La República Islámica de Irán es el país que cuenta con la mayor comunidad judía histórica de Oriente Medio. Según los datos del censo iraní y las estimaciones de demógrafos como Sergio DellaPergola y la organización Jewish Virtual Library, la población judía en territorio iraní oscila actualmente entre las 9.000 y las 15.000 personas. Esta comunidad, cuyas raíces se remontan al siglo VI a.C. bajo el mandato de Ciro el Grande, representa la comunidad hebrea nativa más antigua y numerosa de la zona. Del cálculo se excluyen los 7 millones de colonos israelíes que se hacen llamar "judíos" para reclamar Palestina como "su Tierra Prometida", aunque casi la mitad de ellos ni siquiera son religiosos. Además, no existe un registro de los descendientes de los judíos palestinos originarios previos a la Nakba de 1948 que dio pie a la creación del Estado de Israel, aunque presumiblemente representa un grupo menor que el de los judíos iraníes.

La distribución geográfica de esta minoría religiosa se concentra principalmente en la capital, Teherán, donde reside más de la mitad de la comunidad, seguida de núcleos las ciudades de Shiraz e Isfahán. A diferencia de las poblaciones judías en países como Irak, Egipto o Yemen —donde la presencia es hoy prácticamente inexistente tras las emigraciones masivas iniciadas en 1948 tras la creación del Estado de Israel—, o incluso países árabes fuera de Oriente Medio —como Marruecos o Túnez, donde las comunidades judías nativas apenas alcanzan los 2.500 y 1.500 miembros respectivamente—, los judíos iraníes mantienen una estructura social viva con docenas de sinagogas, escuelas propias, hospitales y restaurantes con certificación kosher, la comida que sigue los estándares judíos. Recientemente, esta comunidad hebrea iraní ha sufrido un ataque de Israel contra una de sus sinagogas en Teherán, que ha quedado destruida tras los bombardeos.

El marco jurídico iraní otorga al judaísmo el estatus de religión minoritaria protegida, tal como establece la Constitución del país junto al cristianismo y el zoroastrismo. Esta protección legal se traduce en la reserva obligatoria de un escaño en el Parlamento iraní (Majlis) para un representante de la comunidad judía, garantizando su participación en el aparato legislativo. Además, es habitual que los líderes de las comunidades judías iraníes se desmarquen públicamente del Estado de Israel.

La evolución demográfica indica una reducción drástica respecto a los niveles previos a la Revolución de 1979, cuando bajo el régimen del Sha de Persia residían entre 80.000 y 100.000 judíos iraníes. Sin embargo, a la caída del rey le siguió una transferencia de población judía iraní hacia Estados Unidos y la Palestina ocupada por el Estado de Israel, alterando la composición social del país. Sin embargo, los judíos que permanecen en territorio iraní manifiestan una fuerte identidad nacional vinculada a su historia milenaria judía en la antigua Persia. En este caso, como los judíos se caracterizan por su confesión y no por su adhesión a un proyecto de expansión colonial, persisten como un componente más de la rica y diversa realidad social y religiosa iraní, que a su vez recuerda la gran diferencia entre el judaísmo y el sionismo. Los judíos iraníes representan un ejemplo paradigmático que cuestiona la imagen de Irán que suele mostrar la propaganda occidental.