El municipio de El Burgo, en Málaga (Andalucía), convirtió este Domingo de Resurrección su tradicional Quema de Judas en un acto de denuncia contra la ofensiva militar israelí en Oriente Medio. Según recoge La Voz del Sur, Los vecinos y visitantes de la localidad presenciaron cómo ardía un muñeco gigante de siete metros de altura con una fisonomía similar a la de Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel. La figura, cargada con 13,9 kilogramos de pólvora, fue consumida por las llamas tras una detonación que activó una estructura de hierro diseñada para el espectáculo.

La alcaldesa del municipio, María Dolores Narváez (PSOE-A), explicó a los medios de comunicación que el objetivo de la representación era simbolizar un "No a la guerra, al genocidio". Según Narváez, la elección del personaje busca señalar a responsables de crímenes actuales, afirmando que con este acto se ha pretendido denunciar la violencia sistemática, aunque añadió que, respecto a la identidad del muñeco, "cada uno le pone el nombre que quiera". La regidora confirmó que la decisión sobre qué figura pública representa al Judas recae habitualmente en el Ayuntamiento, mientras que voluntarios locales ejecutan la confección.

Esta festividad, que atrajo a unos 2.000 visitantes a un pueblo de apenas 1.800 habitantes, tiene su origen en la década de 1950. Aunque nació bajo un prisma religioso de "destrucción del mal", la evolución de la tradición popular ha derivado en una manifestación de un carácter más político y reivindicativo. Narváez recordó que en la edición anterior el personaje elegido fue Donald Trump y que en otros años se han quemado efigies de futbolistas condenados por violación o genocidas, adaptando siempre el Judas a quien consideran "significativo del año".

El acto se desarrolló entre aplausos y gritos de júbilo de los asistentes mientras la pólvora —distribuida en cohetes de cinco gramos cada uno— destruía la imagen del mandatario israelí. En otras localidades como Coripe también utilizan esta simbología para señalar a figuras del poder político internacional. En El Burgo, la festividad popular y el uso de la pólvora se mezclan como medio para la crítica y la sátira, y esta vez les ha tocado a quienes ejercen el exterminio.

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