Un ataque con misil contra el aeropuerto de Riad deja 13 muertos y más de 300 heridos
Ansar Allah reivindica la operación y una serie de ataques en 24 horas contra aeropuertos e instalaciones y advierte a las aerolíneas que el espacio aéreo saudí es “teatro de operaciones”, excepto La Meca y Medina.
Entre el 8 y el 11 de octubre se registraron varios ataques contra el aeropuerto internacional Rey Khalid de Riad (Arabia Saudí). El jueves 8, dos ataques contra las instalaciones aeroportuarias y un avión de Saudia causaron tres muertos, según la Autoridad General de Aviación Civil saudí. El sábado 10, un misil impactó en una terminal de pasajeros: hubo 12 muertos inicialmente y más de 300 heridos; el balance subió a 13 cuando murió un ciudadano indio herido. Las autoridades saudíes identificaron entre las víctimas a cuatro saudíes, dos bangladesíes y personas de Estados Unidos, Egipto, Jordania, Siria, Palestina, Sudán e India. Ansar Allah, movimiento yemení conocido como “hutíes” en la prensa occidental, reivindicó el ataque mortal el domingo 11.
El domingo 11, otro proyectil alcanzó la Terminal 4 del aeropuerto de Riad y causó un incendio. Las autoridades saudíes informaron de un muerto y 11 heridos en ese nuevo ataque. Ese mismo día, el portavoz militar de Ansar Allah, Yahya Saree, reivindicó también ataques contra el aeropuerto de Dammam y dos instalaciones de Aramco. La coalición saudí había informado de un proyectil caído cerca del aeropuerto Rey Fahd, en Dammam.
“Aeropuerto por aeropuerto, asedio por asedio, escalada por escalada”
El portavoz militar de Ansar Allah, Yahya Saree, declaró en televisión y en redes sociales que los ataques son una respuesta a la “agresión saudí brutal” y reclamó 124 ataques aéreos saudíes en las 24 horas previas al 11 de octubre, más de 2.000 desde el inicio de la escalada. Saree reivindicó operaciones “cualitativas” con misiles balísticos, de crucero y drones contra el Aeropuerto Rey Khalid, el Aeropuerto Rey Fahd y las instalaciones de Aramco. La fórmula que repitió fue: “Aeropuerto por aeropuerto, asedio por asedio, escalada por escalada” hasta lograr sus objetivos, que incluyen el fin del apoyo saudí a las fuerzas progubernamentales yemeníes y el levantamiento de los bloqueos. Y añadió una advertencia explícita: “Renovamos la advertencia a todas las compañías aéreas, expertos, empleados, trabajadores y viajeros contra el uso de aeropuertos y espacio aéreo saudíes, porque están expuestos a ser objetivos y son teatro de operaciones de nuestras fuerzas, excepto los aeropuertos de La Meca y Medina. [...] Arabia Saudí asume la responsabilidad de cualquier intercepción fallida”.
El general Turki al-Malki, portavoz de la coalición liderada por Arabia Saudí calificó el del 10 de octubre de “crimen de guerra completo” y prometió una respuesta “firme” y “decisiva”. La GACA confirmó los impactos y evaluó los daños a las instalaciones. El aeropuerto de Riad, símbolo del plan Vision 2030 del príncipe heredero Mohamed bin Salmán, sufrió cierres y cancelaciones masivas, y las escuelas de la capital pasaron temporalmente a modalidad online. Las autoridades energéticas saudíes confirmaron incendios en instalaciones de Aramco en oleadas previas de septiembre y la suspensión temporal de operaciones.
El ataque se produce en dentro de un enfrentamiento más amplio en el que Arabia Saudí y su coalición han sido acusados repetidamente de cometer crímenes de guerra y actos de genocidio contra Yemen. Organizaciones de derechos humanos yemeníes, como el Centro de Derechos Humanos de Yemen, han documentado que la coalición liderada por Riad ha mantenido un bloqueo terrestre, marítimo y aéreo sobre el país desde marzo de 2015, causando la muerte y lesiones de cientos de miles de civiles y lo que describen como “la peor crisis humanitaria de la época moderna”. El uso de fósforo blanco por parte de las fuerzas saudíes ha sido ampliamente denunciado por medios como The Washington Post y organizaciones como Amnistía Internacional, que señalan que estas municiones incendiarias, prohibidas contra zonas civiles pobladas, han sido empleadas cerca de la frontera yemení-saudí y en zonas como Saada. Además, Arabia Saudí ha sido acusada de apoyar y movilizar a facciones locales, como las milicias vinculadas al partido Al-Islah, para combatir a los “hutíes” y mantener su influencia en el país. El político irlandés Mick Wallace resumió esta posición al afirmar que “Arabia Saudí ha estado cometiendo genocidio en Yemen con el apoyo de Occidente desde 2015, lo que ha resultado en la muerte de más de 400.000 civiles, sin una sola palabra de condena por parte de los gobiernos ni de los medios internacionales”.
Los lanzamientos se produjeron en medio de la reciente escalada entre Arabia Saudí y Ansar Allah. Reuters informó a comienzos de octubre de que Riad preparaba opciones para una ofensiva contra Ansar Allah, mientras que las partes comunicaban cifras distintas sobre los ataques en Yemen. En este contexto, Ansar Allah justificó sus operaciones como represalia y Arabia Saudí condenó el ataque contra el aeropuerto y prometió responder. Anteriores ataques han forzado que Arabia Saudí suspendiera sus envíos de petróleo a Europa.
La escalada se produce tras la reanudación de hostilidades intensas desde julio de 2026, con combates en Taiz, la costa del Mar Rojo y las islas, donde cientos de ataques aéreos saudíes fueron reportados por ambas partes. Ansar Allah presenta sus operaciones como “represalia proporcional” y Arabia Saudí denuncia el carácter civil de los objetivos y promete represalias. Buena parte de la prensa occidental coincidió en señalar el ataque del 10 de octubre como el más mortal en Arabia Saudí en más de una década y el más grave en un país del Golfo desde el inicio de hostilidades más amplias en la región. Diferentes expertos destacan el riesgo de escalada regional, el impacto en el tráfico aéreo, la presión sobre Mohamed bin Salmán y las dudas sobre la participación directa estadounidense, con declaraciones de Trump sobre evaluar la situación.