Una mina de coltán controlada por mercenarios del M23 sepulta a más de 200 mineros congoleños
Al menos 70 niños figuran entre las víctimas del deslizamiento en Rubaya, mientras los mineros denuncian que las cifras reales han sido ocultadas.
Al menos 200 personas, entre ellas unos 70 niños, perdieron la vida el miércoles en un deslizamiento de tierra en la mina de coltán de Rubaya, en la provincia nororiental de Kivu del Norte, según informó el Ministerio de Minas de la República Democrática del Congo a la agencia Reuters. Según detalla Al Jazeera, los heridos fueron evacuados a centros médicos de Goma, la capital provincial. El yacimiento, que produce aproximadamente el 15% del coltán mundial —mineral esencial para la fabricación de teléfonos móviles, ordenadores y componentes aeroespaciales—, se encuentra bajo el control del grupo armado M23, respaldado por Ruanda, desde 2024. Los "accidentes" mortales se repiten en una zona donde la minería carece de cualquier medida de seguridad para quienes extraen el mineral, como se pudo comprobar a principios de febrero en otro mortífero desprendimiento que segó la vida de al menos 400 mineros
Ibrahim Taluseke, un minero del lugar, declaró a Associated Press que él mismo había ayudado a recuperar más de 200 cuerpos del área. "Tenemos miedo, pero son vidas que están en peligro", afirmó Taluseke, denunciando además que "los propietarios de los pozos no aceptan que se revele el número exacto de muertos". Efectivamente, Fanny Kaj, un responsable del M23, negó la cifra proporcionada por el gobierno y aseguró que "no hubo deslizamiento", sino "bombardeos" que habrían causado "solo cinco muertos". Un alto cargo de la Alianza del Río Congo (AFC), la coalición que integra al M23, declaró a Reuters que "se había desaconsejado continuar las operaciones" en la zona a la espera de medidas de protección, y atribuyó el incidente a "las lluvias".
A finales de enero, otro deslizamiento tras las lluvias causó más de 200 víctimas mortales, y en aquella ocasión las autoridades congoleñas responsabilizaron a los grupos armados por permitir la minería sin condiciones de seguridad. Por tanto, la repetición de estos siniestros masivos evidencia que los mineros, incluidos cientos de niños, trabajan en condiciones extremas para extraer un mineral estratégico del que dependen las cadenas de producción tecnológica internacional, sin que quienes controlan los yacimientos ni las empresas que los comercializan asuman responsabilidad alguna por las vidas obreras.
La mina de Rubaya ha sido incluida recientemente en una lista de activos mineros que el gobierno de la RDC ofrece a Estados Unidos dentro de un "acuerdo de cooperación mineral". Mientras las potencias imperialistas negocian el acceso a los recursos, los cuerpos de los mineros siguen apilándose, sepultados bajo la tierra que ellos mismos excavan. Las declaraciones del M23 tratando de desviar la atención con versiones falsas chocan con el testimonio directo de quienes cavan los agujeros con sus propias manos, con las mismas manos que recuperan los cadáveres de sus compañeros, sabiendo que mañana ellos mismos pueden ocupar su lugar. Mientras tanto, los mercenarios y las autoridades callan ante el papel de las empresas que se benefician de un coltán extraído en unas condiciones que no difieren mucho de las del Congo belga colonial.