La República Islámica de Irán ha dejado claro que no tiene intención de negociar una salida rápida al conflicto desatado por Estados Unidos e Israel hace ahora dos semanas. El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, declaró este sábado que Teherán "nunca solicitó un alto el fuego" y que está preparado para una "guerra larga", en una comparecencia recogida por la cadena Al Jazeera. "Si para los estadounidenses y los israelíes esta es una guerra de elección, para los iraníes es una guerra de necesidad, una guerra existencial", explicó el enviado especial del medio qatarí en Teherán, Mohamed Vall. La declaración se produce mientras la aviación israelí y estadounidense continúa bombardeando múltiples puntos en la provincia central de Isfahan, con decenas de nuevas víctimas mortales aún sin cuantificar oficialmente.

La estrategia iraní pasa por mostrar capacidad de respuesta y disuasión a largo plazo. Cada dos o tres días, las fuerzas armadas revelan nuevas capacidades militares, como los misiles hipersónicos que según fuentes oficiales se han utilizado por primera vez este sábado contra objetivos en la Palestina ocupada por el Estado de Israel, alcanzando 15 veces la velocidad del sonido. Esta exhibición busca enviar un mensaje claro: Irán aún tiene muchos ases bajo la manga y puede sostener una guerra de desgaste pese a la superioridad tecnológica de sus adversarios. Mientras tanto, los bombardeos de los imperialistas no cesan en la provincia de Isfahan, donde los atacantes consideran que se concentran importantes instalaciones nucleares y militares.

El control del estrecho de Ormuz sigue siendo el principal punto de fricción geopolítico. La administración Trump insiste en que la "comunidad internacional" debe unirse para "defender" la "libertad de navegación", presentando a Irán como una "amenaza" para los "intereses globales". Sin embargo, Teherán mantiene su postura: el estrecho no está del todo cerrado, solo lo está para buques estadounidenses, israelíes y de aquellos países que participan indirectamente en la guerra de agresión. Esta postura refuerza la idea de que el conflicto no es entre Irán y el mundo, sino entre la República Islámica y el eje liderado por Washington y Tel Aviv, nombrado como la "Alianza Epstein" por los portavoces persas.

Mientras los bombardeos se intensifican y el número de víctimas crece en los pueblos de Oriente Medio, los efectos en la economía internacional se siguen notando. El precio del petróleo se mantiene por encima de los 100 dólares, los países del Golfo reciben represalias iraníes con drones y misiles contra intereses estadounidenses, y las potencias europeas negocian por separado con Teherán para garantizar el paso de sus buques por Ormuz. En este escenario, la declaración de Araghchi confirma lo que muchos analistas ya intuían: la guerra no terminará pronto, y tanto Washington como Tel Aviv deberán replantearse sus objetivos iniciales de una "rápida victoria militar".