El presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, en su calidad de comandante en jefe supremo de las Fuerzas Armadas, declaró este jueves un alto el fuego con motivo de la Pascua ortodoxa que entrará en vigor el 11 de abril. Según ha informado el servicio de prensa del Kremlin a la agencia TASS, la orden instruye a las tropas rusas a detener las operaciones de combate en todas las direcciones desde las 13:00 GMT del sábado hasta las 21:00 GMT del domingo 12 de abril. El comunicado oficial especifica que el Ministerio de Defensa, encabezado por Andréi Belousov, y el Estado Mayor, dirigido por Valery Gerasimov, deben mantener a las unidades en alerta para "repeler cualquier posible provocación" o "acción agresiva" por parte de las fuerzas ucranianas durante este intervalo.

Por su parte, el presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, confirmaba a través de su canal de Telegram que su administración está "dispuesta a actuar de forma recíproca" ante la iniciativa de Moscú. "Propusimos un alto el fuego durante las festividades de Pascua y actuaremos en consecuencia; la gente necesita una Pascua sin amenazas", declaraba Zelensky tras conocerse el anuncio del Kremlin. Este movimiento supone un breve paréntesis en la dinámica de la guerra.

Pese a la coincidencia en las fechas, el portavoz de la presidencia rusa, Dmitri Peskov, ha negado de forma tajante que esta tregua haya sido coordinada previamente con Ucrania o con Estados Unidos en calidad de mediador. "No", respondía Peskov al ser consultado por TASS sobre si existieron contactos diplomáticos previos o si este cese de hostilidades está vinculado a una posible reanudación de las negociaciones de paz para un asentamiento definitivo. El Gobierno ruso insiste en que se trata de una "decisión unilateral" basada en la "festividad religiosa", similar a la implementada en 2025, aunque en aquella ocasión la tregua tuvo una duración de tres días.

Enviado de Rusia a Washington

Paralelamente, el Gobierno ruso ha enviado a Washington a Kirill Dmitriev, enviado especial de la presidencia, para mantener negociaciones directas con la Administración de Donald Trump, según ha informado la agencia Reuters. Este movimiento diplomático, que se produce apenas tres meses después de la investidura del mandatario estadounidense, supone otra toma de contacto para tratar de dar una salida a la guerra en Ucrania y a reconfigurar el marco de cooperación económica entre Moscú y Washington. Dmitriev, quien ha desempeñado funciones importantes en la en fondos de inversión rusos, actúa como el hombre de confianza del Kremlin para tratar con el equipo de Trump ante la necesidad de ambas potencias de estabilizar sus áreas de influencia.

Las conversaciones en Washington se centran, según las fuentes citadas por Reuters, en sentar una hoja de ruta para una negociación que ponga fin a las hostilidades en territorio ucraniano y en el levantamiento progresivo de las sanciones que limitan la exportación de capitales y el intercambio comercial. La presencia de Dmitriev, un perfil estrechamente vinculado a las estructuras financieras del Estado ruso, subraya que la prioridad de la negociación no es únicamente militar, sino también recuperar los flujos de inversión y el acceso a los mercados internacionales. La Administración Trump, por su parte, busca cerrar un frente y aliviar la sangría de recursos que supone la guerra de Ucrania, porque con la guerra contra Irán parece ser que no va a poder cumplir su promesa electoral de no implicarse en más guerras y reducir sus envíos de armamento.

Por el momento. ni las instituciones oficiales rusas ni las estadounidenses se han pronunciado sobre los términos específicos de las conversaciones, el mercado especula con una redistribución de zonas de control que permitiría a las grandes empresas de ambos países retomar proyectos de extracción y exportación de materias primas y energía. La mediación de Dmitriev sugiere que el pacto se construirá sobre la base de intereses económicos compartidos, sacrificando, si es necesario, las aspiraciones territoriales de los actores secundarios involucrados en el conflicto.

La llegada del enviado ruso a suelo estadounidense supone la enésima confirmación de que la diplomacia directa ha sustituido a la retórica de confrontación total del periodo anterior. Como se pudo comprobar en las conversaciones de Alaska en verano, los contactos dejan en una posición de extrema vulnerabilidad al gobierno de Volodimir Zelensky, cuya viabilidad política y militar depende estrictamente de la financiación de Washington, ahora supeditada a los términos que pacten Putin y Trump, lo que podría suponer el cierre de una fase de guerra abierta para dar paso a un nuevo periodo de explotación y reparto de recursos bajo la vigilancia coordinada de las dos potencias.