La concejala del Ayuntamiento de Madrid, Carla Toscano, ha confirmado su expulsión de Vox denunciando una grave injerencia externa en los mecanismos de control interno del partido. Según explica la edil en su perfil de X, el proceso sancionador habría estado viciado por la participación directa de una persona vinculada familiarmente a la dirección de ACOM, una organización que ejerce como lobby de los intereses de Israel en el Estado español.

Toscano señala que esta persona es hermana de la vicepresidenta de dicha asociación, la cual, según sus palabras, la "lincha públicamente", lo que invalidaría la imparcialidad de un procedimiento que culmina con su salida de la organización tras años de actividad institucional.

El detonante del conflicto fue la orden del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) de Vox para que Toscano procediera a la destitución de Javier Ortega Smith como portavoz del grupo municipal en Madrid. La concejala se negó a acatar la instrucción al considerar que la dirección del partido carece de competencias legales para intervenir en el funcionamiento de un grupo institucional regulado por el Reglamento Orgánico Municipal. "Si me piden que obedezca una ilegalidad, no puedo ni debo hacerlo; la ley y el reglamento están por encima de las directrices de una asociación privada", ha manifestado Toscano para justificar su desobediencia a la cúpula que dirige Santiago Abascal.

La exconcejala de Vox, integrante a la corriente disidente, ha cuestionado la independencia de los órganos que han ratificado su expulsión, describiendo al Comité de Garantías como un ente "formado por personas que dependen económicamente del partido". Esta estructura de liberados, sumada a la mencionada intervención de intereses sionistas en la instrucción del expediente, supone para la afectada una vulneración de los derechos fundamentales y de la propia Ley de Partidos. El conflicto evidencia una fractura en el aparato interno de la formación fascista, donde las lealtades personales y las directrices de grupos de presión externos influyen en la vida interna del partido.

Toscano ha vinculado su expulsión a una campaña de "presión y difamación" derivada de su negativa a "traicionar a un compañero" y a someterse a decisiones que califica de arbitrarias. La dirigente, que mantenía una posición de visibilidad en el aparato de la formación, asegura que su desacuerdo con el funcionamiento opaco del partido hacía inevitable este desenlace. "Ninguna presión me va a impedir nunca hacer lo que considero correcto", ha afirmado, anunciando que la resolución del conflicto queda ahora desplazada al ámbito de los tribunales ordinarios.

Este nuevo episodio de descomposición interna en la extrema derecha institucional pone de manifiesto las sospechas de subordinación de sus estructuras de decisión a intereses estratégicos ajenos a su propia base electoral. La presunta implicación de ACOM en la purga de cargos públicos revelaría cómo el lobby sionista emplea sus vínculos con los cuadros directivos para asegurar la disciplina política en favor de potencias extranjeras. El caso de Toscano se suma a una serie de crisis territoriales donde la dirección central de Vox prioriza el control absoluto del aparato y las alianzas geopolíticas sobre el respeto a sus propios reglamentos y a la legalidad administrativa.