Ucrania encara el quinto año de guerra cada vez más sola
La 'Operación Militar Especial' de Rusia cumple cuatro años con un balance devastador y un apoyo occidental en retroceso. El giro de Trump, la fatiga europea y la deriva autoritaria de Zelensky aíslan a Ucrania.
Este 24 de febrero se cumplen cuatro años del inicio del inicio de la spetsiálnaya voiénnaya operátsiya (Operación Militar Especial) de la Federación Rusa en Ucrania, una guerra que comenzó como una intentona de de invasión rápida sobre Kiev, y que, tras casi 1.500 días de guerra, ha entrado ya en una fase de desgaste y creciente soledad para Ucrania.
Lo que en 2022 fue presentado por Occidente como "una cruzada en defensa de los valores democráticos" frente a la "barbarie rusa" se ha transformado en un conflicto incómodo del que los líderes europeos y Washington buscan desengancharse. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca solo ha acelerado este proceso: el inquilino de la Casa Blanca considera la guerra "una cuestión que hay que terminar rápido para volver a hacer negocios", y la presidencia de EE.UU. ha pasado de considerar a Zelensky un "héroe" a llamarle "dictador", reconocer que se niega a convocar elecciones.
Sobre el terreno, la situación es desoladora. Se estima que entre 12.000 y 35.000 soldados rusos mueren cada mes, según las estimaciones, mientras que las bajas ucranianas se desconocen por completo. La población civil está atrapada en edificios sin calefacción en el invierno más frío de los últimos 15 años, con amplias zonas del país sin electricidad ni gas.
La atención mediática, que en los primeros meses de guerra llenaba las televisiones con mapas interactivos y corresponsales de guerra, se ido desvaneciendo para dar paso al cansancio y las teorías conspirativas. Mientras tanto, la corrupción sistémica en Ucrania —desde el Ministerio de Defensa hasta la empresa energética estatal— y la deriva autoritaria de Zelensky, que ha acaparado cargos para sus afines y ha intentado amordazar a los órganos anticorrupción, han contribuido a erosionar el apoyo internacional.
El cambio de paradigma es total. La administración Biden empleó la guerra para generar problemas y debilitar a Rusia; la administración Trump la utiliza para presionar a una Europa que aún resiste parcialmente a los proxys ultraderechistas que impulsa desde Washington, un plan plasmado explícitamente en la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025. Además, recientemente se han revelado indicios del papel del ideólogo Steve Bannon y las redes de influencia del difunto pederasta multimillonario Jeffrey Epstein en el desarrollo previo de esta estrategia, que data de años atrás.
Para el presidente ruso Vladimir Putin, la cúpula del Kremlin y sus estrategas, el conflicto se ha convertido en una "cuestión existencial", mientras los europeos descubren ahora, con Macron y Meloni a la cabeza, que "es necesario hablar con Putin", después de haberle demonizado durante cuatro años y haber terminado de hundir su industria con precios energéticos disparados. En las calles de Europa cunde el hastío y cada vez más voces señalan la opción de entregar el Donbass, que lleva en guerra desde 2014, para zanjar la cuestión.
En medio de todo ello, Ucrania se prepara para entrar en el quinto año de guerra a gran escala con Rusia. El país que fue portada del Times es hoy una noticia ocasional en los medios. El hastío social, los planes de rearme, el agujero financiero, el endeudamiento, los intereses geopolíticos de las grandes potencias y la debilidad de un gobierno acosado por la corrupción y las deserciones en masa dibujan un panorama sombrío para los gobernantes de Kiev, pero sobre todo para el pueblo ucraniano, que ve cómo sus hijos son reclutados forzosamente mientras las promesas de victoria se desvanecen y las negociaciones que diseñarán el futuro de Europa se negocian a sus espaldas.