La composición del Congreso de los Diputados en la XV Legislatura confirma la consolidación de una Cámara dominada por los políticos profesionales. Según los últimos datos oficiales de declaraciones de actividad recabados por RTVE en 2023, el 66,9% de los diputados —232 de los 347 que presentaron información— se dedicaron en los cinco años previos exclusivamente a actividades políticas o vinculadas a cargos públicos.

De ese grupo, 225 diputados reconocen no haber tenido ninguna otra actividad profesional que les generase ingresos fuera del ámbito político, lo que implica que su único medio de vida ha sido la política institucional o su pertenencia a estructuras públicas y partidos. Con este criterio, al menos el 65% del Congreso puede considerarse como político profesional a tiempo completo.

Frente a esta abrumadora mayoría, solo el 5,2% de los diputados (18 en total) declaraba haber trabajado exclusivamente en el sector privado en los cinco anteriores a acceder al escaño. La presencia de perfiles ajenos a la carrera política es, por tanto, residual, y se encuentraba bastante concentrada: once en el PP, cuatro en Sumar y uno en PSOE, Vox y ERC, respectivamente.

La profesionalización no se limita al Congreso. Entre los diputados con trayectoria pública previa, 89 habían ocupado cargos en parlamentos o gobiernos autonómicos, 79 habían sido concejales o alcaldes, y 31 habían desempeñado funciones políticas a nivel provincial, comarcal o insular, lo que demuestra una circulación constante entre distintas instituciones, sin salida del circuito político.

Expertos en transparencia llevan años advertiendo de las consecuencias de este modelo. Miguel Ángel Blanes, doctor en Derecho y especialista en acceso a la información pública, señalaba que una Cámara formada mayoritariamente por personas cuyo sustento depende exclusivamente de la política institucional reduce la independencia real de los representantes, al no contar con una actividad profesional alternativa a la que regresar fuera de los partidos o de la administración, lo que a menudo abre las puertas giratorias.

Este predominio de políticos profesionales refuerza la percepción de una clase política cerrada sobre sí misma, con escasa conexión con la experiencia laboral mayoritaria de la población y con incentivos crecientes a la disciplina partidaria frente a la rendición de cuentas ante la sociedad. En un contexto de creciente desafección política, los datos vuelven a revelar el carácter y la representatividad real de las instituciones parlamentarias.