancia del día a día y quienes trabajan incansablemente por sacar adelante una Venezuela y una Latinoamérica más libres, y por extensión, es el proletariado venezolano quien debe repensar el proyecto revolucionario, fuera de toda injerencia imperialista y sin claudicación ante el fascismo derechista escuálido. Pero el proyecto debe ser repensado: el reformismo nacionalista ha fracasado a la vista de todos y si no hay un gran cambio estratégico que aglutine en un nuevo proyecto político revolucionario a todo el proletariado venezolano y al tejido militante del país, Venezuela está condenada a ser presa de los mercados internacionales y de las oligarquías imperialistas.

En cualquier caso, ahora toca resistir y cerrar filas entre colectivos y corrientes ante la amenaza de guerra de los halcones y la amenaza interna del fascismo escuálido. En eso tendréis a los comunistas de todos los países con vosotros, y también sin dudarlo un instante al Movimiento Socialista. Nos tendréis a vuestro lado, movilizándonos donde tenemos presencia, apoyando vuestras decisiones y vuestro derecho a la resistencia.