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Trump baraja prohibir la exportación de diésel para frenar el precio antes de las legislativas

Los ataques contra refinerías de Oriente Medio y Rusia han disparado el precio del galón casi un dólar en un mes hasta niveles récord de 6,53 dólares. La industria petrolera y tres altos cargos de su Administración se oponen.

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Foto: White House
Foto: White House

El presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, afirmó este martes que está considerando restringir las exportaciones de diésel para intentar frenar la escalada de precios de los combustibles, una idea que gana terreno entre los republicanos de cara a las elecciones de mitad de mandato. “He pedido eso también. Dije: ‘No enviemos el diésel’. Producimos mucho diésel. Lo he pedido, se lo he pedido a mi gente”, declaró Trump a los periodistas durante un encuentro con el presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, en los márgenes de la Asamblea General de la ONU en Nueva York, según Politico. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, dijo que EEUU está “examinando” una prohibición de exportación de diésel y “si es viable dentro de la capacidad de refino global y si funcionaría una prohibición total o parcial”. Trump aseguró que la decisión llegará “rápido, en un sentido u otro”. La medida ha ganado apoyos entre algunos republicanos de estados agrícolas que afrontan elecciones reñidas, incluidos los candidatos al Senado en Iowa, Michigan y Alaska.

En EEUU, los precios del diésel se han disparado hasta récords tras los ataques con misiles que han dañado instalaciones de producción de combustible en Oriente Medio y Rusia. La media nacional del galón de diésel alcanzó este martes los 6,53 dólares, casi un dólar más que hace un mes, según Dow Jones Energy. EEUU produce más combustible del que consume y las refinerías han enviado históricamente grandes cantidades al exterior para buscar precios más altos. Las reservas comerciales de diésel en el país han caído un 11% desde el inicio de la guerra contra Irán, mientras que las exportaciones han subido un 31% en términos semanales, según la Administración de Información Energética. Los analistas del banco de inversión TD Cowen dicen que una prohibición de exportación podría adoptar la forma de una “cuota temporal de exportación”. Advierten de que una prohibición podría volverse contraproducente a largo plazo porque las refinerías nacionales probablemente optarían por procesar menos crudo al haber perdido una gran cantidad de clientes en el exterior, producirían también menos gasolina y combustible de aviación, y llevaría a precios más altos. “Si una prohibición de exportación crea un excedente espontáneo, probablemente empujaría los precios a la baja, pero quizá no por mucho tiempo”, adelanta Kevin Book, analista de la firma de investigación energética ClearView Energy Partners. “Cuando se trata de este tipo de intervención, la economía dice que es una mala idea a largo plazo. Pero en política, no hay largo plazo”. Otra complicación es que algunas regiones de EEUU, como el Noreste, importan diésel. Si las refinerías limitaran los envíos al exterior, los precios subirían globalmente y el Noreste pagaría aún más.

La industria petrolera se opone con fuerza a cualquier prohibición de exportación, dado que los productores estadounidenses de combustible probablemente perderían la confianza de algunos compradores extranjeros y perderían dinero. “Entendemos que la Administración está estudiando todas las opciones para ofrecer alivio, pero restringir las exportaciones de energía estadounidense solo agravaría el problema”, dijo Mike Sommers, consejero delegado del American Petroleum Institute, para quien la respuesta debería ser “más suministro y más flexibilidad, no nuevas restricciones que corren el riesgo de empeorar una situación difícil”. También se han opuesto a la idea el secretario de Energía, Chris Wright, el secretario de Interior, Doug Burgum, y Jarrod Agen, director ejecutivo del National Energy Dominance Council, según un funcionario de la Administración. La especulación sobre una posible prohibición temporal ha circulado durante semanas, pero la Administración negó repetidamente que fuera a recurrir a esa medida. Anteriormente, los lobistas de la industria que se habían puesto en contacto con la Administración en las últimas semanas sentían que “no había apetito por aprobar una prohibición”.