El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, anunció este miércoles que su país suspenderá las exportaciones de gas a Ucrania hasta que Kiev reanude el tránsito de petróleo ruso hacia territorio magiar. “Mientras Ucrania no suministre petróleo, no recibirá gas de Hungría”, declaraba Orbán en un vídeo publicado en Facebook. El mandatario húngaro precisó que el bloqueo será "gradual", sin ofrecer un calendario concreto. En octubre de 2025, el gas procedente de Hungría representaba el 46% del volumen total importado por Ucrania, según datos de la Fundación de Investigaciones Económicas Oeconomus. El conflicto energético se remonta a finales de enero, cuando un ataque ruso dañó el oleoducto Druzhba, que transporta crudo desde la Federación Rusa hacia Hungría y Eslovaquia.

La decisión se produce en plena campaña electoral para las elecciones legislativas húngaras del 12 de abril se suma al escándalo que han puesto en el centro de la polémica las relaciones del gobierno de Orban con el Kremlin. El pasado fin de semana, el Washington Post reveló que el ministro de Exteriores húngaro, Péter Szijjártó, informaba “regularmente” a su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, durante los recesos de las reuniones de ministros de la UE, trasladando “información directa sobre lo discutido” en Bruselas. Szijjártó admitió este mismo martes tener contactos con Lavrov antes y después de las reuniones del Consejo Europeo, aunque restó importancia a esas comunicaciones: “Coordino antes y después de las reuniones de los ministros de Exteriores sobre las decisiones tomadas o que se están por tomar con las personas que son importantes para los intereses húngaros. Rusia es para Hungría un importante socio, por ejemplo para el abastecimiento energético”, declaró en un mitin electoral recogido por el portal Telex.

La Comisión Europea calificó el lunes como “muy preocupantes” las informaciones sobre las filtraciones. “Esperamos que el Gobierno húngaro aporte aclaraciones”, afirmó una portavoz comunitaria, subrayando que “la relación de confianza entre los Estados miembros, así como entre éstos y las instituciones, es fundamental para el funcionamiento de la UE”. El primer ministro polaco, Donald Tusk, señaló en redes sociales que “desde hace mucho tiempo albergamos sospechas de eso” y que por esa razón “solo tomo la palabra cuando es estrictamente necesario y digo solo lo necesario”. Szijjártó, que desde el inicio de la Operación Militar Especial de Rusia en Ucrania se ha reunido una docena de veces con Lavrov, había desmentido inicialmente las informaciones del Washington Post como “noticias falsas”.

Las maniobras de Orbán responden a un doble movimiento: por un lado, utiliza el corte de suministros energéticos como herramienta de presión política contra Ucrania –sumándose al veto que mantiene sobre un préstamo de 90.000 millones de euros de la UE para Kiev–; por otro, actúa como socio privilegiado del Kremlin en pleno corazón de Europa, filtrando información confidencial de las reuniones comunitarias. Todo ello ocurre cuando las encuestas apuntan a una posible derrota del partido Fidesz de Orbán tras 16 años en el poder. El último sondeo del Centro de Investigaciones 21 otorga una ventaja de diez puntos al partido opositor Tisza, liderado por el conservador Péter Magyar, que obtendría el 51% de los votos frente al 41% del partido gobernante.

Mientras la UE debate cómo sostener el esfuerzo de guerra en Ucrania, el gobierno húngaro actúa como un socio díscolo dentro de la alianza occidental, priorizando sus intereses energéticos con Moscú por encima de la postura oficial europea.