33.000 veteranos de guerra estadounidenses sin hogar
El Departamento de Vivienda y el de Asuntos de Veteranos reconocen que miles de antiguos militares siguen duermiendo en la calle con niveles críticos de trastornos mentales y adicciones derivadas de su servicio.
El último recuento oficial Point-in-Time (PIT), realizado por el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano (HUD) y el Departamento de Asuntos de Veteranos (VA), cifra en 32.882 los veteranos que malviven sin hogar en Estados Unidos. De este contingente de personas utilizadas previamente por el Estado para sus intereses estratégicos, 13.851 se encuentran en situación de "sin techo" absoluta, pernoctando en calles, coches o parques, lo que las expone a constante la violencia y el hambre. Los datos, publicados entre finales de 2024 e inicios de 2025, revelan que el 50% de estos exmilitares tienen más de 51 años, quedando descartados por el sistema tras su etapa de utilidad operativa.
La exclusión social de los veteranos se manifiesta con especial crudeza a través de la raza y la salud mental, evidenciando una gestión demográfica que castiga especialmente a las minorías racializadas. Según el VA, los veteranos afroamericanos sin hogar están sobrerrepresentados, suponiendo entre el 31% y el 37% de los exmilitares sin hogar, a pesar de ser solo el 12% de la población veterana total. En el ámbito sanitario, hasta el 67% de este grupo padece trastornos mentales diagnosticados —el doble que los veteranos con vivienda— y un 50% sufre enfermedades mentales graves, incluyendo trastorno de estrés postraumático (PTSD), depresión y ansiedad tras su paso por las guerras que ha librado EEUU.
La destrucción de la salud de estos sujetos se extiende al consumo de sustancias, un mecanismo habitual de evasión vinculado a la falta de redes de apoyo y a la dificultad de transición a la vida civil. Los informes técnicos indican que el 70% de los veteranos sin hogar tienen problemas de abuso de alcohol o drogas, y entre el 37% y el 60% presentan trastornos duales (enfermedad mental y adicción simultáneas). Esta situación de marginalidad empeora por el desempleo o subempleo y la falta de vivienda asequible en las ciudades, donde se concentra el 68% de esta población.
A pesar de que el VA afirma haber logrado alojar permanentemente a 51.936 veteranos en el año fiscal 2025 con programas como el HUD-VASH (subsidios de renta), la cifra de veteranos durmiendo en la calle sigue siendo masiva. Las mujeres veteranas, aunque son minoría, enfrentan necesidades no cubiertas en albergues de emergencia, vivienda transicional y cuidado dental, además de tener mayores probabilidades de estar a cargo de hijos. El riesgo de mortalidad para quienes permanecen sin refugio es hasta 3 veces más alto que el de aquellos que acceden a albergues temporales, lo que certifica que las bajas en EEUU se prolongan hasta mucho después de haber finalizado el servicio militar, lo que deja entrever la magnitud del desastre humano que supone la guerra incluso dentro de las filas estadounidenses.
El hecho de que los veteranos sean el único grupo que ha reducido su tasa de sinhogarismo en comparación con el total nacional —que ha aumentado— demuestra que la administración solo actúa mediante inversiones focalizadas cuando el deterioro de su imagen pública se vuelve crítico en un sector sensible. El sistema utiliza a estos militares como herramientas de intervención internacional para, posteriormente, devolverlos a una estructura social que los expulsa por su incapacidad de reinsertarse en el mercado laboral productivo por múltiples razones, muchas de ellas directamente vinculadas al uniforme. Así, mientras Washington garantiza el gasto militar para el complejo industrial y decide librar nuevas guerras cada vez más impopulares, miles de sus ejecutores terminan integrando el ejército industrial de reserva en su escalafón más degradado: la indigencia.