Repaso histórico de las posiciones del PSOE ante la OTAN y la guerra
Del "OTAN, de entrada NO" al "no a la guerra en Irán", la historia muestra cómo el PSOE empleó su "no" a la Alianza y las guerras por motivos electoralistas, para luego cambiar su postura y fagocitar a la izquierda.
El anuncio de Pedro Sánchez de que el Gobierno español no permitirá que Estados Unidos utilice las bases militares de Rota y Morón para su ofensiva contra Irán ha generado expectativas entre sectores que celebran la decisión como un gesto de ruptura con la política exterior de Washington y la OTAN. Al mismo tiempo, este movimiento reabre una cuestión histórica conocida: cómo el PSOE ha instrumentalizado supuestos compromisos "antibelicistas" con fines electorales, especialmente cuando percibe un clima social contrario a EE.UU.
La hemeroteca coloca en primer plano las palabras de Felipe González el 6 de octubre de 1981, cuando era secretario general del PSOE y todavía no presidía el Gobierno: “Nuestro partido no asume la decisión de integrarse en la OTAN, y, por consiguiente, estará en contra de la misma, con las consecuencias históricas que tenga mantener una coherencia lógica entre lo que decimos y lo que pensamos hacer”. Este posicionamiento quedó asociado a la consigna que el propio partido difundió entonces: “OTAN, de entrada NO”.
En aquel momento, el PSOE se presentaba como referencia de la izquierda institucional, recién reforzado tras el Congreso de Suresnes y aún sin responsabilidades de gobierno. El Estado español, sin embargo, ya estaba vinculado informalmente a la Alianza Atlántica desde 1953, con varios acuerdos bilaterales entre régimen franquista y Estados Unidos. Posteriormente, Washington había intentado formalizar la entrada española en la OTAN en 1975, propuesta que fue rechazada por los aliados. Tras la muerte de Franco, fueron los gobiernos de UCD quienes solicitaron y obtuvieron la adhesión, pese a la oposición social y política de toda la izquierda, según recordaba el Grupo de trabajo Desmemoriados en su artículo OTAN, de entrada NO, o las piruetas del Poder publicado en 2018.
En octubre de 1981, cuando se debatía en el Parlamento la adhesión, Alianza Popular, Unión de Centro Democrático, el PNV y los convergentes catalanes apoyaron la entrada, mientras que las fuerzas de izquierda se opusieron a la misma. El 30 de mayo de 1982, bajo el Gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo y tras la intentona golpista del 23 de febrero de 1981, el Estado español se convirtió en miembro de pleno derecho de la OTAN. Pocos meses después, en octubre de 1982, el PSOE ganó las elecciones por mayoría absoluta, alimentando la expectativa de que su llegada a La Moncloa podría significar la salida del Tratado Atlántico. Nada más lejos de la realidad.

Llegada del PSOE el Gobierno
Felipe González había reclamado celebrar un referéndum “por respeto a la opinión pública” y llegó a afirmar que “del mismo modo que hemos dicho ‘de entrada, no’ estamos dispuestos a decir ‘de salida, sí’”, según recogen las octavillas del PSOE de 1982. En aquel material se sostenía, entre otras cosas, que “los riesgos de ingresar en la OTAN son evidentes; la cesión de soberanía que conlleva, también” y se exigía “la celebración de un Referéndum, cuyo resultado respetaremos como demócratas”.
Una vez el PSOE accedió al Gobierno, de entrada y como buen "demócrata", retrasó casi tres años y medio la consulta. El referéndum sobre la permanencia en la OTAN se convocó finalmente para el 12 de marzo de 1986, justo hace 40 años, tras una etapa de movilización sostenida en la que los movimientos sociales y organizaciones políticas se articularon al margen de la pirueta con doble tirabuzón del PSOE para mantener el no a la Alianza. Continuaron realizando históricas protestas con amplio seguimiento y un ambiente social que parecía inclinarse hacia las opiniones favorables a la salida.
