Un día como hoy en 1979, mientras el dictador granadino Eric Gairy se encontraba fuera del país, un grupo de jóvenes revolucionarios del Movimiento New Jewel (NJM) tomaba el cuartel de True Blue y derrocaba sin apenas derramamiento de sangre un régimen corrupto títere de EE.UU. que durante años había reprimido al pueblo con la banda paramilitar "Mongoose Gang". Al frente de aquella insurrección estaba Maurice Bishop, un abogado de 35 años formado en Londres que había regresado a la isla para defender la causa del proletariado. "Esta revolución es para el trabajo, para la comida, para una vivienda digna y servicios de salud, y para un futuro brillante para nuestros hijos y nietos", prometió Bishop nada más tomar el poder.

En apenas 55 meses, el gobierno revolucionario transformó radicalmente las condiciones de vida de los 100.000 granadinos que vivían en el diminuto país de 344 kilómetros cuadrados. El People's Revolutionary Government (PRG) impulsó una reforma agraria que entregó tierras a los campesinos, estableció la sanidad y la educación gratuitas, puso en marcha campañas de alfabetización masiva bajo el lema "cada uno enseñe a uno" de inspiración maoísta, reconoció la igualdad salarial entre hombres y mujeres e instauró el permiso de maternidad retribuido. El desempleo cayó del 49% al 14%, y por primera vez la electricidad llegó a todas las aldeas de la isla. Todo ello en pocos meses de un proceso socialista en ciernes.

Uno de sus proyectos estrella fue la construcción del aeropuerto internacional de Point Salines —hoy Maurice Bishop International Airport— con ayuda de técnicos y obreros cubanos, una infraestructura que debía romper el aislamiento de la isla y atraer turismo y comercio.

"Peor para los intereses estadounidenses que las revoluciones de Cuba y Nicaragua"

La revolución granadina inquietó profundamente a Washington no solo por su contenido socialista, sino por su composición racial y lingüística. En un discurso ante 2.500 personas en el Hunter College de Nueva York en junio de 1983, Bishop reveló que un informe secreto del Departamento de Estado advertía que su revolución era incluso "peor para los intereses estadounidenses que las de Cuba y Nicaragua". ¿La razón? Quienes la habían protagonizado eran jóvenes, negros, socialistas y, crucialmente, angloparlantes. El propio Bishop lo explicó en su discurso: "Dijeron que el 95% de nuestra población es negra —y tenían la estadística correcta— y que si tenemos un 95% de personas de origen predominantemente africano en nuestro país, entonces podemos tener un atractivo peligroso para 30 millones de personas negras en Estados Unidos (...) La gente y los líderes de Granada hablan inglés, y por lo tanto, pueden comunicarse directamente con la gente de Estados Unidos". El público estalló en aplausos y gritos al escuchar las palabras del magnético Bishop. "Veo en vuestros aplausos, hermanas y hermanos, que estáis de acuerdo con el informe", remató el granadino.

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"Hermano brillante, firme, vertical y entrañable" de Fidel

Pero la revolución llevaba en sus entrañas contradicciones fatales. El ministro de Finanzas, Bernard Coard, enfrentado a Bishop por diferencias sobre el rumbo del proceso y el modelo de dirección, conspiró contra el liderazgo carismático del primer ministro. El 13 de octubre de 1983, Coard dio un golpe interno y arrestó a Bishop. Diez mil personas se echaron a la calle, liberaron a su líder y se dirigieron a la fortaleza Rupert —rebautizada así por el padre de Bishop—, asesinado por la policía de Gairy en 1974. Allí, el 19 de octubre, militares afines a Coard ejecutaron a Bishop, a varios de sus ministros y a decenas de personas que los acompañaban. Fidel Castro, que consideraba a Bishop su "hermano brillante, firme, vertical y entrañable", lamentó la pérdida.

La Casa Blanca llevaba años conspirando contra la experiencia revolucionaria granadina. La administración Reagan había realizado maniobras militares en Vieques en 1981, que fueron un ensayo general de la invasión. El asesinato de Bishop proporcionó la excusa perfecta. Seis días después del magnicidio, el 25 de octubre de 1983, 6.000 soldados de la 82ª División Aerotransportada de EE.UU. desembarcaron en Granada en la operación Urgent Fury. En aquella ocasión, la excusa para la invasión, esgrimida por Reagan, fue "proteger a los estudiantes de medicina estadounidenses", pero el verdadero objetivo era enviar un mensaje a toda la región: ninguna experiencia socialista liderada por un pueblo negro y angloparlante sería tolerada en el Caribe, por muy pequeño que fuera el país.

Cuatro décadas después, el legado de Bishop sigue vivo en la memoria de los pueblos caribeños y en las palabras que el propio líder dejó escritas: "Ahora más que nunca, el Caribe debe permanecer unido. Debemos resistir cualquier intento de socavar nuestra soberanía o desestabilizar nuestra región".