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Sectores chavistas acusan a Delcy Rodríguez de “traición” por entregar la soberanía a EEUU

El expresentador e histórico militante del PSUV Mario Silva expresa “inmensa rabia y vergüenza” por la foto de la presidenta encargada con Trump, y la diputada Iris Varela sostiene que “por supuesto que hay una traición”.

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Foto: @PartidoPSUV (X)
Foto: @PartidoPSUV (X)

La foto de la presidenta encargada Delcy Rodríguez estrechando la mano de Donald Trump en Nueva York, en el marco de la Asamblea General de la ONU, ha terminado de levantar críticas abiertas y contundentes en el interior del chavismo. Lo que hasta hace unos meses eran críticas parciales o de bajo perfil se han convertido en un discurso público, coordinado y cada vez más duro contra Rodríguez, a la que sectores históricos del chavismo acusan de haber entregado la soberanía del país.

La reacción más reciente y directa se produjo este 23 de septiembre cuando Mario Silva, expresentador del programa televisivo La Hojilla, publicó un vídeo titulado “ESTÁN ARRASTRANDO A BOLÍVAR Y A CHÁVEZ” en su canal Mario Silva La Hojilla Nueva Cuenta de YouTube. Silva es una figura histórica e influyente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV): fue miembro de la dirección nacional del partido, diputado a la Asamblea Nacional y constituyentista en 2017, y su programa se emitió en VTV desde 2004 hasta su salida en marzo de 2026 tras el secuestro del presidente Nicolás Maduro.

Silva reacciona a la foto y el encuentro de Rodríguez con Trump en Nueva York en la Asamblea General de la ONU, calificando de “surrealista” y “escandaloso” que la presidenta encargada se reúna y se tome fotos, incluso haciendo la “V” de la victoria, con “quienes nos bombardearon el 3 de enero” y mataron a más de 100 compatriotas, incluyendo 32 cubanos que protegían al presidente. Acusa al gobierno interino de pisotear la memoria de Bolívar y de Chávez, pregunta por qué cerraron el Cuartel de la Montaña y no permiten homenajes a Chávez, y advierte que harán lo mismo con el Panteón Nacional. Rechaza las justificaciones oficiales de “retiro táctico”, “diplomacia de paz” o “manera de hacer política” y dice que hay “inmensa rabia” e “inmensa vergüenza” entre los chavistas leales. Menciona una demanda en su contra por supuesto agravios, difamación e incitación a la desobediencia contra el gobierno interino, y retoma el desafío: “Denúncienme por traición a la patria… ustedes no tienen moral ni cara para hablar de Chávez ni del Libertador”. Afirma que “entregaron el país de la forma más vil” y que “están arrastrando el nombre de Venezuela, de Chávez y de Bolívar”. Los comentarios del vídeo, con miles de visualizaciones y cientos de reacciones, repiten el mismo tono: “traición total”, “vende-patria”, “humillación”, “se arrodillaron ante los gringos genocidas”, “Delcy fue a cobrar la recompensa”.

Las críticas de Silva no son nuevas ni surgen solo de la foto con Trump. Ya el 10 de septiembre, Silva había publicado otro vídeo titulado “MENSAJE A LOS CAMARADAS QUE DESCONOCEN DE NUESTRA SITUACIÓN”, dirigido especialmente a militantes y simpatizantes en el exterior. Insiste en que efectivamente hay una rendición y un tutelaje de los Estados Unidos y el sionismo sobre Venezuela. Critica a quienes, desde afuera y de buena fe o por ingenuidad, creen que se puede negociar o llegar a acuerdos con el imperialismo: “Con Estados Unidos no se negocia nada. El imperialismo no negocia: conquista, busca, hurga hasta que revienta el país”. Por tanto, esta influyente figura del chavismo rechaza la lógica de “paz imperial” o “diplomacia” como justificación y dice que sirve solo para “mantener privilegios de quienes se rindieron”. Propone, como solución interna, una Asamblea Constituyente al estilo de Chávez. Acusa a analistas externos de caer en narrativas confusas que benefician a los que ejecutaron el plan del 3 de enero y a sus “cómplices internos”, y enfatiza que Venezuela es hoy un “espejo de la neocolonización del continente”.