Cuando llegó la consulta, la posición del Gobierno y de la dirección del PSOE era ya radicalmente distinta a la que había mantenido mientras estuvo en la oposición, provocando que Tierno Galván y otros disidentes lo denunciaran como “traición”. Entonces, la camarilla de González empleó a fondo todo su aparato propagandístico desde el aparato del Estado: estudiaron al detalle cómo formular la pregunta del referéndum y qué presiones políticas podían ejercer para condicionar el proceso. Uno de los chantajes más explícitos fue la promesa de dimisión de Felipe González como presidente de gobierno, una maniobra que había aprendido en el Congreso del PSOE en Suresnes para forzar el abandono del marxismo de forma antidemocrática. Esta vez, González presentó la hipotética salida como “amenaza de debacle en el futuro del país”. Y esto no era una cuestión menor, como explica el historiador y profesor de Ciencia Política de la UAB Enric Prat: la idea de la cúpula del PSOE era que la población pensara que una victoria del 'no' supondría la dimisión del Gobierno y la convocatoria de unas nuevas elecciones, en las cuales Coalición Popular podría ganar y aprobar la plena integración en la OTAN con la pista libre. Así, muchas personas personas contrarias a la permanencia en la OTAN quedaron paralizadas ante esta perspectiva y optaron por abstenerse, votar en blanco o incluso votar “Sí”, porque pensaban que votando “No” estaban debilitando las posibilidades del PSOE para seguir gobernando, "consolidando la democracia", "promoviendo políticas progresistas", etc.; es decir, les aplicaron la fórmula general de la hegemonía del PSOE como partido de Estado, o lo que los más jóvenes conocen como You have been PSOED o ser psoizado.
Al mismo tiempo, el PSOE pasó de denunciar que la OTAN integraba dictaduras como Grecia, Portugal o Turquía a defender que la alianza “agrupaba países genuinamente democráticos”, y, como guinda del pastel de la operación de guerra psicológica, la campaña por el “sí” a la permanencia contó con el apoyo de numerosas figuras mediáticas que firmaron cartas publicadas en la prensa a favor de la OTAN. La crónica de Desmemoriados recuerda especialmente al periodista deportivo José María García, que aprovechó una aparición televisiva en prime time para manifestar su respaldo “sin venir a cuento” a las tesis del Gobierno.
El resultado del referéndum de 1986 trajo una victoria del ‘sí’. En el conjunto del Estado, la participación fue del 59,42%, con un 52,5% de votos favorables a permanecer en la OTAN, un 39,85% en contra y un 6,54% en blanco. Solo en Catalunya y Euskal Herria se impuso el ‘no’, y Las Palmas de Gran Canaria destacó como excepción en el resto del Estado al registrar un voto contrario a la OTAN superior en 50.000 papeletas al favorable. Por lo demás, el balance general para los movimientos sociales contrarios a la Alianza fue duro, hundiendo moralmente y terminando de devorar a un amplio espectro de fuerzas progresistas independientes a la izquierda del PSOE. En diciembre de 1984, Manuel Sacristán anticipaba los posibles efectos: “Tal vez lo más importante que ocurra si el consenso de unos y otros políticos nos integra definitivamente en la OTAN, no sea la integración misma, sino la imposición a los españoles del sentimiento de impotencia, de nulidad política, de su necesidad de obedecer y hasta de volver su cerebro y su corazón del revés […]. Hacia dentro es la OTAN para España tan temible como hacia fuera, y más corruptora”. Sin embargo, varios militantes de la época y los estudios académicos posteriores como el de Javier Contreras Becerra también recuerdan la lucha por el 'no' a la OTAN como una experiencia valiosa que permitió expandir la actividad, la articulación y la colaboración entre múltiples sectores del movimiento popular.
Cuatro décadas después, el balance sobre los compromisos oficiales asumidos por el Gobierno del PSOE tras el referéndum es claro. No se cumplió ninguna de las tres condiciones anunciadas entonces —“no incorporación a la estructura militar”, “prohibición de instalar, almacenar o introducir armas nucleares en territorio español” y “reducción progresiva de la presencia militar de Estados Unidos en España”—. De hecho, la trayectoria posterior del PSOE en la OTAN no ha hecho más que reforzar ese giro. El propio partido que había levantado el eslogan “OTAN, de entrada NO” acabó aportando a la Alianza al primer secretario general de nacionalidad española, Javier Solana, exministro del PSOE que ocupó el cargo entre 1995 y 1999, nada más y nada menos que durante la Guerra de Yugoslavia, incluido el bombardeo de la OTAN sobre Belgrado (Serbia).
