Se agudiza la competencia entre Vox y Aliança Catalana por el espacio electoral racista
El auge reaccionario provoca una competencia feroz por el votante más extremista, con los de Orriols acusando a Vox de "mano blanda" con la inmigración latinoamericana.
La creciente diversidad y competencia dentro del espacio electoral fascista en el Estado español está provocando una escalada en la radicalización de los discursos, con algunos sectores atacando frontalmente a Vox por sus contradicciones o "falta de radicalidad". El País señala que el fenómeno muestra cambios de tendencia: la líder de Aliança Catalana, Sílvia Orriols, atacó públicamente al diputado de Vox Sergio Macián durante un debate sobre inmigración en el Parlament de Catalunya. Tras la intervención de Macián —que clamó contra lo que calificó como "delincuencia importada" y pidió más plazas en centros de internamiento—, Orriols le espetó: "Ya se parecen al presidente Pujol... Como hablan español, no les importa que [los latinoamericanos] hayan formado bandas [o que] las drogas circulen por las calles como golosinas".
El enfrentamiento discursivo ilustra una competencia acelerada por el mercadeo de votos. Según explica el politólogo Héctor Sánchez Margalef, investigador del Cidob, cada fuerza "marca territorio allí donde ve una oportunidad, sea por contradicciones o falta de radicalidad de las demás". La autora Anna López, experta en extrema derecha europea, añade que "Vox ha ensanchado tanto ese espacio que no puede abarcarlo y deja libres zonas para independentistas, antisistemas o neonazis", lo que facilita la entrada de competidores como Aliança Catalana.
El principal campo de batalla es la inmigración, donde Vox aplica una "doble vara de medir" estratégica. Mientras presenta a las personas migrantes procedentres de África y a los musulmanes como "incompatibles con la cultura occidental", tiene gestos con los latinoamericanos, a los que ve como "fáciles de integrar". El País apunta a que, más allá de las razones histórico-culturales, esta postura responde a incentivos políticos concretos: por un lado, no lastimar las alianzas estratégicas de Abascal en Latinoamérica; por otro, no alejar a un potencial electorado, puesto que los latinoamericanos pueden obtener la nacionalidad española —y por tanto el derecho a voto— en tan solo dos años por residencia, y son además la mayoría entre los 2,4 millones de personas que han iniciado trámites para la nacionalidad por descendencia de exiliados, según la Ley de Memoria Democrática. Algunos sectores de la inmigración latinoamericana, además, se acercan a las tesis reaccionarias a traves de agrupaciones parroquiales evangelistas, cuya presencia dobla con holgura a la de las mezquitas.
En una entrevista con El Confidencial, Orriols habló abiertamente sobre esta rivalidad con Vox el pasado noviembre, afirmando que "Aliança Catalana no tiene techo, ellos sí" y describiendo a Vox como un "partido político bastante más retrógrado en muchos sentidos" y "bastante ultraconservador". Orriols consideró que Vox "ha tocado techo" porque "no hay más posibles votantes que compartan o comulguen con la mayoría de sus postulados ideológicos". En contraste, aseguró que su formación está "convenciendo a gente de derechas, de izquierdas, de extrema derecha, de extrema izquierda", incluyendo a "personas de la CUP o exvotantes de la CUP". La fascista catalana también advertía de un cambio táctico en Vox, afirmando que "han sido lo bastante listos como para darse cuenta de que debían reformular cosas internamente", como vincular su discurso sobre el velo islámico con una supuesta "defensa de la mujer", aspectos en los que "de alguna manera están copiando la fórmula" de Aliança Catalana. Orriols vinculó esta competencia con un hecho concreto: "Una de las consecuencias del 'efecto Orriols' [...] es que ahora Vox hace muchas más intervenciones en catalán desde la tribuna", algo que calificó de "positivo" porque "estamos recatalanizando el país".
Este enfrentamiento interno del espacio fascista, que trasciende el mero debate parlamentario, muestra cómo la normalización de la agenda reaccionaria —catapultada en gran medida por el éxito electoral de Vox— ha abierto la puerta a una competencia que busca capitalizar el descontento del sector más extremista. La acusación de Orriols de que Vox emplee "mano blanda" con la inmigración latina marca un nuevo frente en la batalla por la hegemonía dentro de este espacio político en expansión, donde la crudeza y la irracionalidad del mensaje se convierten en moneda de cambio.