Tebas y el diario ‘Marca’ apoyan sanciones por las pitadas al himno español
El presidente de LaLiga anuncia que impulsará prohibiciones contra el rechazo a los símbolos del nacionalismo español en los estadios, asegurando que “no es libertad de expresión”.
Javier Tebas, presidente de LaLiga, anunció este lunes su intención de promover medidas disciplinarias contra las aficiones que piten el himno español en las finales de la Copa del Rey. Durante su participación en el seminario Geopolítica y Deporte, organizado por el CESEDEN, Tebas ha afirmado en calidad de vicepresidente de la RFEF que estas expresiones de rechazo no deben ampararse bajo el derecho a la libertad de expresión, según recoge Europa Press. El directivo vinculó sistemáticamente estas protestas a la presencia de equipos catalanes o vascos, calificando la situación como un "problema" recurrente que en su opinión requiere una intervención institucional contundente.
La propuesta de Tebas llega tras la presión del diario "deportivo" MARCA, que en su editorial de este 20 de abril pidió formalmente modificar el código disciplinario de la competición. El medio propone directamente la "expulsión de un año de la Copa al club cuya afición pite el himno", una medida que obligaría a las directivas de los clubes a ejercer tareas de vigilancia y disuasión sobre sus propios seguidores. Según el editorial, esta sanción es "necesaria" para evitar que se lance un "mensaje nocivo al mundo" sobre las instituciones del Estado español y para "proteger el espectáculo" de lo que denominan "ofensas" al protocolo oficial.
En su intervención, Tebas ha reivindicado el papel del fútbol como un instrumento de "diplomacia deportiva" destinado a "abrir puertas" a intereses comerciales y estratégicos. El máximo mandatario del fútbol profesional defendió "la necesidad de llevar partidos oficiales de LaLiga a territorios como Marruecos, China o Arabia Saudí", argumentando que estas decisiones ofrecen "posibilidades inauditas al mundo empresarial". Dentro de en esta visión del deporte como negocio y plataforma de imagen internacional para un puñado de compañías, la protesta política en las gradas contra los símbolos del nacionalismo español se vuelve un elemento de disruptivo que daña la imagen de "reputación y prestigio" que pretenden proyectar las élites económicas y políticas del Estado.
La ofensiva liderada por Tebas y secundada por los principales altavoces mediáticos deportivos del Estado español busca asentar un marco represivo donde la disidencia política sea castigada con sanciones deportivas directas. Al trasladar la responsabilidad punitiva a los clubes, el Estado y la patronal pretenden sofocar el uso de los estadios como espacios de contestación social, subordinando los derechos fundamentales de los espectadores a la protección de los símbolos institucionales y la marca comercial de la competición.