El 1 de febrero de 1980, Yolanda González Martín, una joven militante comunista de 19 años, fue secuestrada y asesinada por un comando de pistoleros fascistas en Madrid. Nacida en Bilbo (Bizkaia) el 20 de enero de 1961, Yolanda se trasladó a Madrid para estudiar electrónica, y como muchos otros, se involucró activamente en la militancia estudiantil y en el Partido Socialista de los Trabajadores (PST). Su compromiso político y social la convirtió en un objetivo para los grupos fascistas que arremetían impunemente contra la clase obrera revolucionaria.

Aquel trágico 1 de febrero, Yolanda fue secuestrada en su domicilio en el barrio de Aluche, Madrid. La torturaron y asesinaron con varios disparos en la cabeza. Su cuerpo fue encontrado al día siguiente en una carretera cercana a la capital, consumando un crimen que se inscribe en una serie de atentados perpetrados por los grupos fascistas y parapoliciales durante los primeros años de la Transición, que buscaban aterrorizar a la clase obrera organizada y frenar sus conquistas económicas, políticas y sociales.

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Años más tarde, se ha revelado que varios de los asesinos de Yolanda trabajaron para los Cuerpos y Fuerzas de la Seguridad del Estado en casos judicializados y formando a sus agentes en técnicas forenses de espionaje y rastreo informático. Destaca el caso de Emilio Hellín, que con su empresa de "seguridad" formó a agentes de varios cuerpos policiales durante años y ofreció servicios de guardaespaldas a políticos del Partido Popular.

A 45 años de su asesinato y con los responsables políticos y materiales gozando de impunidad absoluta en los aparatos del Estado, Yolanda González sigue viva en la memoria de quienes luchan contra el fascismo y por una sociedad sin opresión ni explotación.