La integridad territorial del Estado español en el norte de África se podría convertir en la nueva moneda de cambio para Israel y Estados Unidos. Según revela un análisis del diario israelí Ynet, el Gobierno de Benjamin Netanyahu está sentando las bases diplomáticas para secundar las reclamaciones de Marruecos sobre Ceuta y Melilla. Esta estrategia busca impulsar la presión internacional contra el Ejecutivo español, agravado por su negativa a colaborar con el Pentágono en la campaña militar contra Irán y por los reiterados reproches de Washington ante el supuesto "incumplimiento" de los objetivos de gasto en la OTAN, aunque este mismo lunes el SIPRI ha publicado un estudio que certifica que Madrid lidera el aumento del gasto militar en Europa detrás de Bélgica, con una subida del 50% del gasto militar desde 2024.

El entorno de Donald Trump ha comenzado a filtrar una hoja de ruta que cuestiona directamente la soberanía española sobre los enclaves. Figuras importantes como el congresista Mario Díaz-Balart, cercano a la cúpula de seguridad nacional estadounidense, han afirmado que estas ciudades "no forman parte del territorio geográfico de España", sugiriendo que su estatus debe ser "negociado" con Rabat. La presión geopolítica se ve reforzada por una realidad jurídica que el informe del medio israelí destaca con especial énfasis: el Artículo 6 del Tratado de la OTAN excluye a los territorios en África de la cláusula de defensa colectiva, lo que dejaría a Ceuta y Melilla sin protección legal ante una eventual acción militar o presión anexionista por parte del Reino alauí.

La implicación de Tel Aviv en este conflicto no es solo retórica, sino que responde a un intercambio de favores estratégicos tras la consolidación de los Acuerdos de Abraham. En enero de 2026, Israel y Marruecos estrecharon sus lazos con la firma de un plan de trabajo militar conjunto que sitúa a Rabat como el socio preferente del eje sionista en el Mediterráneo occidental. Desde Tel Aviv emplean esta influencia para señalar lo que califican como "hipocresía" de Madrid, argumentando que el Estado español "no puede denunciar la ocupación en Palestina mientras mantiene lo que consideran asentamientos coloniales en suelo africano".

Marruecos, por su parte, mantiene su política de presión constante por vías diplomáticas y demográficas, ahora con el respaldo reforzado de Israel. Mientras el Gobierno español se enfrenta a amenazas de suspensión dentro de la Alianza Atlántica por su falta de sumisión operativa abierta y absoluta hacia la agenda de EEUU e Israel en Irán, Marruecos es recompensado con un apoyo creciente a sus ambiciones territoriales, como ha sucedido recientemente con el Sáhara Occidental. La filtración de esta disposición de Tel Aviv a la prensa confirmaría que la soberanía de las ciudades autónomas podría verse activamente socavada por los mismos aliados que controlan el poder militar, económico y político del bloque imperialista occidental.