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La ‘gusanera’ de Miami se prepara para saquear Cuba

Multimillonarios cubanoamericanos y el entorno de Marco Rubio diseñan planes de inversión y borradores de ley a espaldas del pueblo cubano para privatizar la isla y recuperar las propiedades confiscadas en 1959.

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Foto: @SecRubio (X)
Foto: @SecRubio (X)

En una mansión frente a la bahía de Biscayne, un grupo de acaudalados cubanoamericanos lleva meses trazando los planos de su mayor fantasía. “Hemos esperado 67 años. Hay que empezar”, dijo Juan Omar Sixto, de 82 años, antiguo empresario del tabaco que preside la recién creada Cámara de Comercio Nacional Cubanoamericana, ante un grupo reunido junto a una piscina rodeada de estatuas de ninfas romanas. Los planes incluyen crear una bolsa de valores cubana, una cumbre de inversores en La Habana, redactar borradores de ley para una “transición” y hasta estudios sobre plantas eléctricas flotantes.

El diario The Wall Street Journal ha documentado cómo esta red de exiliados ricos bien posicionados políticamente, con línea directa al secretario de Estado Marco Rubio y al propio presidente Donald Trump, se ha lanzado a diseñar una Cuba no gobernada por el Partido Comunista. “Cualquiera que espere un golpe a la piñata cubana está contratando abogados y lobistas, especialmente en el círculo íntimo de Trump”, resume Ric Herrero, director del Cuba Study Group: “La gente hace cola para una transición que no está garantizada en absoluto”.

El punto de partida es una premisa que el propio Trump ha repetido desde el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro en enero: “Cuba es la siguiente”. Sobre esa base, su administración ha impuesto un bloqueo petrolero que ha agravado la escasez de combustible, ha multiplicado los apagones de días enteros y ha paralizado los envíos de 7.000 contenedores con alimentos y medicinas por las sanciones, hundiendo a la isla en una profunda crisis humanitaria. La Habana ha acusado a Washington de imponer un castigo colectivo que destruye las condiciones de vida de los cubanos.

Altos cargos dijeron a políticos de Florida y a exiliados adinerados que el cambio de régimen “podría producirse este verano y, con seguridad, antes de que acabe el año”. Pero el propio Rubio enfrió el calendario: “No somos una miniserie, que la ves en tres episodios y se acabó”, declaró en julio. Según fuentes citadas por el diario estadounidense, sus instrucciones son mantener un goteo semanal de anuncios —imputaciones, nuevas sanciones, informes, acusaciones, amenazas de invasión— como táctica de guerra psicológica para dar la impresión de que una acción mayor es inminente. El objetivo no ha cambiado, dicen, pero el listón ya se ha movido en Washington.

Sin embargo, el plan no se limita a derrocar al gobierno cubano. Se trata de quedarse con el país entero. Los promotores hablan ya de inversiones “multimillonarias” para “reconstruir” la isla a la que han asfixiado durante seis décadas, con una estimación de 90.000 millones de dólares solo para los tres primeros años de “transición”. Jorge Mas, multimillonario copropietario del Inter Miami y amigo de Rubio, cuenta que Trump le preguntó una vez cuánto costaría reconstruir Cuba. “Podríamos invertir multibillones de dólares”, le respondió. El abogado Pedro Freyre, del bufete Akerman, dijo a un grupo de políticos estadounidenses que su teléfono “no paraba de sonar” con consultas de cubanoamericanos que querían “marcar el número directamente”. Los planes sectoriales ya están sobre la mesa: uno de los arquitectos de Miami tiene la vista puesta en remodelar los aeropuertos de la isla y reúne cada dos semanas por videollamada a ejecutivos de aerolíneas, gestores aeroportuarios y fondos de inversión para cerrar un proyecto de 8.000 millones de dólares que reformaría ocho aeródromos “una vez cambie el gobierno”. La Asociación de Abogados Cubanoamericanos de Miami trabaja de espaldas al pueblo cubano en una “ley de transición” que prevé un “gobierno provisional” de hasta dos años antes de celebrar “elecciones libres”. Otros debates de la oposición giran en torno a si una Cuba no gobernada por el Partido Comunista debería revivir temporalmente su Constitución de 1940 mientras se redacta una nueva.

Juan Omar Sixto: “Cuba no puede avanzar con la gente que está en la isla; no es su culpa, pero no son modernos. Están atrasados”

Los conspiradores hablan abiertamente de “recuperar” las propiedades y empresas expropiadas por Fidel Castro en 1959, de abrir la isla al capital estadounidense y de “enseñar a los isleños las maneras del capitalismo moderno cuando el régimen caiga”. “Cuba no puede avanzar con la gente que está en la isla”, dice Sixto, y añade: “No es su culpa, pero no son modernos. Están atrasados”.

Los observadores de Cuba advierten de que hay pocas posibilidades de que el aumento de las privaciones provoque una rebelión popular: en casi siete décadas el país no ha cuajado ninguna oposición política organizada interna, las dos grandes protestas —1994 en La Habana y las de hace cinco años— fueron rápidamente desmovilizadas, y más de un millón de cubanos, en su mayoría jóvenes, han abandonado la isla desde 2021, reduciendo drásticamente el número de potenciales manifestantes. La Cuba de hoy padece el asedio, la pobreza, el envejecimiento y los efectos del éxodo. La voz del pueblo cubano está ausente en los planes que se están trazando en Miami: una “nueva Cuba” se diseña en las piscinas de Biscayne mientras el bloqueo petrolero sume la isla en la oscuridad.