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Etiopía, al borde de la guerra civil tras la muerte de 272 combatientes tigrayanos

El TPLF habla de “guerra total” y conforma una alianza con otras seis organizaciones armadas para derrocar al primer ministro Abiy Ahmed.

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Foto: Al Jazeera

El Ejército etíope aseguró este jueves haber matado a al menos 272 combatientes del Frente Popular de Liberación de Tigray (TPLF) en una contraofensiva en la región noroccidental de Amhara, según reportes de Al Jazeera. La Fuerza de Defensa Nacional de Etiopía añadió que otros 260 combatientes tigrayanos resultaron heridos y varios más fueron capturados en una contraofensiva después de que el TPLF y sus aliados atacaran varias zonas de Wollo del Norte, una región de Amhara que limita con Tigray.

La intensificación de la guerra se produce días después de que el TPLF y otras seis organizaciones armadas anunciaran la formación de la Alianza de Fuerzas Populares Etíopes por la Supervivencia, que se comprometió a derrocar al Gobierno del primer ministro Abiy Ahmed, aliado del Estado de Israel, Emiratos Árabes Unidos y socio emergente de China en los BRICS. La coalición reúne al recién creado Movimiento Nacional Fano de Amhara, el Ejército de Liberación Oromo y otros movimientos de las regiones de Somali, Afar y Benishangul-Gumuz. “Estamos en una situación de guerra total”, declaró a la agencia AFP el vicepresidente del TPLF, Amanuel Assefa, quien confirmó que las fuerzas tigrayanas combaten junto a grupos armados locales en Afar y Amhara.

La escalada ha interrumpido el tráfico aéreo después de que las fuerzas tigrayanas se hicieran con tres aeropuertos locales. Los vuelos a Lalibela, sitio declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en Amhara y conocido por sus iglesias medievales excavadas en la roca, fueron suspendidos este jueves, según Reuters, que también recibió informes de combates en los alrededores.

El TPLF ya libró una guerra contra el Gobierno federal etíope en 2020, un conflicto de dos años que terminó con un acuerdo de paz en 2022 que se ha roto recientemente tras numerosas perturbaciones en la región de Tigray. El presidente de Etiopía, Taye Atske-Selassie Amde, atribuyó la escalada en la ONU a “las fuerzas de la destrucción y el caos” y a la “injerencias en nuestros asuntos internos por elementos adversarios”. Los analistas señalan que las fuerzas tigrayanas cuentan con el apoyo de Eritrea, que teme que Etiopía, sin litoral, planee invadir su territorio para acceder al mar Rojo, convertido en un activo estratégico de primer orden por el bloqueo del Estrecho de Ormuz.