El presidente de Vox, Santiago Abascal, ha confirmado este lunes que su partido formará parte de los gobiernos autonómicos de Extremadura, Aragón y Castilla y León si se alcanzan acuerdos programáticos con el PP, según informa EFE. En una rueda de prensa posterior al Comité de Acción Política de su formación, Abascal ha afirmado rotundamente: "Vamos a gobernar en las tres regiones", descartando cualquier repetición electoral y subrayando que primero deben negociarse las medidas y cerrar los pactos de gobierno. Los fascistas, que en Castilla y León ha obtenido 14 escaños —uno más que en 2022—, se consolidan así como socio indispensable para la gobernabilidad en comunidades donde el PP no alcanza la mayoría absoluta.

Por su parte, el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, ha instado a Vox a actuar con "responsabilidad" tras la victoria de Alfonso Fernández Mañueco en Castilla y León, y ha reclamado a la formación de Abascal que "deje de jugar" con la gobernabilidad de Extremadura y Aragón. En una intervención ante la Junta Directiva Nacional, Feijóo señaló que "ni los votantes del PP ni los de Vox merecían que estos territorios fueran usados como moneda de cambio en campañas electorales", y advirtió de que "no se puede hacer a los españoles cautivos de la estrategia de ningún partido". Sin embargo, el líder popular no planteó ningún veto explícito a pactar con los fascistas y se limita a pedir que "se priorice la formación de gobierno" a partir del programa del PP.

El escenario postelectoral en Castilla y León, donde el PP ha obtenido 33 escaños, lejos de la mayoría absoluta de 42, convierte a Vox en la llave de gobierno por segunda legislatura consecutiva. Los resultados del 15M, con una participación del 65,7%, confirman la tendencia a la fragmentación y la dependencia de los populares de Vox para mantenerse en el poder. Tanto en Extremadura como en Aragón, donde el PSOE resiste sin opciones de gobernar, la tendencia se repite: el PP necesita a Vox para formar ejecutivo, y Abascal ha dejado claro que no facilitará sus votos si no se aplica su agenda.

Mientras Abascal reclama su lugar en los gobiernos autonómicos, Feijóo opta por un discurso de ambigüedad calculada: pide "responsabilidad" y evita el veto, pero no concreta hasta dónde está dispuesto a llegar. La realidad es que, tras las elecciones del domingo, el PP ya no puede ignorar que gobernar en buena parte del territorio del Estado pasa por sentarse a negociar con los fascistas. Y Abascal, consciente de su capacidad de presión, no solo lo sabe, sino que lo proclama sin complejos: Vox gobernará. La pregunta es hasta qué punto asumirá el PP el programa de gobierno de Vox con tal de gobernar.