Doctores cubanos denuncian que el bloqueo provoca muertes evitables en hospitales
La falta de combustible, los apagones y el veto a los medicamentos duplican la tasa de mortalidad infantil desde 2018 y obligan a los médicos a tomar decisiones difíciles.
El bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos contra Cuba está causando una crisis humanitaria en la isla, que ha comenzado a cobrarse vidas en los hospitales, según denuncian seis médicos cubanos entrevistados por The New York Times. Los apagones diarios, los cortes de combustible que paralizan ambulancias y la imposibilidad de adquirir medicamentos han colapsado el que hasta ahora ha sido un prestigioso sistema de salud pública, otrora orgullo de la revolución cubana y alivio para millones de personas pobres que han recibido sus servicios gratuitos en todo el mundo. “No puedo decirles cuántas muertes, pero estoy seguro de que hay más que en el mismo período del año pasado”, declaraba al periódico el doctor Alioth Fernández, jefe de anestesiología del mayor hospital pediátrico de La Habana. “Lo veo en los cambios de turno, en los comentarios de los colegas y en los niños que he operado”.
Las consecuencias del bloqueo son devastadoras y se extienden por todo el sistema. Tres apagones nacionales en las últimas semanas han dejado hospitales enteros funcionando con plantas eléctricas de emergencia, cuyas baterías apenas alcanzan para mantener con vida a pacientes críticos. Jorge Pérez Álvarez, de 21 años, necesita un ventilador las 24 horas debido a una enfermedad genética. “Su vida depende de la electricidad”, decía su madre al Times. Las ambulancias permanecen aparcadas por falta de combustible, las farmacias tienen las estanterías vacías, y la producción nacional de medicamentos se ha paralizado porque las fábricas funcionan con diésel. La tasa de mortalidad infantil, que en 2018 era de cuatro por cada 1.000 nacimientos –más baja que la de Estados Unidos– se ha más que duplicado hasta alcanzar los diez fallecimientos, casi el doble que la cifra estadounidense.
96.400 pacientes esperando cirugías
En el mayor hospital de maternidad de La Habana, la doctora Liliam Delgado Peruyera, obstetra y ginecóloga, relató que en febrero murieron tres recién nacidos, la cifra más alta que recuerda en un solo mes. “Estamos recibiendo casos mucho más graves”, afirmó. “Especialmente en las últimas semanas, la prematuridad extrema nos ha golpeado duramente”. La falta de antibióticos ha aumentado las infecciones, mientras la escasez de alimentos ha dejado a madres embarazadas y recién nacidos con bajo peso. El gobierno cubano reconoció este mes que 96.400 pacientes esperan cirugías, que los cortes de combustible han retrasado las vacunas de más de 30.000 niños y que la radioterapia y la diálisis renal de casi 20.000 pacientes se han visto interrumpidas por culpa del bloqueo energético.
“Esto no es sutil, es extremo”
Las declaraciones de los médicos cubanos al Times confirman que el bloqueo de Estados Unidos es un criminal acto de guerra contra la población civil, que viola el derecho internacional y ha sido condenado en 30 ocasiones por la Asamblea General de Naciones Unidas sin efectos prácticos. Paul Spiegel, experto en salud pública de la Universidad Johns Hopkins que ha liderado respuestas humanitarias en Afganistán, Ucrania y Gaza, declaró al periódico que “esto no es sutil, es extremo”, y que las condiciones están obligando a los trabajadores sanitarios cubanos a realizar triajes en todo el sistema: “La magnitud y quiénes serán afectados dependerán de las horribles decisiones que tengan que tomar”.
Mientras el gobierno de Trump mantiene su guerra económica silenciosa con el objetivo declarado de asfixiar al Estado cubano, son los niños, los enfermos, las madres, los ancianos y los más vulnerables quienes pagan el precio de una política exterior imperialista basada en la dominación y el castigo colectivo. La llegada de un buque ruso con combustible, prevista para principios de la próxima semana, podría aliviar la situación de forma muy temporal y parcial, pero no acabará con un bloqueo que ya dura más de seis décadas, aunque millones de personas en el mundo siguen condenándolo sin que Washington atienda a razones.