Síguenos en:

Los ‘hutíes’ golpean instalaciones estratégicas saudíes

Los misiles y drones yemeníes alcanzan el aeropuerto de Riad y una refinería en Yanbu tras semanas de ofensiva en el mar Rojo, con Ormuz en alerta severa, Trump negándose a intervenir pese a las súplicas del príncipe y el tráfico en Bab al-Mandeb desplomado.

Añádenos en Google

Foto: @ILPS_Official (X)
Foto: @ILPS_Official (X)

La guerra del petróleo en Oriente Medio ha abierto un nuevo frente en Yemen. El movimiento Ansarrolah (popularmente conocidos como hutíes) lanzó este sábado una oleada de ataques con misiles balísticos, misiles de crucero y drones contra el aeropuerto internacional Rey Khalid de Riad y contra instalaciones petroleras en Yanbu, en la costa del mar Rojo, según confirmaron fuentes oficiales saudíes y el propio movimiento yemení. El coronel Turki al-Malki, portavoz de la coalición liderada por Arabia Saudí en Yemen, aseguró que las defensas aéreas “interceptaron y destruyeron” un misil balístico lanzado hacia Riad, así como otros proyectiles dirigidos contra infraestructuras en Baish, Taif, Farasan y Yanbu. Sin embargo, tres funcionarios con conocimiento del incidente citados por The Wall Street Journal confirmaron que el ataque alcanzó instalaciones de combustible de aviación en el aeródromo, donde se pudo ver una columna de humo negro. Horas después, Ansarrollah reivindicó los ataques contra Riad y Yanbu, aunque no estaba claro qué había sido impactado concretamente en la ciudad portuaria, que alberga una refinería y una terminal de exportación de crudo conectada al oleoducto Este-Oeste saudí.

El ataque es la última escalada de una ofensiva que la resistencia yemení inició a principios de septiembre y que le ha permitido tomar la ciudad portuaria de Mokha y la isla de Perim, en el estrecho de Bab al-Mandeb, la puerta sur del mar Rojo. Desde esa posición, el movimiento yemení puede estrangular las exportaciones petroleras saudíes, que ya se habían visto afectadas por un ataque con drones lanzado desde Irak que dañó el oleoducto Este-Oeste, la infraestructura decisiva para transportar crudo desde los yacimientos del Golfo hasta el mar Rojo y evitar así el estrecho de Ormuz. El Eje de la Resistencia busca precisamente eso: ralentizar las exportaciones saudíes para aumentar el coste económico de la guerra sobre Estados Unidos y sus socios.

El príncipe heredero Mohamed bin Salman llamó dos veces en un mismo día al presidente estadounidense Donald Trump para suplicarle ataques aéreos directos contra los hutíes, pero el presidente estadounidense se negó . Según The New York Times y Axios, el Pentágono había preparado listas de objetivos y aviones cargados con bombas, pero Trump revocó la orden en el último momento, temiendo abrir un segundo frente mientras su ejército sigue empantanado en Irán. El resultado es que Riad está solo en esta guerra, librando su propia campaña de bombardeos mientras Washington se limita a compartir inteligencia. Mientras tanto, el impacto en el tráfico marítimo ya es tangible: tras la captura de Mokha, el paso de buques por el Bab al-Mandeb cayó de 30 a solo 6 en un día, con cifras de un dígito en los días siguientes, en una ruta por la que transita el 12% del comercio mundial. Irán no necesita cerrar el estrecho con una flota: le basta con que sus aliados yemeníes controlen la orilla y disparen. Y con Ormuz bloqueado al norte y el Bab al-Mandeb amenazado al sur, Arabia Saudí queda atrapada entre dos corredores marítimos inseguros, sin ruta alternativa para su petróleo.

La pinza es geográfica, pero tiene un claro objetivo económico: estrangular al aliado más valioso de Washington en la región para que la presión sobre Irán se debilite. De hecho, el conflicto se sitúa en un contexto más amplio de cerco militar y económico, donde EEUU mantiene un bloqueo naval contra las exportaciones petroleras de Irán en el Golfo Pérsico, mientras Teherán y sus aliados responden atacando las rutas marítimas y la infraestructura energética de los países que sostienen el bloqueo. Yemen, por su parte, libra su propia guerra desde 2014, en la que una coalición liderada por Arabia Saudí intervino en 2015, matando a más de 150.000 personas y desplazando a millones, lo que ha llevado al país más pobre del mundo árabe al borde de la hambruna. Sin embargo, Ansarrollah no ha dudado en emprender acciones contra Israel, EEUU y Arabia Saudí cuando la situación de Gaza o Irán lo ha requerido.

Así, el estrecho de Ormuz sigue siendo un polvorín. Una agencia marítima británica informó este domingo de que el nivel de amenaza en la zona permanece “severo” después de que un proyectil alcanzara a un petrolero y dejara dos heridos entre la tripulación. Es el último de una serie de ataques contra buques que ha disparado los precios del crudo y ha provocado una escasez internacional de petroleros, con el precio del transporte de crudo disparado un 258% en dos meses. El almirante Brad Cooper, jefe del Mando Central de Estados Unidos, aseguró el sábado que más de mil millones de barriles de crudo de países aliados habían logrado salir del estrecho de Ormuz a pesar de los ataques iraníes, aunque no ofreció detalles sobre cómo se había calculado esa cifra y las empresas de seguimiento comercial manejan volúmenes menores, complicados por los buques que navegan con los transpondedores apagados para evitar ser atacados.

Arabia Saudí, por su parte, ha pedido apoyo internacional para contrarrestar las andanadas yemeníes, pero hasta ahora no ha habido una contraofensiva importante. Ansarrollah también reivindicó el derribo de un caza F-15 saudí el pasado miércoles, difundiendo imágenes que parecían mostrar los restos calcinados de la aeronave, aunque el régimen Saudí no ha reconocido formalmente la pérdida.