El presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, ha anunciado este jueves un "alto el fuego de diez días" entre "Israel y Líbano", programado para comenzar a las 17:00 horas EST (medianoche en la región). Según el mandatario estadounidense, la medida es fruto de conversaciones directas con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el presidente libanés, Joseph Aoun. Este movimiento diplomático se produce tras el encuentro en Washington entre embajadores de ambos países, el primero en 34 años, bajo la mediación del secretario de Estado, Marco Rubio, con el objetivo declarado de avanzar hacia una "paz duradera" que desvincule el conflicto libanés de la guerra regional con Irán.

A pesar del anuncio desde la Casa Blanca, los hechos sobre el terreno contradice la retórica de pacificación, empezando por el simple hecho de que Israel y Líbano no están oficialmente en guerra: Israel ataca y ocupa territorio libanés, pero su ofensiva se centra en la población civil y Hezbollah, no el Estado y el ejército libanés, que no responden militarmente a Israel. Además, Hezbollah no ha firmado ningún alto el fuego con Israel. Horas antes de la supuesta "tregua", Netanyahu ordenó formalmente la expansión de la invasión en el sur de Líbano, movilizando tropas hacia el este y estrechando el cerco sobre localidades estratégicas como Bint Jbeil. Por su parte, el presidente Aoun ha condicionado cualquier negociación directa al cese efectivo de la agresión israelí, que desde el pasado 2 de marzo ha provocado el desplazamiento forzado de 1,2 millones de personas y la destrucción sistemática de infraestructuras civiles en territorio libanés.

La ofensiva israelí ha mantenido su carácter de alta intensidad contra objetivos no militares. El miércoles, ataques consecutivos en la aldea de Mayfadoun asesinaron a cuatro paramédicos libaneses, elevando a 91 la cifra de trabajadores sanitarios asesinados por las fuerzas de ocupación en este ciclo de violencia. Asimismo, la aviación israelí destruyó el puente de Qasmieh, cortando la última vía de comunicación entre las regiones de Tiro y Sidón, y bombardeó las inmediaciones del hospital de Tebnine, uno de los pocos centros médicos que permanecen operativos en el sur del país tras el asedio militar sionista.

La perspectiva estratégica de la administración Trump es presionar para forzar al gobierno libanés a un proceso de desarme de la resistencia de Hezbollah, utilizando el asfixiante cerco militar como moneda de cambio. Mientras Washington presenta el alto el fuego como un éxito personal del presidente —quien afirmó que este sería el "décimo conflicto que resuelve"—, las autoridades libanesas mantienen cautela ante un acuerdo que no garantiza la retirada de las tropas invasoras, al contrario. La maniobra estadounidense busca consolidar una buffer zone (zona de amortiguamiento) en el sur de Líbano, transfiriendo el control efectivo de la soberanía nacional libanesa a un esquema tutelado por los intereses geopolíticos de Israel y EEUU.