El porcentaje de personas desempleadas con títulos universitarios de cuatro años en los Estados Unidos de América alcanzó en enero un récord del 36,6% entre la población mayor de 25 años, según datos publicados por Bloomberg. Esta cifra refleja en parte que los graduados superiores representan una proporción cada vez mayor de la fuerza laboral —el 45,4% de los ocupados tiene estudios universitarios, también cerca del máximo histórico—, pero la brecha entre ambas tasas se ha reducido casi a la mitad desde mediados de 2023, lo que indica un deterioro relativo de su posición en el mercado laboral. Los analistas de la agencia señalan que el fenómeno coincide con el impacto de la inteligencia artificial generativa en ocupaciones administrativas y técnicas tradicionalmente desempeñadas por trabajadores con formación superior.

La evolución del empleo entre los jóvenes titulados muestra signos contradictorios. La tasa de paro para el grupo de 20 a 24 años cayó al 7,1% en enero, muy por debajo del 9,1% de septiembre, mientras que para la franja de 25 a 34 años se mantuvo en el 4,8%, la misma cifra que en otoño pero superior a la de hace un año. Un estudio de la Universidad de Stanford publicado el año pasado y titulado ¿Canarios en la mina de carbón? encontró que el empleo entre trabajadores al inicio de su carrera comenzó a caer en las ocupaciones más sensibles a la IA —mayoritariamente desempeñadas por titulados universitarios— poco después del lanzamiento de ChatGPT en noviembre de 2022.

La diferencia salarial de los titulados universitarios —la brecha de ingresos respecto a quienes solo completaron la educación secundaria— sigue siendo "extremadamente grande" en términos históricos, según un análisis del Banco de la Reserva Federal de San Francisco, pero ha dejado de crecer. Los trabajadores con máster ganan un 98% más que los que solo tienen graduado del instituto; los doctores, un 145% más; y los titulados en Derecho, Medicina o MBA, un 154% más. Sin embargo, un estudio de la Universidad de Princeton y la Universidad de Vanderbilt publicado el año pasado revela que esa ventaja salarial ha caído para los estudiantes de familias con bajos ingresos mientras ha aumentado para los de familias ricas, debido al deterioro de la calidad educativa en las universidades públicas y al desplazamiento de estos últimos hacia carreras tecnológicas.

El mercado laboral para recién titulados en disciplinas tecnológicas también muestra signos de saturación. Según datos de la Reserva Federal de Nueva York correspondientes a 2024, ingeniería informática registró la segunda tasa de paro más alta entre todas las carreras (7,8%), solo superada por antropología, y ciencias de la computación la cuarta (7,0%). A pesar de ello, los salarios medios de estos titulados (90.000 y 87.000 dólares anuales respectivamente) duplican los de las carreras humanísticas.

La paradoja muestra la dinámica de un mercado laboral cada vez más polarizado: el capital necesita trabajadores con formación universitaria para determinados nichos tecnológicos, pero al mismo tiempo acelera la obsolescencia de sus propias competencias mediante la innovación tecnológica, generando un ejército industrial de reserva de titulados cuya formación ya no garantiza estabilidad ni ingresos suficientes. El discurso del "valor de la educación" choca con la realidad de una economía que produce precariedad incluso para "los más formados", mientras los beneficios se concentran en las cúpulas directivas y los accionistas de las grandes corporaciones tecnológicas.