Más de 1.000 agentes serán desplegados este sábado 17 de enero en el barrio de Connewitz, en Leipzig (Alemania), ante el anunciado enfrentamiento entre dos visiones políticas inconciliables dentro del espectro de la llamada "izquierda radical". Por un lado, una coalición de grupos pro-palestinos que se agrupan bajo el término Migrantifa y, por otro, colectivos y espacios políticos que, desde posiciones de izquierda, sostienen una postura abiertamente sionista y pro-israelí. La Oficina para la Protección de la Constitución (Verfassungsschutz) del estado de Sajonia, dedicada a la persecución de movimientos sociales, ha reconocido que esta ruptura profunda se agudizó tras el 7 de octubre de 2023.

La manifestación convocada por la Migrantifa y sus grupos aliados —entre los que se encuentran el Palästina Aktionsbündnis y Anarchists for Palestine— tiene como objetivo declarado el barrio de Connewitz, al que califican de "zona de exclusión racista". Su destino simbólico es el despacho de la diputada de Die Linke Juliane Nagel, identificada con el sionismo.

La fractura no es solo callejera, sino que llega hasta el corazón institucional de la izquierda. Mientras Nagel es señalada por los sectores antisionistas de Migrantifa, su compañero de partido en el parlamento regional, el diputado Nam Duy Nguyen, de ascendencia vietnamita, habría facilitado que el Palästina Aktionsbündnis Leipzig utilice su oficina parlamentaria para reuniones. Nguyen, entrevistado por BILD, intentó distanciarse señalando que "no apoya esta convocatoria", pero el hecho revela la profundidad de la división interna.

Anteriormente, esta fractura ideológica se hizo patente en el seno de las juventudes de Die Linke, donde la mayoría de la formación Linksjugend rompió con la línea oficial del partido, señalándola como cómplice del genocidio.

De cara a la cita del próximo sábado, la policía encara dificultades logísticas para contener el enfrentamiento: tres manifestaciones con rutas solapadas, la posible infiltración de grupos fascistas —señalada por la propia diputada Nagel— y la celebración simultánea de un partido de alto riesgo entre el RB Leipzig y el Bayern de Múnich a pocos kilómetros. El presidente de la policía de Leipzig, René Demmler, confirmó que se desplegará un operativo de gran escala.

Este enfrentamiento evidencia la profunda crisis ideológica y política de la izquierda alemana, que es incapaz de articular una posición común ante un genocidio de gran carga histórica. La consecuencia inmediata es que el Estado, a través de su aparato represivo, intervendrá masivamente, presumiblemente con mayor ferocidad contra el sector propalestino.