El barril de Brent superó este jueves los 100 dólares por barril y cerró en 100,46 dólares, con una subida superior al 9%, en una jornada en la que los inversores asumieron que la disrupción en el golfo Pérsico no será cuestión de días, sino de semanas o meses, según reconoce The Wall Street Journal. El estrecho de Ormuz, por donde circula el 20-25% del crudo mundial, permanece prácticamente paralizado por los ataques a buques tanqueros —al menos siete en las últimas 24 horas frente a las costas de Dubai e Irak, con un tripulante muerto— y por la siembra de minas marinas por parte de Irán. La Agencia Internacional de la Energía (IEA) fue franca al respecto, alertando de que el conflicto está provocando "la mayor disrupción del suministro en la historia del mercado petrolero global".

Las previsiones de los analistas se han vuelto cada vez más sombrías. Goldman Sachs elevó sus pronósticos y ahora espera que el crudo ronde 98 dólares en marzo y abril, pero advierte de que en un escenario más extremo podría alcanzar los 145 dólares. Macquarie Group no descarta que el petróleo supere los 150 dólares si el estrecho permanece cerrado unas semanas, mientras que Simon Flowers, de la consultora Wood Mackenzie, afirmó que "200 dólares por barril no está fuera del reino de lo posible en 2026". La liberación de 400 millones de barriles de reservas estratégicas acordada por los países de la IEA ha resultado insuficiente: los analistas de ING estiman que los 3,3 millones de barriles diarios que se liberarán están muy lejos de los 15 millones que se pierden cada día por el cierre de Ormuz.

"Esto es algo grande"

El impacto económico se extiende como una mancha de aceite por todo el planeta. En Estados Unidos, las hipotecas a 30 años superaron el 6% y los agricultores afrontan una subida del 30% en los fertilizantes que pasan por Ormuz justo cuando comienza la temporada de siembra. En Vietnam, las gasolineras cuelgan el cartel de "sold out"; en Kenia, los exportadores de té temen que sus envíos a Irán se pudran en los muelles; en India, los crematorios de gas han tenido que cerrar temporalmente. Taiwán ha puesto en alerta sus centrales de carbón, Myanmar raciona el combustible y Tailandia ha suspendido algunas exportaciones. El New York Times recoge el testimonio de David Goldwyn, exdiplomático estadounidense, que resume el sentir general de forma inquietante: "Esto realmente es algo grande. Es el escenario de emergencia que todos temían".

La crisis energética golpea con especial dureza a las economías más vulnerables y reconfigura las alianzas comerciales internacionales. India, con permiso de Estados Unidos, ha vuelto a comprar petróleo ruso con descuento, mientras que el crudo ruso que las potencias occidentales decían rechazar se vende ahora con prima. Japón liberará 45 días de reservas y Europa, que todavía no ha salido de su dependencia del gas ruso, se enfrenta a un nuevo golpe energético que amenaza con convertir su estancamiento económico en quiebra inminente. El consejero delegado de Saudi Aramco, Amin Nasser, advirtió de que una guerra prolongada tendría "consecuencias catastróficas" para el mercado petrolero y la economía del mundo. Mientras tanto, "los daños colaterales" de la guerra se extienden más allá de los iraníes, libaneses y palestinos asesinados; ahora los agricultores estadounidenses, los transportistas vietnamitas y las familias indias que no pueden incinerar a sus muertos también empiezan a sentir y a pagar las consecuencias de una guerra cuyos estrategas, reconocen ahora desde Washington, no habían medido bien el alcance de la represalia iraní y sus fuerzas en el combate.