Un trabajador de la construcción al que solo le faltaba un mes para jubilarse "falleció" este miércoles en el municipio oscense de Ballobar (Aragón) tras quedar atrapado en una máquina telescópica, según han confirmado fuentes del Gobierno de Aragón y los sindicatos CCOO y UGT, que han convocado una concentración este viernes en repulsa por el siniestro. El albañil sufrió el siniestro alrededor de las 15.00 horas en una explotación ganadera de la localidad del Bajo Cinca, donde la empresa para la que trabajaba realizaba labores de albañilería en régimen de subcontratación. El hombre fue evacuado al Hospital Arnau de Vilanova de Lleida (Catalunya), donde falleció poco después a causa de las graves heridas.

Las organizaciones sindicales han denunciado la falta de medidas preventivas y han exigido un mayor control en materia de seguridad laboral para evitar nuevas tragedias. En un comunicado conjunto, han llamado a la población y a los trabajadores a participar en el acto de "protesta y memoria" que tendrá lugar este viernes para reclamar entornos laborales seguros. Se trata de la primera víctima por muerte laboral de 2026 en la comunidad, un dato que evidencia la siniestralidad laboral sigue cobrándose víctimas obreras mientras las empresas priorizan los plazos y los beneficios sobre la integridad de sus asalariados.

El trabajador, cuya identidad no ha trascendido, pertenecía a una empresa subcontratada para ejecutar labores de albañilería en la explotación ganadera. La subcontratación en cadena, práctica habitual en el sector de la construcción y la agricultura, diluye las responsabilidades y dificulta el control efectivo de las condiciones de seguridad. Las investigaciones tendrán que determinar "si existían protocolos adecuados y si se cumplieron", aunque el resultado es el mismo: otro trabajador a las puertas de la jubilación nunca llegará a cobrar su pensión ni a disfrutar de su descanso tras una vida entera trabajando.

La sangrienta tradición del movimiento obrero recuerda que las muertes en el trabajo no son "accidentes" casuales, sino homicidios causales perpetrados por empresas que anteponen su sed de beneficios en la producción a la propia vida de los obreros. Mientras las patronales presionan para abaratar costes y "flexibilizar" condiciones, los trabajadores siguen muriendo de camino al trabajo, por estrés inducido por la carga laboral, en peligrosas labores que no cumplen medidas de seguridad mínimas, en explotaciones donde la maquinaria mata y amputa a diario, por golpes de calor en verano, de frío o por temporales en invierno, intoxicados por manipular químicos, cayendo de andamios sin protección... Las concentraciones sindicales y los comunicados de condena, aunque necesarios para socializar la dimensión de todo este drama laboral, no devuelven la vida a todas aquellas personas anónimas de la clase trabajadora que son devoradas bajo la rueda del trabajo asalariado. Estas personas son a menudo despedidas bajo un manto de silencio cómplice, desnaturalizadas y no reconocidas en su condición de víctimas, en soledad, acompañadas de un reducido grupo de seres queridos o condenadas al absoluto olvido. Mientras la fuerza de trabajo y la vida misma sigan siendo moneda de cambio en el mercado laboral, esta seguirá siendo una de las mayores y verdaderas fuentes de inseguridad diaria de la clase obrera en todo el mundo.