El presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, afirmó este viernes que "no quiere un alto el fuego con Irán" porque "no se hace una tregua cuando estás literalmente aniquilando a la otra parte", en sus palabras. En declaraciones a la prensa recogidas por Al Jazeera y el Financial Times, Trump afirmó que su país está “muy cerca” de cumplir los objetivos militares —que enumeró como la eliminación de la capacidad de misiles, la industria de defensa, la marina y la fuerza aérea iraníes— y que considera “dar por terminadas” las operaciones. La contradicción entre la negativa a cesar los bombardeos y el anuncio de un posible repliegue se produce mientras el Pentágono ordena el despliegue de miles de soldados más en tres buques de guerra hacia Oriente Medio, en lo que analistas citados por el Financial Times interpretan como una preparación para "asegurar el estrecho de Ormuz con fuerzas terrestres".

En una medida que evidencia las tensiones internas entre los aliados occidentales, la administración Trump ha autorizado temporalmente la compra de petróleo iraní que se encuentra varado en el mar. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, explicó que la exención —de 30 días, según Al Jazeera— permitirá sacar al mercado unos 140 millones de barriles que hasta ahora “estaban siendo acaparados por China a bajo precio”. “En esencia, usaremos los barriles iraníes contra Teherán para mantener el precio bajo mientras continuamos la Operación Furia Épica”, declaró Bessent en un comunicado recogido por el FT. La decisión, que supone levantar temporalmente las sanciones que durante años han asfixiado la economía iraní, busca "contener la escalada del crudo": el Brent alcanzó los 119 dólares el jueves y cerró la semana en 112,19 dólares, con una subida acumulada del 8,8% en cinco semanas consecutivas.

El conflicto sigue propagándose más allá de las fronteras de Irán y el Golfo Pérsico. Según informó The Wall Street Journal y confirmaron fuentes citadas por Al Jazeera, la base militar conjunta de Estados Unidos y Reino Unido en la isla de Diego García, en el océano Índico, fue objetivo de al menos dos misiles balísticos iraníes en la madrugada del sábado. Irán también lanzó represalias con drones contra Arabia Saudí —cuyo Ministerio de Defensa afirmó haber interceptado 38 artefactos en el este del país— y contra la refinería Mina Al-Ahmadi en Kuwait, donde se declaró un incendio. En una escalada regional, la Guardia Revolucionaria iraní advirtió a la ciudad emiratí de Ras al‑Jaima será sometida a “golpes aplastantes” si se vuelven a atacar las islas de Abu Musa y Gran Tunb, cuya soberanía se encuentra disputada entre Irán y Emiratos Árabes Unidos desde los años setenta. Horas antes, la operación conjunta entre Washington y Tel Aviv mataba al jefe de la Guardia Revolucionaria y Yemen anunciaba que tomará represalias contra los países de Oriente Medio que intercepten misiles iraníes o de grupos del Eje de la Resistencia.

Mientras la guerra sacude los mercados energéticos y financieros —el S&P 500 encadenó su cuarta semana consecutiva de caídas—, Trump arremetió contra los aliados de la OTAN a los que calificó de “cobardes”, y contra Reino Unido en particular, por no autorizar antes el uso de sus bases militares, incluyendo la propia Diego García. “No quisieron ayudarnos a abrir el estrecho de Ormuz, una simple maniobra militar”, escribió en su red Truth Social. Por su parte, la OTAN ha retirado su misión en Irak, mientras que el gobierno británico, tras ceder finalmente el uso de sus instalaciones, recibió una clara advertencia del ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, que avisó que Teherán “ejercerá su derecho a la legítima defensa”.

En este contexto, las declaraciones de Trump sobre una hipotética retirada no coinciden con los hechos sobre el terreno: el despliegue de más tropas, los ataques aéreos que continúan sobre Teherán, Karaj e Isfahán, y el llamado a los países del Golfo a que “guarden y patrullen” el estrecho de Ormuz una vez que, según él, “la amenaza de Irán haya sido erradicada”.