Reestructuración del mapa religioso de Madrid
Análisis del incremento masivo del evangelismo neopentecostal en Madrid, de la mano del aumento de la pobreza y el auge reaccionario.
En la Comunidad de Madrid existen hoy más lugares de culto evangélicos que parroquias católicas. El Observatorio del Pluralismo Religioso contabiliza en torno a 817 templos protestantes, alrededor del 70% de todos los recintos de las confesiones minoritarias y una cifra que ya rebasa las algo más de 700 parroquias con que cuenta la Iglesia católica en la región. La distancia con el resto resulta abrumadora, pues a los evangélicos les siguen, muy de lejos, los musulmanes, con unos 138 lugares de culto, y después los ortodoxos y los testigos de Jehová.
El vuelco se ha producido a una velocidad notable. Entre 2011 y 2025, los lugares de culto de todas las confesiones minoritarias de la comunidad pasaron de 729 a 1.167, un aumento cercano al 60%, y solo en la capital crecieron de 390 a 594. Buena parte de ese empuje es evangélico, hasta el punto de que el propio Observatorio calcula que durante el último lustro se ha inaugurado un templo nuevo cada cuatro días. El fenómeno se lee a pie de calle, donde antiguos bajos comerciales, locales de barrio y hasta naves industriales de los polígonos se reconvierten en salas de oración.
La historia, sin embargo, arranca mucho antes y desde un lugar bien distinto. El protestantismo echó raíces en Madrid en el último tercio del siglo XIX, con las primeras capillas y las congregaciones que acabarían cristalizando en la Iglesia Evangélica Española y en la Iglesia Española Reformada Episcopal. El franquismo cerró aquel paréntesis y empujó el culto a la clandestinidad, de modo que la legalidad no regresó hasta la Constitución de 1978 y el acuerdo de cooperación que el Estado firmó con la federación evangélica en 1992.
Lo que convirtió esa minoría en multitud fue, sobre todo, la influencia de la inmigración junto con la proliferación de las redes de influencia en las clases más bajas. A medida que crecía la comunidad latinoamericana y, en menor medida, la africana, se multiplicaron las iglesias pentecostales y neopentecostales en barrios proletarios como Usera, Tetuán, Carabanchel o Lavapiés y a lo largo del corredor del Henares. A ese caudal se suma el pueblo gitano, entre el que la Iglesia Evangélica de Filadelfia se ha convertido, desde los años sesenta, en una referencia mayoritaria. De esta manera, se puede observar que la mezcla de cuatro factores ha llevado el movimiento a explotar de la manera en la que lo ha hecho.
En primera instancia la presencia de nuevas familias evangélicas migradas principalmente desde Latinoamérica da el pistoletazo de salida. De la mano del aumento cuantitativo de la inmigración, ligado a un empeoramiento de las condiciones materiales de la población general observable en el paulatino incremento de la carencia material y social del 7,7% al 8,3% en cinco años (2019-2024), se refuerzan las redes de influencia del evangelismo en las capas más pobres. Junto con ello, el auge de la reacción y la alta tasa de riesgo de exclusión social de los migrantes no provenientes de la Unión Europea que alcanzó el 60,4% en 2024, facilitan también un refuerzo de las redes evangelistas, que termina por culminar con las concesiones y apoyo institucional por parte de la derecha conservadora, a la cual le es funcional desde un punto de vista partidista y discursivo.