“Fracaso cómplice del reformismo, el progresismo y las socialdemocracias”

El 11 de agosto Silva emitió otro programa de casi hora y media, La Hojilla y Al Filo, en el que abordaba la multiplicación de esfuerzos organizativos populares en América Latina frente a la ofensiva reaccionaria y el auge relativo de neofascismos. En ese programa, Silva criticaba el “fracaso cómplice” del reformismo, el progresismo y las socialdemocracias, a los que atribuye haber pavimentado el camino para estas fuerzas, y llamaba a la organización popular diversa en la región como respuesta. El programa contó con la participación de Xochtil Miguel, de El Salvador, y Manuel Morales, de Bolivia, para intercambiar experiencias de organización popular frente al avance reaccionario y buscar puntos de convergencia internacionalista en la región.

“Por supuesto que hay una traición”

Estas críticas se suman a las de otras figuras públicas del chavismo. Iris Varela, “la fosforito”, diputada y exresponsable del sistema penitenciario, ha sostenido que “por supuesto que hay una traición” en la captura de Maduro y que “todo Cristo tiene un Judas”. Rechazó el proceso de diálogo con la oposición como “una falsedad” y criticó duramente la gestión de Delcy. En julio de 2026, junto a Silva, convocó una concentración de militantes en la Plaza Bolívar de Caracas donde quemaron banderas de Estados Unidos e Israel. Elías Jaua, exvicepresidente, rechazó lo que llamó “la ocupación yanqui en Venezuela”; Rafael Ramírez, expresidente de PDVSA, calificó el acuerdo petrolero con Estados Unidos de “entreguista, colonial e inconstitucional”; y el Partido Comunista de Venezuela (PCV), históricamente ambivalente hacia el PSUV, ha denunciado que el gobierno opera bajo “subordinación y dependencia colonial” respecto a Trump. Influencers y bases radicales han llamado a Delcy “Judas femenina” y han circulado acusaciones, sin pruebas públicas concluyentes por el momento, de que ella y su hermano conspiraron para entregar a Maduro a los estadounidenses. Incluso el hijo de Maduro ha aludido a “traiciones”.

Los temas específicos de rechazo incluyen el acercamiento a EEUU y los acuerdos petroleros, que consideran una entrega de soberanía por el pacto que cede control significativo de reservas, con cifras reportadas alrededor del 22% o más en algunos análisis, y la normalización de relaciones, criticando que se abandone la retórica antiimperialista histórica. Rechazan también la reforma económica y el desmantelamiento del modelo chavista: la apertura a capital privado nacional e internacional en hidrocarburos y minería, con reformas a las leyes correspondientes, la eliminación de misiones y programas sociales emblemáticos, y el acercamiento al FMI y organismos multilaterales, que ven como “liquidación del socialismo del siglo XXI”.

El diálogo con la oposición y las amnistías, por su parte, los perciben como debilidad y concesión innecesaria, mientras exigen mayor presión por la liberación del presidente Maduro y la primera dama Cilia Flores. Diosdado Cabello, secretario general del PSUV y ministro del Interior, se mantiene en una línea de apoyo a Delcy. Ha calificado su presencia en la Asamblea General de la ONU como una “gran victoria” y ha dicho que ella lleva “la voz de todos los venezolanos”. Reconoce los “hechos tristes y lamentables” del 3 de enero, pero enfatiza la necesidad de “unidad del alto mando político” y del partido. Ha liderado marchas de respaldo a las decisiones de Rodríguez.

Los reportes internacionales ya reconocían previamente que el PSUV y el chavismo mostraban divisiones visibles desde inicios de 2026: un sector “pragmático”, alrededor de los Rodríguez y Cabello, apuesta por mantenerse en el poder con “adaptaciones” y “negociación” con Washington, mientras el núcleo ideológico más radical siente humillación por el abandono del antiimperialismo y ve las reformas como degradación del proyecto, descrito como “delcismo” y “máxima degradación” en análisis críticos internos.