Jürgen Habermas, filósofo alemán y figura destacada de la segunda generación de la Escuela de Frankfurt, falleció este sábado 14 de marzo de 2026 en su casa de Starnberg, al sur de Alemania, según confirmaron su editorial Suhrkamp y medios como EFE y Der Spiegel. A sus 96 años, su muerte cierra una etapa de una corriente de pensamiento ligada a la teoría de la acción comunicativa, la "democracia deliberativa" y la ética del discurso, influyendo en debates internacionales sobre la razón y esfera pública. Habermas ocupó la cátedra de Max Horkheimer en Frankfurt desde 1964, publicando obras como Conocimiento e interés (1968) y Teoría de la acción comunicativa (1981).

Inicialmente vinculado al movimiento estudiantil de 1968, terminó realizando críticas que serían señaladas como reaccionarias, como criticar el "radicalismo" estudiantil y acusar a líderes como Rudi Dutschke de "abrir puertas al fascismo de izquierdas". Dirigió el Instituto Max Planck en Starnberg (1971-1981) y se jubiló en 1994, manteniéndose activo en el debate público en cuestiones como la Guerra de Ucrania y el proceso de integración de la Unión Europea, de la que ha sido un firme defensor.

Controversia sobre la Escuela de Frankfurt y la CIA

La muerte de Habermas revive debates sobre los presuntos lazos de la Escuela con la CIA durante la Guerra Fría. Fuentes como el reciente ensayo de Gabriel Rockhill (2022), titulado Who Paid The Pipers of Western Marxism?, alegan una connivencia indirecta con la agencia de inteligencia estadounidense. El título alude al proverbio inglés He who pays the piper calls the tune (quien paga al flautista dicta la melodía), refiriéndose a que los financiadores determinan el contenido ideológico. La obra indaga en las colaboraciones culturales vía el Congreso para la Libertad Cultural (CCF, un frente de la CIA), fundaciones como Ford, Rockefeller y Carnegiey, y publicaciones en revistas como Der Monat de Melvin Lasky, para promover lo que se ha denominado como una "izquierda compatible" anticomunista.

A través de una exhaustiva investigación archivística, Rockhill demuestra cómo elementos poderosos de la clase dominante del principal Estado imperialista del mundo respaldaron explícitamente el desarrollo de una "teoría crítica" que sirviera como ersatz (sustituto) del materialismo histórico genuino, desviando la lucha de clases hacia críticas culturales abstractas que no amenazaran el orden capitalista ni apoyaran el socialismo real. El libro observa los pasos de un curso acelerado en propaganda imperialista y realiza un análisis marxista de la ideología, culminando en una defensa de un marxismo anticolonial y antiimperialista, comprometido con la construcción socialista concreta en el mundo real, como primer volumen de una trilogía sobre la "guerra intelectual mundial".

Los archivos que ha desclasificado la CIA hasta ahora no mencionan financiación directa a la Escuela de Frankfurt ni a Habermas. Lo que se conoce hasta el momento es que el FBI vigiló al Instituto en los años duros de la caza de brujas, para posteriormente constatar su alineación ideológica contra el socialismo real. Por ello, varios críticos de izquierda y comunistas han señalado esto como una presunta "promoción proxy" de "teoría crítica" bajo la máxima Anything But Socialism (Lo que sea menos el socialismo), denunciando que su "teoría crítica" habría sido funcional para la CIA al redefinir el "marxismo occidental" como corriente de pensamiento influyente y compatible con el capitalismo, alejada del socialismo real. Sus defensores, en cambio, consideran que Habermas y la Escuela de Frankfurt son escuelas de pensamiento "independientes".

Postura sobre Israel y Gaza

Recientemente, Habermas defendió el "derecho de Israel a existir", mientras "condenaba" sus consecuencias: el bloqueo de Gaza, los asentamientos y el apartheid contra el pueblo palestino, llamando a una "reflexión postnacional" que "superara tabúes derivados del Holocausto". Esto generó acusaciones de "antisionismo disfrazado" desde la línea dura del sionismo alemán, mientras críticos de izquierda lo tildaron de "indiferencia moral" por priorizar los derechos de los colonos sobre los palestinos. Según estos, la postura de Habermas representaría un sionismo "excepcionalista" que no cuestiona las bases históricas colonialistas sobre las que se asienta el Estado de Israel.

En noviembre 2023, firmó una declaración después de la Operación Inundación de Al Aqsa emprendida por la resistencia palestina, legitimando la entonces cacareada "autodefensa israelí", que sirvió como pretexto para justificar la posterior campaña de bombardeos sobre Gaza. Habermas llegó a a rechazar las acusaciones de genocidio como "exageradas" e hizo hincapié en la "protección contra antisemitismo". Desde sectores propalestinos le achacaron confundir la crítica a políticas israelíes con el odio a los judíos, omitiendo los derechos palestinos y la ocupación, alineándose con la postura del sionismo de Estado en Alemania.