La administración de Donald Trump ha anunciado la entrada en vigor de un “alto el fuego” de 10 días entre Israel y el Líbano, una medida presentada por el Departamento de Estado como un “paréntesis” para negociar un acuerdo de seguridad permanente, según recoge Al Jazeera. Sin embargo, la tregua nace bajo una extrema fragilidad; el ejército libanés ya ha denunciado múltiples violaciones por parte de las fuerzas israelíes con bombardeos en aldeas del sur del país a pocas horas de iniciarse el periodo. Mientras tanto, en el inicio del presunto cese de hostilidades, los ataques de Israel elevan ya la cifra total de asesinados en el Líbano a 2.196 personas, según el recuento oficial.

En el frente iraní, la retórica pseudodiplomática de la Casa Blanca se compagina con una política de presión militar directa. El Comando Central de EEUU (CENTCOM) confirmó el despliegue de 12 buques de guerra, 100 aviones y más de 10.000 efectivos para ejecutar un bloqueo naval contra los puertos de Irán. Según el mando militar estadounidense, al menos 14 embarcaciones habrían sido forzadas a dar marcha atrás en las últimas 72 horas para cumplir con la orden de Washington, cifras no confirmadas por Teherán. Pese a este despliegue marítimo, Trump aseguró desde Las Vegas que la guerra está yendo "a las mil maravillas" y que podría viajar a Islamabad (Pakistán) este fin de semana para firmar un acuerdo con el Gobierno iraní, tras afirmar que Teherán "ha aceptado renunciar al desarrollo de armas nucleares en un pacto que se extendería por más de 20 años", algo que tampoco ha sido confirmado por las autoridades persas.

Esta política de "paz bajo fuego" ha tenido un efecto inmediato en la economía internacional y la seguridad alimentaria de terceros países. Las compañías petroleras elevaron un 50% el precio del petróleo en marzo, y luego lo bajaron por debajo de los 100 dólares el barril ante la expectativa de las negociaciones, aunque el suministro mundial sigue amenazado por la inestabilidad en el Estrecho de Ormuz. Por su parte, el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, ha mantenido un tono hostil contra la soberanía iraní al advertir que las fuerzas estadounidenses están "listas y cargadas" para atacar infraestructuras críticas, plantas eléctricas e industria energética si no se cumplen las exigencias de Washington, calificando el actual bloqueo como un comportamiento "educado" en comparación con su capacidad destructiva.

La asfixia militar impuesta por EEUU también está drenando los recursos armamentísticos de sus propios aliados. Según fuentes de la agencia Reuters, Washington ha notificado a varios países europeos, especialmente en las regiones del Báltico y Escandinavia, que las entregas de armas previamente contratadas sufrirán retrasos porque necesitan reponer las reservas estadounidenses agotadas por la guerra contra Irán. Mientras el Congreso de EEUU rechazó una iniciativa demócrata para limitar la capacidad de Trump de hacer la guerra, Naciones Unidas ha advertido de que la prolongación de la crisis bélica en el Estrecho de Ormuz podría desencadenar una "catástrofe alimentaria mundial" al interrumpir las exportaciones de fertilizantes y energía, afectando desproporcionadamente a los países más vulnerados.