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El coste de la guerra de EEUU contra Irán se dispara a 47.000 millones de dólares

Incremento en más de 3.000 millones en semanas, desvío de fondos del Pentágono y rechazo público: la guerra de Israel y Washington lastra las elecciones legislativas.

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Foto: @CENTCOM (X)
Foto: @CENTCOM (X)

El alto mando militar de los Estados Unidos de América estima que la guerra lanzada por Israel y la administración de Donald Trump contra la República Islámica de Irán ha costado más de 47.000 millones de dólares hasta mediados de octubre, según un documento interno revisado por The Washington Post. La cifra supone un incremento de nada más y nada menos que 3.000 millones respecto a la última proyección del Mando Central, que situaba el gasto en 43.600 millones a principios de septiembre.

29.000 millones corresponden a municiones disparadas por las fuerzas estadounidenses en los ocho meses de guerra, y otros 6.000 millones a la destrucción de plataformas de armamento, incluidos aviones de combate. Además, la estimación no incluye los daños sufridos en las bases estadounidenses de la región, especialmente en el Golfo Pérsico, que han sido bombardeadas con drones y misiles balísticos iraníes. El Pentágono se ha visto obligado a desviar miles de millones de dólares de otras partidas de su presupuesto para cubrir las carencias provocadas por el envío masivo de tropas y equipos a Asia Occidental y mantenerlos sobre el terreno durante meses.

La guerra de agresión, iniciada unilateralmente el 28 de febrero por Washington y Tel Aviv, es profundamente impopular entre la población estadounidense y se ha convertido en un tema central de las elecciones legislativas de la próxima semana. Los votantes expresan su frustración por el aumento del precio de la gasolina y de otros bienes relacionados con el cierre del estrecho de Ormuz por parte de Teherán. Trump prometió al inicio de las hostilidades que la guerra duraría “unas cinco semanas”; nada más lejos de la realidad: su administración aún no ha logrado asegurar un alto el fuego duradero en términos que el presidente considere favorables a los intereses estadounidenses, y ha amenazado con reanudar los ataques contra Irán después de los comicios.

De acuerdo con un alto diplomático implicado en las conversaciones consultado por The Washington Post, los mediadores qataríes trabajan “intensamente” en un acuerdo que contemplaría la reapertura del estrecho de Ormuz a la navegación comercial a cambio del levantamiento del bloqueo naval estadounidense sobre los puertos iraníes, que también ha causado graves problemas económicos a Teherán. Sin embargo, el principal escollo de la negociación es la secuencia de las concesiones: Washington exige que Irán acepte primero restricciones a su programa nuclear civil, cosa que Teherán rechaza de entrada.

¿Hacia una guerra larga?

Las evaluaciones clasificadas de la CIA concluyen que Irán dispone de reservas de alimentos y combustible para varios meses, lo que le permitiría mitigar los efectos de una nueva campaña militar estadounidense. Según un funcionario citado por el diario, Irán podría responder a nuevos ataques de tres maneras: restringiendo aún más el tráfico en el estrecho de Ormuz, incrementando los costes económicos para Estados Unidos; perpetrando ataques contra objetivos estadounidenses; o llevando a cabo operaciones cibernéticas contra infraestructuras en territorio norteamericano. La guerra, por tanto, no tiene visos de terminar rápidamente ni de aliviar la presión sobre la clase trabajadora estadounidense, que sufre el encarecimiento de los bienes básicos y cuyas condiciones de vida se deterioran mientras el complejo militar-industrial y las corporaciones energéticas multiplican sus beneficios. El Pentágono desvía fondos de servicios sociales a la guerra, mientras los contribuyentes pagan la factura de una guerra decidida en los despachos.