EE.UU. e Israel atacan la planta nuclear de Natanz con bombas antibunker
Washington y Tel Aviv escalan el conflicto atacando el principal centro de enriquecimiento de uranio nuclear iraní; Teherán lanza misiles sorpresa a más de 4.000 km contra la base de Reino Unido y EE.UU. en el Índico.
Estados Unidos e Israel han lanzado este sábado un ataque aéreo contra la planta de enriquecimiento nuclear de Natanz, en el centro de Irán, utilizando por primera vez bombas “bunker buster” contra las instalaciones subterráneas, según informaron medios israelíes citando fuentes estadounidenses. La Organización de Energía Atómica de Irán confirmó el ataque contra la instalación Shahid Ahmadi Roshan y aseguró que no se ha producido “fuga de materiales radiactivos” ni peligro para la población cercana, según reportó Al Jazeera.
El ataque, que supone una clara escalada en el día 22 de la guerra iniciada por EE.UU. e Israel el 28 de febrero, golpea el principal centro de enriquecimiento iraní, ya atacado en la guerra de 2025. El gobierno israelí anunció que esta semana la intensidad de los ataques “aumentará significativamente”, en palabras del ministro de Defensa Israel Katz.
"Podría alcanzar Londres"
En una operación que cambia las dimensiones geográficas y cualitativas del conflicto, Irán empezó a mostrar sus ases en la manga: lanzó al menos dos misiles balísticos de medio alcance contra la base militar conjunta de Estados Unidos y Reino Unido en la isla de Diego García, en el océano Índico, a más de 4.000 kilómetros de sus fronteras. Según The Wall Street Journal, uno de los misiles falló en pleno vuelo mientras el otro fue interceptado por un destructor estadounidense. Sin embargo, el impacto político del lanzamiento es significativo para los imperialistas. Muhanad Seloom, analista del Instituto de Estudios de Doha, señaló a Al Jazeera que el lanzamiento persa “cambia el cálculo” de la guerra para Washington: “Estos misiles a Diego García significan que Irán tiene misiles balísticos de más de 4.000 kilómetros de alcance, algo que no se había revelado antes”. Seloom advirtió que, invertida la dirección, esos proyectiles “podrían alcanzar Londres”, lo que cambia las reglas del juego para un Reino Unido hasta ahora reticente a entrar directamente en la guerra.
Reino Unido, que ha autorizado a EE.UU. a utilizar sus bases —incluida Diego García— para bombardear posiciones iraníes, condenó la respuesta defensiva Teherán pero mantuvo su apoyo logístico. El Ministerio de Defensa británico afirmó que Irán está “lanzándose por toda la región y tomando como rehén el estrecho de Ormuz” en “una amenaza para los intereses británicos y los aliados de Reino Unido”. La contradicción en la postura británica —condenar los ataques mientras facilita las bases desde donde despegan los bombarderos que golpean Irán— muestran las tensiones internas en el bloque imperialista en general y de Londres en particular. Mientras, el presidente Donald Trump intensificó sus presiones sobre los aliados de la OTAN con la calificación de “tigres de papel”, una expresión históricamente asociada a Mao Tse Tung, por negarse a unirse a la coalición para “abrir el estrecho de Ormuz”.
Varios frentes abiertos
Sobre el terreno, la guerra sigue expandiéndose y amenaza con convertirse en total. Un ataque con drones provocó un incendio cerca de la base militar estadounidense Victory Base en Bagdad, en un contexto donde las milicias del Eje de la Resistencia han intensificado sus acciones contra las fuerzas estadounidenses, que ahora observan cómo sus aliados de la OTAN abandonan Irak. En Emiratos Árabes Unidos, el Ministerio de Defensa del país afirmó que las defensas interceptaron tres misiles balísticos y ocho drones lanzados desde Irán, elevando a 341 los misiles y 1.748 los drones interceptados desde el inicio de la agresión contra Irán. En el Líbano, los bombardeos israelíes han matado a cerca de 1.500 personas desde el 2 de marzo, mientras la renacida Hezbollah ha lanzado más cohetes contra el asentamiento de Safed, en el norte de la Palestina ocupada por la entidad sionista. En Irán, al menos una familia —un matrimonio y su hijo— ha sido masacrada en un bombardeo contra su vivienda en la ciudad costera de Ramsar, y un niño ha sido asesdinado en Ahvaz en otro ataque. El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, advierte que Teherán no aceptará un alto el fuego porque “no queremos que se repita el escenario del año pasado” y exige “garantías” de que la guerra terminará “completa y permanentemente”.