CCOO y UGT, entre los sindicatos europeos que menos huelgas generales convocan
Llevan sin convocar paros masivos desde 2012, mientras Grecia, Francia o Portugal mantienen mayores niveles de movilización general y las luchas sectoriales sitúan a España entre los estados con mayor conflictividad laboral.
Durante el acto celebrado este 18 de junio en Vistalegre, los líderes de los grandes sindicatos de concertación posicionaron al Estado español como “un referente continental” y exigieron un “giro social profundo en la UE”. Esther Lynch (CES) aplaudió el modelo español como “prueba de que las medidas sindicales funcionan”, hablando de acabar con la precariedad, los recortes y la xenofobia. En sintonía, Unai Sordo (CCOO) alertó “contra el rearme y un nuevo austericidio”, advirtiendo con contundencia que “o profundizamos en más Europa o nos vamos al carajo”, mientras que Pepe Álvarez (UGT) defendió la “urgencia de más derechos laborales, el fin de los genocidios y la sostenibilidad” bajo la premisa de que “sin planeta no hay trabajo”.
Respecto a la convocatoria de huelgas, Pepe Álvarez propuso explícitamente: “deberíamos declarar un día de huelga de todos los migrantes, para que se sepa todo lo que hacen”, a lo que Yolanda Díaz sumó, refiriéndose a la reforma laboral aprobada gracias a la equivocación de un diputado del PP: “fue hecha por la gente desde las calles y en las huelgas, no por los hombres de negro”.
Según los datos del Instituto Sindical Europeo (ETUI) y de Eurofound, el periodo posterior a la crisis de la deuda (2010-2012) ha supuesto un cambio significativo en la estrategia del sindicalismo de concertación en materia de movilizaciones generalizadas. Desde las huelgas generales del 29 de marzo y el 14 de noviembre de 2012, CCOO y UGT no han vuelto a convocar una sola huelga general estatal de 24 horas, situándose así en el extremo bajo del ranking europeo de convocatorias de paros masivos. Mientras tanto, otros países del sur de Europa han mantenido una actividad mucho más alta en este sentido. Grecia ha registrado varias huelgas generales anuales en los últimos años (dos de ellas solo en 2025 contra la reforma laboral), Francia ha protagonizado frecuentes jornadas de movilización masiva contra los presupuestos y los recortes en pensiones, y Portugal vivió en diciembre de 2025 su primera huelga general en doce años, conduciendo a la suspensión de una reforma laboral regresiva. Esta baja posición en el ranking europeo de las centrales sindicales mayoritarias españolas no se debe a una supuesta falta de iniciativa combativa sindical desde las bases obreras –al contrario–, sino a una decisión política de las cúpulas de la burocracia sindical. De hecho, el Estado español sigue siendo uno de los países con mayor número de huelgas sectoriales en Europa, especialmente en transporte, sanidad y educación, donde la conflictividad laboral ha repuntado desde la pandemia. Esto desmiente cualquier excusa sobre una “falta de impulso combativo” desde las bases obreras. A nivel europeo, según los datos del ETUI, 2025 se perfiló como un año récord en número total de huelgas en Europa desde 1991, pero la mayoría son de carácter sectorial o regional, no generales nacionales.
La apuesta de CCOO y UGT por la negociación institucional, el “diálogo social” y la desmovilización de la huelga general como herramienta ha sido una constante durante los llamados “gobiernos progresistas”, aunque también ha sido objeto de críticas por parte de los sindicatos de clase y las centrales sindicales de Catalunya y Euskal Herria, que han convocado acciones recientemente, aunque de alcance limitado. La comparativa europea sitúa así a los grandes sindicatos españoles en una posición similar a la de los países nórdicos o de Centroeuropa, donde la tradición conciliadora y las restricciones legales limitan las convocatorias de huelga general. Sin embargo, en el sur de Europa, donde las condiciones económicas y laborales han sido más duras, los paros masivos han seguido siendo una herramienta habitual, especialmente cuando gobierna la derecha. La pregunta que queda en el aire es si la estrategia de concertación de las burocracias sindicales de CCOO y UGT ha sido más efectiva que la movilización para frenar recortes y conquistar derechos laborales, o si, por el contrario, ha contribuido a desmovilizar en un contexto de creciente empobrecimiento para la clase trabajadora y ganancias récord para la patronal.