El Gobierno austriaco ultima la conversión de la casa donde nació Adolf Hitler en 1889 en una comisaría de policía. El proyecto, lógicamente, que ha reavivado el debate en la localidad de Braunau am Inn, cercana a la frontera con Alemania. El edificio está ubicado en el centro de la ciudad y permanecía abandonado desde hace años. En 2016 el Estado aprobó una ley para expropiarlo a sus propietarios privados con el objetivo de "neutralizar" el inmueble y "evitar que se convirtiera en un lugar de peregrinación para grupos neonazis". Sin embargo, según recoge Naiz, al Ministerio del Interior le ha parecido una idea mucho mejor convertirlo en sede de las fuerzas del orden, que comenzará a funcionar durante el segundo trimestre de este año, después de una inversión de 20 millones de euros que también ha generado críticas por su elevado coste.

La medida forma parte de una presunta estrategia institucional para "desvincular la ciudad del legado nazi". El año pasado, el Ayuntamiento de Braunau am Inn cambió el nombre de dos calles que aún seguían rendiendo homenaje a figuras del Tercer Reich, a pesar de las demandas históricas de los colectivos memorialistas. En la fachada de la casa, una placa recuerda desde hace décadas: "Por la paz, la libertad y la democracia. Nunca más fascismo. Millones de muertos nos advierten". Sin embargo, algunos vecinos recuerdan que la reconversión en comisaría no es la solución más adecuada. "Es un arma de doble filo", afirma Sibylle Treiblmaier, una auxiliar administrativa de 53 años que pasa a menudo frente al inmueble. En declaraciones recogidas por la prensa local, Treiblmaier sostiene que "podría darse un uso mejor".

Las voces críticas también provienen desde las organizaciones de víctimas del Holocausto. Ludwig Laher, miembro del Comité de Mauthausen, que representa a los supervivientes de los campos de concentración nazis en Austria, considera que "una comisaría es problemática porque la policía, en todos los sistemas políticos, debe proteger lo que el Estado quiere". Laher subraya así la contradicción de que un símbolo del orden estatal ocupe el espacio donde nació el principal responsable del exterminio nazi, en un contexto donde la extrema derecha sigue teniendo presencia en el país.

Las obras están a punto de finalizar, mientras algunos sectores mantienen el interés por relativizar el significado de esta medida. Mientras el Gobierno confía en que la comisaría "borre cualquier vestigio de veneración", los críticos advierten de que el elevado gasto público y la función policial del nuevo edificio no resuelven el fondo de la cuestión.