"No a la guerra" en tiempos de Zapatero
Posteriormente, el PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero convirtió el lema "no a la guerra" de las protestas populares como herramienta electoral de 2004, posicionándolo con un rechazo frontal a la invasión de Irak respaldada por el presidente José María Aznar junto a George Bush y Tony Blair, una guerra sin aval de la ONU que había generado un rechazo masivo. Con unas 2 millones de personas en Madrid tras los atentados del 11 de marzo de 2004, el "no a la guerra" obtuvo un respaldo mayoritario del 90% según sondeos CIS. Zapatero prometió explícitamente retirar las 1.300 tropas españolas enviadas por el Gobierno del PP si llegaba al Gobierno —"no queremos, no podemos y no vamos a actuar de espaldas a la voluntad de los españoles"—, un compromiso reiterado en mítines, debates y el discurso de investidura, donde condicionó la presencia a una resolución ONU que nunca llegó. Esta estrategia electoralista capitalizó el desgaste del PP tras los atentados del 11-M —que el PP y su entorno mediático trataron de atribuir inicialmente a ETA—, remontando en las urnas desde 4 puntos atrás hasta ganar por mayoría simple (5,2 millones votos vs. 4,1 del PP), desbancando a Aznar y retornando al PSOE a La Moncloa tras 8 años en la oposición; horas después de la investidura, ordenó la retirada inmediata sin esperar al 30 de junio prometido.
A partir de todo este pasado asistimos a la negativa actual de Pedro Sánchez a ceder las bases de Rota y Morón para la ofensiva contra Irán, lo que abre la discusión sobre el alcance real del gesto. El precedente del referéndum de 1986 muestra que el PSOE ha utilizado en otras ocasiones consignas contrarias a la OTAN y a la subordinación militar para, ya en el poder, avalar la permanencia en la alianza atlántica, aceptar sus planes de guerra y mantener la presencia de fuerzas estadounidenses en territorio español. Quienes hoy miran con esperanza la decisión sobre el supuesto "veto" en las bases recuerdan olvidan que aquella promesa de “de entrada, no” desembocó en una permanencia sin las garantías proclamadas y en un alineamiento estable con los intereses estratégicos de Estados Unidos.
Guerra de Ucrania y rearme Europeo con el "Gobierno más militarista de la historia"
Como se volvió a comprobar posteriormente, el PSOE no ha tenido ningún problema para mantener su lealtad absoluta al mandato de EE.UU. y la OTAN en la guerra de Ucrania, donde comprometió el equivalente a 30 hospitales públicos o 50.000 viviendas sociales en ayuda a Kiev en solo tres años. A esto se suma el hecho reseñable: el Gobierno de colaición progresista presidido por Pedro Sánchez, tanto con Unidas Podemos como con Sumar, es el que mayor aumento del gasto militar ha asumido en toda la historia del Estado español. Además, todos estos paquetes militares se han aprobado por decreto, sin debate parlamentario, reasignando fondos entre ministerios.
Los citados episodios resumen el recorrido desde aquel primer “OTAN, de entrada NO” y su posterior reverso por parte del PSOE, condiciones históricas necesarias para que Estados Unidos mantenga hoy el acceso privilegiado a las bases de Rota y Morón, permitiendo su uso en operaciones militares criminales pese a vetos puntuales declarados verbalmente a posteriori, como está haciendo Moncloa en estos momentos. El problema hunde directamente sus raíces en las decisiones tomadas tras aquel referéndum, donde las tres condiciones prometidas —no incorporación a la estructura militar de la OTAN, prohibición de armas nucleares en España y reducción progresiva de la presencia militar estadounidense— han sido eliminadas, no solo del programa del PSOE, sino del imaginario colectivo.
En la coyuntura actual, esta historia cobra aún más peso al recordar otros “noes” más recientes del PSOE: el "rechazo" al envío de armamento a Israel, desmentido por RESCOP y el Centre Delàs, el reciente "no a la guerra" en Irán de Pedro Sánchez, desmentido también con simples seguimientos de aterrizajes, despegues en las bases de Rota y Morón en la web Flightradar24 y el envío de una fragata española a Chipre durante la guerra contra Irán o las negativas sucesivas al 3%, 3,5% o 5% del PIB en gasto militar exigido por la OTAN, que habrá que ver a dónde va a parar en los próximos años. La perspectiva histórica ofrece pistas sobre todos estos compromisos de entrada.