El primer ministro de Eslovenia, Robert Golob, ha denunciado ante la Unión Europea una operación de “injerencia extranjera” supuestamente orquestada por la empresa israelí de inteligencia privada Black Cube para favorecer al candidato ultraderechista Janez Janša en las elecciones legislativas celebradas este domingo. Según el comunicado del Gobierno esloveno y los informes de los servicios de inteligencia nacionales (Sova), tres representantes de Black Cube —Giora Eiland, Liron Tzur y el propio CEO, Dan Zorella— se reunieron el pasado diciembre con Janša en la sede de su partido, el SDS, para coordinar "una campaña de desinformación y difamación" contra el gobierno progresista. Golob, que ha revalidado su mandato con un 28,6% de los votos aunque sin mayoría absoluta, ha mandado una carta a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, y al presidente del Consejo Europeo, António Costa, en la que advierte de que estas prácticas constituyen “una clara amenaza híbrida contra los países europeos” y una vulneración de los “valores, procedimientos y procesos políticos comunes” de la Unión.

Janša, ex primer ministro y líder del Partido Democrático Esloveno (SDS), ha reconocido el encuentro con los representantes de Black Cube, pero aseguró "no conocer la empresa" y afirmó que su contacto con Eiland se debía a que este había sido asesor de seguridad nacional de Israel. Sin embargo, los servicios eslovenos detallan que los agentes israelíes participaron en “actividades de parainteligencia contra la República de Eslovenia”, con el objetivo de "desacreditar al gobierno de Golob mediante grabaciones obtenidas con engaños y la difusión de acusaciones de corrupción". El primer ministro esloveno ha vinculado estas operaciones a la publicación en plena campaña de grabaciones manipuladas contra personalidades cercanas a su gobierno, en un intento de erosionar su apoyo electoral. Las elecciones, que se celebraron el domingo, han dejado un parlamento fragmentado en el que el Movimiento Libertad (GS) de Golob deberá pactar con socialdemócratas e izquierdas para reeditar su gobierno, en un contexto donde la lucha política se presenta como una competición electoral entre una izquierda institucional europeísta y la extrema derecha alineada con el presidente estadounidense Donald Trump y el primer ministro húngaro Viktor Orban.

La empresa Black Cube, que se presenta como especializada en la “búsqueda de la verdad” y presume de estar integrada por “veteranos de las unidades de inteligencia de élite de Israel”, tiene una estructura internacional con sede central en Tel Aviv y filiales en Singapur, Londres y Madrid. La oficina de Madrid es la única que la empresa israelí tiene en territorio de la Unión Europea, según consta en su página web. Black Cube fue fundada en 2011 por exoficiales del Mossad, y en su consejo asesor internacional figura Efraim Halevy, director del Mossad entre 1998 y 2002. El propio gobierno israelí contrató los servicios de la empresa en el pasado: The Jerusalem Post publicó en 2019 que Black Cube había sido “contratada por el Ministerio de Defensa” de Israel para desarrollar “proyectos de inteligencia” entre 2012 y 2014, llegando a destinar empleados a una base de inteligencia de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI).

En los últimos años, la empresa ha sido señalada por operaciones de espionaje en Hungría (para favorecer a Viktor Orban en las elecciones de 2018 y 2022), en Rumanía (para intimidar a la exfiscal jefe anticorrupción Laura Kovesi, hoy jefa de la Fiscalía General de la UE) y en Estados Unidos, donde trabajó para la campaña de Donald Trump espiando a funcionarios de la administración Obama.

El caso esloveno evidencia la injerencia del sionismo en la política europea, con el genocidio en Gaza y la guerra contra Irán como telón de fondo. Mientras el gobierno de Golob se alinea con la posición de española, irlandesa y noruega en el "reconocimiento del Estado palestino", Janša se ha perfilado como el principal valedor explícito de Israel en la política eslovena, con una trayectoria marcada por el revisionismo histórico, control autoritario de los medios de comunicación y la alianza con Orban y Trump. Sin embargo, Black Cube ha convertido Madrid en su base de operaciones en la UE, por lo que el Gobierno español, que presume de su "no a la guerra" y de su "defensa del derecho internacional", deberá decidir si permitirá que su territorio siga siendo el cuartel general europeo de una empresa sospechosa de desestabilizar a sus aliados.