BNG y PSdeG lamentan la pintura contra el busto de Fraga en Vilalba
Ana Pontón asegura que "no nos representa" y Patricia Iglesias muestra su "absoluta condena" por el marcaje de GKS al monumento del que fuera ministro del Interior durante la matanza del 3 de marzo de Gasteiz.
La acción con pintura contra el busto del exministro franquista Manuel Fraga en el Ayuntamiento de Vilalba (Lugo), reivindicado por la organización juvenil del Movimiento Socialista de Euskal Herria, Gazte Koordinadora Sozialista (GKS), ha generado revuelo en Galiza. La portavoz nacional del BNG, Ana Pontón, y la diputada del PSdeG, Patricia Iglesias, coincidieron este lunes en rechazar la acción, según ha publicado Galiciapress. El marcaje, realizado durante el fin de semana, ha sido reivindicado a pocos días del 3 de marzo, fecha señalada que conmemora los sucesos de Gasteiz (Araba) de 1976, cuando la policía franquista asesinó a tiros a cinco trabajadores en una asamblea laboral durante una jornada de huelga en la capital alavesa.
Iglesias mostró en una rueda de prensa del Parlamento galego "la absoluta condena por parte de los socialistas a todo acto vandálico que se produzca", refiriéndose a la pintura. Pontón, en un acto celebrado en Santiago con motivo del Día de Rosalía, afirmó que el BNG "está en las antípodas de lo que representa Fraga", pero ha asegurado que "no se ven representados en esa forma de actuar, ni tampoco en esa manera de hacer política". "A nosotros eso no nos representa", insistió la líder del BNG, que contrapuso las acciones reivindicativas y directas con la acción institucional de su formación: "Nosotros, si reclamamos la retirada del busto de Fraga de algún lugar lo hacemos de forma democrática, como acabamos de hacer, por ejemplo, en el Senado". El busto del exministro franquista lleva años en su localidad natal.
Carrera de Manuel Fraga: desde el centro de formación ideológica del régimen a aplastar el "Soviet de Vitoria"
Durante el franquismo, Fraga asumió el cargo del centro de formación ideológica del régimen y después, se convirtió en Ministro de Información y Turismo. Posteriormente, se marchó a Reino Unido como embajador. Ante la previsible muerte de Franco, intentó mantenerse en puestos de poder y obtuvo la Vicepresidencia del Gobierno y el Ministerio de la Gobernación. Siempre leal a la obra de Franco, dijo que el dictador fue "uno de los políticos más notables del siglo XX". Afirmaba que la homosexualidad era “una anomalía” y que la legalización del Partido Comunista era un “verdadero golpe de estado”. Se negaba a condenar las dictaduras chilena y argentina. Justificó la tortura y el asesinato del militante comunista Julián Grimau, diciendo que las fracturas de huesos “se las produjo él mismo”. Mandó falsificar el diario de Enrique Ruano, militante antifranquista de 21 años asesinado por la policía política de Franco, para que su muerte pareciera un suicidio. En su libro de memorias, titulado En busca del tiempo servido, llegó a denominar el 3 de marzo de 1976 en Gasteiz, como el "soviet de Vitoria", con el que "había que acabar". Finalmente, se ofreció la oportunidad de presentarse a participar en la Constitución española y en las elecciones, así lo hizo y así se mantuvo en el poder.